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Pasos
que apenas dejaban pasar
Y
notemos aquí, antes de proseguir adelante, que la voz
"pasos" es muy inexacta. No hay pasos en la
Cordillera, si por pasos se entienden callejones o
desfiladeros más o menos planos entre montes.
Existen
sí desfiladeros, pero no es dado transitar por ellos,
esto es, no en el fondo sobre suelo firme y seguro, sino
en las alturas y por caminos abiertos a pico, entre los
cien y los quinientos metros de altura sobre el fondo de
las cortaduras o lecho de los ríos.
Tanto
si se va por Uspallata, como por los Patos, que son los
caminos más viables, y fueron los elegidos por San Martín,
sólo hay como un décimo del trayecto, donde se va en
las bajuras y no en las alturas.
Llevar
un ejército de 5.423 hombres, con 9.280 mulas, 1.500
caballos y 16 piezas de artillería, además de
sobrestantes, anclotes, vituallas, forraje y municiones,
por tales sendas y con todas las dificultades causadas
por la estrechez e inseguridad de las mismas, a las que
hay que añadir la falta de agua, en unas ocasiones, el
exceso de agua en otras, los intensísimos fríos de
noche, y aún en pleno día, el mal de montaña o
soroche, la falta de pastos para el ganado y de leña
para hacer fuego y para disponer el rancho, etc., etc.,
y todo esto, no por espacio de uno o dos días, sino por
espacio de unos veinte días, es algo
superior a toda ponderación. Es una hazaña que
raya en la esfera de lo impracticable, de lo imposible.
Es
el ya citado Lozano que había cruzado la cordillera a
mediados del siglo XVIII, quien pudo decir con toda
verdad que "La inmensa altura de estos disformes
montes parece competir con el cielo. Ni Pirineos, ni
Alpes, ni otros de los más elevados montes, que
sabemos, pueden correr pareja con ellos y quedaría
vanaglorioso el Olimpo tan celebrado, de merecer le
admitiesen por competidor.
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