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Sus Orígenes y su familia

 

 

2· Su Aprendizaje Militar

Su primera jornada tiene por teatro el Africa de los Moros, junto con el teniente de artilleros don Luis Daoiz, que los franceses han de fusilar en Madrid el 2 de Mayo de 1808. De Melilla pasa a Orán en 1791; en Orán, situada por el enemigo, soporta el fuego de treinta y siete horas, hasta que la ciudad queda reducida a escombros. José tiene apenas 13 años, un buen comienzo para semejante soldado.

Con solo 15 años es nombrado oficial.

Su segunda jornada se realiza en Rosellón, al mando del General Ricardos. Ahora combate contra los aguerridos ejércitos de Francia, en territorio francés. El ejército español ha atravesado los Pirineos para atacar al enemigo en su propio territorio. El cadete argentino lucha en las batallas de Masdeu y Truilles, y en varios combates defensivos; y en la toma triunfal de San Telmo, de Port Vendres, de Collioure, hasta llegar a las puertas de Perpiñan. El General Dagobert manda al ejército de Francia. La guerra de Rosellón concluye con la derrota española. Corre el año 1795.

San Martín que ha militado valientemente en las filas de Murcia, es ascendido a los 17 años a teniente, sobre los campos de la acción.

Su tercera jornada es en el mar. El Teniente San Martín, con su batallón se ha embarcado en la escuadra española del Mediterráneo para combatir contra Inglaterra. Ahora España es aliada de Francia. En la escuadra inglesa navega Nelson, que aún está como San Martín, en vísperas de la gloria. Se sucede entonces la derrota española de San Vicente, el 14 de Febrero de 1797, donde el futuro vencedor de Trafalgar y el futuro vencedor de Chacabuco luchan en campos adversos.

El 15 de Febrero de 1798, la fragata Santa Dorotea, en la que va San Martín, es atacada por el Lyon, poderoso navío inglés de 64 cañones. El asalto es desigual y terrible. La Santa Dorotea se rinde y José Francisco es tomado prisionero; ahora conoce también las emociones de la derrota.

La cuarta jornada ocurre en tierras de Portugal y tiene dos episodios: en el primero, en 1801, al frente de una compañía del Murcia, San Martín pasa a la frontera de los Algarves y asiste al sitio de Olivenza, que se rinde si  combatir. El segundo episodio acaece en 1807, después del Tratado de Fontainebleau , figurando en el Regimiento de Voluntarios de Campo Mayor, a las órdenes del Gral. Solano, quien comanda un ejército de 6000 hombres, con el cual rinde la plaza de Yelves sin derramamiento de sangre. Entre ambos episodios San Martín toma parte en el bloqueo de Gibraltar.

España anda a la sazón enredada en la política de Francia, que ha hecho su aliada, y en rivalidades con Portugal que sirve a Inglaterra.

San Martín ve entonces la desmoralización de un régimen que se derrumba, y las intrigas dinásticas de los reyes que profanan sus tronos.

La quinta jornada empieza con la invasión napoleónica. Ahora ve a los reyes cautivos del corso aventurero, mientras los pueblos sublevados invocan, no al Rey, sino al pueblo y a la patria. En Madrid ya ha sido fusilado junto con otros insurrectos, Daoiz, el camarada de San Martín en Orán, durante aquellos episodios de sangre que Goya represento tan bien.

El ejército de Andalucía, que manda el Gral. solano, comienza a moverse. El aire es de epopeya en toda la península: de un lado Napoleón con sus águilas, del otro el pueblo español con sus leones. San Martín está de parte del pueblo contra el invasor imperial. Se oyen gritos de venganza y de independencia. Los municipios y las multitudes civiles asumen la representación de España acéfala. Sopla ya un espíritu nuevo que no tardará en pasar al nuevo mundo.

La Junta de Sevilla insta a Solano para que se ponga al frente de la insurrección libertadora en Cádiz, mientras el pueblo amotinado pide al general que ataque a la escuadra francesa, fondeada frente al puerto. El general Solana vacila, la muchedumbre gaditana asalta el palacio. El ahora Capitán José de San Martín, oficial de guardia ese día, reconcentra la tropa en el edificio  y atranca la puerta. El pueblo derriba la puerta a cañonazos e invade la residencia. El General Solano huye por la azotea pero lo amotinados lo alcanzan y lo despedazan. San Martín queda para siempre aleccionado por aquel suceso. Llevará siempre consigo en su cartera un retrato del general Solano, para no olvidarse que ha visto a su digno jefe brutalmente inmolado sin que haya él podido evitarlo, y además ha visto la cara de la gorgona, la multitud y el monstruo en uno de sus raptos de furor.

Su sexta jornada. La guerra de la independencia española continúa, entretanto, sin volverse a mirar a sus víctimas. José de San Martín sigue en las filas del Regimiento de Voluntarios de Campo Mayor. La junta de Sevilla lo asciende a ayudante de su regimiento, que se incorpora al regimiento de Andalucía, mandado ahora por el General Castaño. Dupont, al frente del ejército francés, viene franqueando la Sierra Morena hacia el Guadalquivir. La avanzada española sale al encuentro y en Arjonilla toman contacto con el enemigo. San Martín, al divisarlo, acomete con veintiún jinetes, sostenido por un pelotón de infantería. Los franceses, al ver aquel grupo audaz que los ataca, esperan en formación. San Martín despliega a sus caballeros en batalla, y avanza con ellos con su sable en mano.

Al igual que Cabral, pero 5 años antes, un soldado español, Juan de Dios, hizo lo propio con San Martín en Arjonilla. Esta acción, que terminó en victoria, fue dirigida por el propio oficial sudamericano y le valió nuevos reconocimientos y ascensos en el escalafón.

Unas semanas después, la guerra continuaba aún, cuando el 18 de Julio de 1808 el ejército de Napoleón es derrotado en Bailén. Una medalla de oro con una leyenda escrita en su banda, y con una corona de laurel sobre dos espadas en cruz le fue dada a San Martín por su conducta valerosa en aquel nuevo contraste de las armas napoleónicas que antes habían triunfado en toda Europa.

San Martín continuó sirviendo al ejército español. Halló derrota en Tudela, y en 1811 las armas del después general vuelven a triunfar en Albuera sobre los invasores; y en ese combate es herido por un sable francés. El ejército español entró victorioso en Madrid. El americano empezaba a ser actor en estos espectáculos de las victorias armadas. Estaba viviendo entonces su séptima jornada de su aprendizaje peninsular.