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Notas Periodísticas

Lydia Valicenti y Rosana Cortavarría a su regreso contaron la experiencia

El Cruce de Los Andes, el viaje irrepetible que recién comienza

Las ex docentes locales contaron la experiencia y exhibieron fotografías obtenidas durante ese trayecto.

Lydia, Rosana y Néstor Esparza resumieron una parte del cruce.

Para las ex docentes Lydia Valicenti y Rosana Cortavarría el Cruce de los Andes recién comienza, como ellas mismas se encargaron de expresar el viernes, previo a la primera de las charlas que en este caso, ofrecieron a su regreso en el Complejo Municipal de las Artes donde contaron detalles de esta maravillosa experiencia, inolvidable y en lo personal marcada de manera profunda.

Junto con Néstor Julio Esparza, un compañero sanmartiniano de Coronel Pringles con quien compartieron el cruce, contaron aspectos, sensaciones y emociones vividas a lo largo de este viaje de contenido histórico, desafiante, espiritual y paisajistico.

La charla fue apoyada con abundante material fotográfico, aunque aclararon que contar lo vivido "es inenarrable, porque lo que uno vive y siente queda en el corazón de cada uno. Lo único que les puedo decir es anímense, háganlo había una adolescente de 12 años y un adulto de 70 años. Todos pudimos lograrlo, formamos un grupo compacto, unido que te deja eso de bregar por todos los principios que rigieron la vida del General San Martín y por entonces funcionaríamos mucho mejor como país", expresó Lydia.

Sobre lo vivido Rosana Cortavarría fue precisa: "no se puede contar con palabras la inmensidad de la montaña y en mi caso colmó todas las expectativas". En lo personal su emoción más fuerte fue cuando la designaron para transportar la bandera papal. "Me acuerdo que vine y le dije a Lydia: "para mí ya está" fue tanta la inmensidad de vivir todo eso, porque mi frase era el papa Francisco nos protege".

Lydia acotó como anécdota que el mandil de la montura de la mula de Rosana tenía escrito atrás Papa Francisco.

El cuarto día de la travesía durante el encuentro de los expedicionarios por la noche en la vieja y abandonada Estación Polvaredas, fue una de las noches más fuertes y especial por la emoción y el contenido propio.

Las palabras del teniente coronel ( R) Víctor Hugo Rodríguez "movieron las montañas" cuando saludó a cada uno de ellos y cuando lo hizo sobre la gesta de Malvinas entrelazada con la gesta libertadora, graficó Lydia.

En esa noche, la noche más fría del viaje, recuerdan, surgió también la voz de Elena, una mujer de 63 años, dueña de una voz increíble cantó el Ave María "y erizó la piel de todos en los precarios galpones de la estación de trenes", cuentan.

El apoyo espiritual jugó un papel preponderante en el viaje coincidieron en marcar, cuando mencionaron al capellán Eduardo Lloverás que los acompañó en mula durante la expedición y que además tocaba la guitarra y cantaba como los mejores "y eso animaba después de la cena".

En lo personal Esparza no pudo realizar el paso por el cruce Los Patos por algunos estudios médicos que no estaban bien y lo hizo por Uspallata junto a Rosana y Lydia. En este sentido rescató el control y prevención de seis médicos y enfermeras que acompañaron a los expedicionarios con controles constantes.

Se esperanzó también que después de la charla quede gente interesada en intentar este desafío. "No se van a arrepentir, es dificultoso, pero no imposible", agregó.

Confiaron que físicamente terminaron muy bien, aunque luego que descendió la adrenalina, fue ahí cuando sintieron realmente el trajín y cansancio.

Lydia archiva como lo más fuerte el momento del cruce de Los Paramillos, una zona de montaña y cornisa donde por el sendero solo hay lugar para el paso de la mula y en fila india. "Ahí uno mantiene un diálogo con uno mismo y después me pasó cuando íbamos llegando al Cristo Redentor cuando un señor mayor que no pertenecía a la expedición y de una tonada particular, al costado del camino se acercó al caballo y me dijo "gracias por este gesto de amistad con los pueblos hermanos. Yo sólo atiné a decirle gracias y las lágrimas se me cayeron solas".

Un hecho llamativo pero que trasluce esa razón de instinto lugareño, hace que hoy después a varios días de realizar la expedición, observan que no tienen en sus carpetas, fotos con la bandera de Los Andes. Pues todas las fotos captadas han sido con la bandera que llevaron de Laprida. "Sentí en esa bandera que estaba todo el pueblo con nosotros", expresó Lydia como resultado de ese latir propio de identidad.


Cruce de Los Andes: una columna irá a pie por Uspallata

La Asociación Sanmartiniana de Rosario adelantó que en esta edición número 17 del evento, 250 personas cruzarán caminando el macizo montañoso en homenaje a los Infantes del Ejército Libertador. Será entre el 17 y el 27 de enero

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El tradicional Cruce de Los Andes que se realiza en todos los veranos, esta vez será especial. A las dos columnas montadas que habitualmente atraviesan la cadena montañosa, en esta edición se le sumará otra a pie, que cruzará por el Paso de Uspallata en honor a la división de Infantes del histórico Ejercito Libertador dirigido por el general José de San Martín.

Así lo adelantó Carina Taborda, secretaria de la Asociación Cultural Sanmartiniana “Cuna de la Bandera”, a Rosario3.com. “Realizaremos el decimoséptimo Cruce de Los Andes con dos columnas montadas, una por el Paso de Uspallata y otra por el Paso de Los Patos, y este año agregamos una tercera columna, que realiza el Paso de Uspallata a pie”.

Taborda confirmó que esta expedición especial estará integrada “por 250 personas movilizadas, entre expedicionarios y logística”.

Las columnas comenzarán su marcha los días 17 y 18 de enero, culminando las dos de Uspallata en el Cristo Redentor y la de Los Patos en el hito que marca el límite con Chile.

La partida desde Rosario rumbo a Mendoza será los días el 16 y el 17 de enero, mientras que el retorno está programado para el 27 de este mismo mes.


Crónicas de la historia

Una calurosa mañana de 1826

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El 19 de febrero de 1826 los vecinos de la ciudad de Buenos Aires contemplaron con algo de asombro y un cierto toque de indiferencia a una caravana de carretas precedida por hombres de a caballo, que ingresaba a la ciudad de Buenos Aires. No era una tropa de reseros, no eran gauchos venidos desde alguna estancia, no eran comerciantes o proveedores de la pulpería. Había en ellos, a pesar de las ropas gastadas y polvorientas, a pesar de las barbas crecidas y el visible deterioro físico de algunos, una gallardía, una dignidad íntima, una cierta altivez en la mirada que provocaba inquietud y desconcierto.

Pronto un rumor empezó a circular entre los vendedores ambulantes, los troperos de la plaza, algunos parroquianos de los bares de la zona, las chinas que marchaban con los atados de ropa para lavar en la costa. Esos hombres de mirada hosca, mal entrazados, eran, nada más y nada menos, los granaderos de San Martín que regresaban a su ciudad luego de catorce años de ausencia.

En efecto, mil hombres del flamante cuerpo de granaderos marcharon en su momento a Mendoza para incorporarse al Ejército de los Andes. Desde ese momento el regimiento estuvo en todas y no faltó a ninguna. Peleó en Chile, Perú, Ecuador, Colombia y Bolivia. Ganaron y perdieron batallas, pelearon bajo los rayos del sol y en medio de tormentas y borrascas; no dieron ni pidieron cuartel. Mataron y murieron sin otra causa que la de la patria. De sus filas salieron generales, oficiales y soldados valientes. Bolívar, Sucre y Santander ponderaron su disciplina, su coraje, ese orgullo íntimo que exhibían por ser granaderos. San Martín, tan ajeno a los elogios fáciles, dijo de ellos: “De lo que mis granaderos son capaces de hacer, sólo yo lo sé; habrá quien los iguale, quien los supere, no”. Don José sabía de lo que hablaba.

Pero regresemos al lunes 19 de febrero de 1826. Hacía calor en Buenos Aires, y cerca del mediodía no era mucha la gente que se paseaba por la zona de la Recova y la Plaza Mayor. A los rigores de la temperatura, se sumaban los avatares de la política. Bernardino de Rivadavia acababa de asumir la presidencia, un mandato otorgado por un Congreso que ya empezaba a ser impugnado por buenas y malas razones. Desde hacía unos meses, Brasil nos había declarado la guerra y, para escándalo de los ganaderos federales, el Congreso había iniciado el debate para capitalizar la ciudad de Buenos Aires.

No, no eran buenos aires los que soplaban en el Río de la Plata en esa calurosa mañana. Los vientos de la guerra soplaban amenazantes. La guerra contra Brasil, pero también las guerras civiles. Ni el gobierno ni los opositores tenían ganas de recibir visitas inoportunas, visitas que recordaran tiempos viejos y al nombre de San Martín; un nombre incómodo para una ciudad que no le perdonaba no haber movilizado a las tropas en Chile para defender a Buenos Aires del ataque de las montoneras federales de López y Ramírez.

La caravana llegó hasta la Plaza Mayor, los hombres ataron los fletes en los palenques y se protegieron de los rayos del sol bajo la sombra de la Recova. Nadie salió a recibirlos; no hubo ni ceremonias oficiales ni privadas. Nadie los esperaba y nadie parecía tener muchas ganas de hablar con ellos. Ellos tampoco se quejaron o levantaron la voz. Estaban acostumbrados a las ingratitudes.

Repuestos del viaje, el “trompa” Miguel Chepoya hace sonar su trompeta -la misma que vibró en San Lorenzo- frente a la Pirámide de Mayo. Algunos vecinos miran con desconcierto y algo de temor a estos “rotosos” que se comportan de un modo algo extravagante. ¿A quién se le ocurre hacer sonar una corneta ridícula un lunes a la siesta? Es verdad, ¿a quién se le puede ocurrir semejante cosa en el Buenos Aires de 1826? Después, en rigurosa formación, marchan hacia el Parque de Retiro donde dejan sus arreos. Sólo algunos curiosos los acompañan. Ni formación especial ni comitivas oficiales. Una semana después, la Gaceta Mercantil les dedica algunos renglones. Nada más. Tampoco ellos piden más. El único orgullo que se permiten estos hombres es ser soldados de San Martín y pertenecer al regimiento que para el Libertador era, como se decía entonces, la niña de sus ojos.

La mayoría de ellos no conoce los entremeses de la política criolla. Seguramente no sabe quién es Rivadavia o Rosas; les basta con saber que conocieron a San Martín y que fueron sus soldados. Motivos tenían para estar orgullosos. Su destino militar en los últimos años estuvo unido a las guerras de la independencia. No faltaron a ninguna cita. Combatieron en Vilcapugio, Ayohuma, Sipe Sipe; desfilaron orgullosos por las calles de Montevideo; estuvieron en San Lorenzo, Chacabuco, Maipú y Cancha Rayada. Después se lucieron en Río Bamba. Pichincha, Junín y Ayacucho. El balance es elocuente: ciento diez batallas en las costillas.

Luego iniciaron el regreso a Buenos Aires. El 10 de julio de 1825 llegaron a Valparaíso bajo las órdenes del coronel Félix Bogado. Nada les resultó fácil. Ni en Valparaíso ni en Santiago los esperaban. Les habían prometido pagarles los sueldos atrasados y no lo hicieron; les habían prometido trasladarlos con las comodidades del caso, y tampoco lo hicieron. El coronel Bogado discutió con políticos chilenos y diplomáticos argentinos. El reclamo era más que modesto: caballos y carretas para regresar a Buenos Aires. Recién en Mendoza, un señor llamado Toribio Barrionuevo, sacó de sus bolsillos unos pesos para financiar el regreso.

El 13 de enero de 1826 salieron de Mendoza en una caravana de veintitrés carretas. Antes de partir, Bogado ordenó un recuento de armas y pertenencias: 86 sables, 55 lanzas, 84 morriones y 102 monturas. Setenta y ocho hombres son los que llegaron a Buenos Aires. De ellos, siete estuvieron desde el principio. Importa recordar los nombres de estos muchachos: Félix Bogado, Paulino Rojas, Francisco Olmos, Segundo Patricio Gómez, Dámaso Rosales, Francisco Vargas y Miguel Chepoya. Dos meses después, Rivadavia se acuerda de ellos y los designa escolta presidencial. Pero las desconfianzas y recelos persisten. Finalmente se corta por lo sano y los disuelven.

Veamos el destino de estos sobrevivientes: Félix Bogado, paraguayo y lanchero, se inició como soldado raso en San Lorenzo y concluyó su carrera militar con el grado de coronel. Cada ascenso lo logró en el campo de batalla. San Martín lo hizo teniente coronel y Bolívar, coronel. Murió en mayo de 1829 en San Nicolás. Estaba pobre y tuberculoso. Hoy un pueblo y numerosas calles lo recuerdan, pero en su momento nadie se acordó de él.

El “trompa” Miguel Chepoya, iniciado en San Lorenzo, se dio el lujo de hacer sonar su trompeta en Ituzaingó. Es la última vez que lo hizo. Murió en su ley. Peleando contra un enemigo extranjero.

José Paulino Rojas era cordobés. También estuvo en todas y en todas fue respetado por su coraje. Ninguna de esas virtudes alcanzaron para salvarle la vida. Rojas, enredado en las guerras civiles, murió fusilado en 1835.

De los otros, es decir de Vargas, Rosales, Olmos y Gómez no dispongo de datos. Es probable que mucho no haya. Por lo general, las grandes biografías no se escriben con las peripecias de estos hombres, cuyo exclusivo patrimonio son las cicatrices ganadas en los campos de batalla. Después, mucho después, llegarán los reconocimientos y los honores. Bartolomé Mitre dirá del Regimiento de Granaderos: “Concurrió a todas las grandes batallas de la independencia. Dio a América diecinueve generales y más de doscientos jefes y oficiales en el transcurso de la Revolución. Y después de entregar su sangre y sembrar sus huesos desde el Plata hasta Pichincha, se paró sobre su esqueleto y los soldados regresaron a sus hogares trayendo su viejo estandarte bajo el mando de uno de sus últimos soldados ascendidos en el espacio de trece años de campaña”. Buenas y bellas palabras, para hombres que aquel lunes de febrero de 1826 ni siquiera recibieron el saludo de los perros que entonces vagaban libres y salvajes por las calles de Buenos Aires.


"La Asociacion Cultural Sanmartiniana Cuna de la Bandera de Rosario" tiene el honor y la alegria de informar a ustedes que ha sido elegido el programa "Cruce de los Andes a lomo de mula" emitido por Canal 9 para participar en la terna por los premios de CAPIT - Cámara Argentina de Productoras Independientes de Televisión quien otorga el premio denominado "Tato a la excelencia educativa".
Entre las productoras se encuentran Torneos y Competencias, La Cornisa, 4 cabezas, Pol-Ka SA, Underground SA, Ideas del Sur, Endemol.
Por algunos programas y personajes seleccionados estan Show Match, Gran Hermano, Graduados, Tinelli, Mariano Iudica, Marley, Viviana Canossa, entre otros.
El "15 Cruce de los Andes a lomo de mula" ha sido elegido y seleccionado como Programa Cultural. Nuestra júbilo radiante, precisamente en este medio, nos incentiva porque nos han distinguido en el area educación y en el saber ,dentro de las tradiciones y las costumbres y especificamente en la identidad nacional, he alli nuestro mensaje desde hace 17 años.
Deberemos competir con MP3 de Televisión Pública (EL Bahiano), Ecos - Televisión Pública (Soledad Pastoruti), Cientificos – Televisión Pública – Paenza y además nuestro programa.
Quienes votaron y nos eligieron fueron un jurado de 1500 profesionales de la Television Argentina. El evento de selección se desarrollará el Sábado 17 de noviembre en el Hotel Sheraton de Buenos Aires y será transmitido por la televisión abierta a todo el país. Hoy queremos felicitar a la productora "Ptc Producciones" y a sus socios Daniel Circosta y Anzorregui por haber captado el alma y el corazón de nuestro Proyecto Pedagógico Histórico Cultural para plasmarlo en tan noble proyección. Pero fundamentalmente felicitaciones a los hombres y mujeres de la Comisión Directiva,organizadores y colaboradores que a lo largo del sendero duro y penoso nos han acompañado desde hace tantos años.
Felicitaciones y agradecimientos a todos; ¡¡¡¡¡¡esa noche..habrá baile en el rancho de nosotros!!!!
¡¡¡Viva la Patria!!!

Tcnl (RE) Victor Hugo Rodriguez
Fundador – Presidente
Veterano de Guerra de Malvinas
Asociación Cultural Sanmartiniana "Cuna de la Bandera"




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Marcha Sanmartiniana – Octubre 2012-11-05 ::

SABADO
 |  27 de Octubre de 2012


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Diario La Capital ::

DOMINGO
 |  30 de Enero de 2011


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:: Diario La Capital ::

LUNES
 |  31 de Enero de 2011

Epopeya de 170 almas en los Andes tras los pasos de San Martín

Entre el 15 y el 25 de enero 170 hombres y mujeres realizaron el decimocuarto Cruce de los Andes a lomo de mula y caballos. Lo hicieron por dos pasos; los Patos y Uspallata. Estuvieron bajo climas que van de los 35 grados en el día (mientras se cruza el desierto de piedra y tierra), hasta los 5 grados bajo cero (cuando se llega a 4.500 metros de altura). Sólo montando esas inmensidades se comprende la libertad americana y la lucha por lograrla. Es casi imposible que en esas piedras se haya desplazado un ejército de 5.000 hombres, 12.000 animales, 22 cañones y pertrechos. Imposible, pero sucedió.

Los pasos son distintos. Uspallata es un paso insignia, Los Patos un desafío. En Uspallata al cruzar se pone en juego la voluntad. Hubo expedicionarios discapacitados, enfermos y hasta hombres que estaban en el límite de los 80 años. Igualmente no es sencillo, pero en la travesía se cruza la ruta internacional. El trayecto es: Uspallata, Picheuta, Polvaredas, Paramillo, Puente del Inca y finalmente el Cristo Redentor. Lo difícil es mantenerse montado.
En Picheuta se realizó un simulacro de batalla. Colores ocres, grises y verdes son testigos de una carga de caballería que comanda el jefe de paso, David Cabrera Rojo, y a quien acompañó en varios tramos el jefe de la expedición, Víctor Hugo Rodríguez, ambos directivos de la Asociación Cultural Sanmartiniana Cuna de la Bandera, que organiza el evento. Uspallata es de bajo riesgo, pero complicado para quienes no acostumbran a cabalgar; con alturas como el Paramillo y desfiladeros cercanos a precipicios de 500 metros.
Caídas de arriba de las mulas, golpes imprevistos y calor es lo que acompaña cada una de estas jornadas, que por la noche se calientan aún más en los fogones. La banda del Regimiento de Infantería amenizó esta marcha. A medida que avanzaba hacia el Redentor se encontraron nieve y emociones. Cada uno supo lo que la montaña guarda y les da. En las alturas se depende de la gracia y de la suerte. Sobre todo de la suerte.
Los Patos es un paso más difícil; durante ocho días sólo hay comunicación satelital, no siempre confiable. Este trayecto fue desde Alvarez Condarco, un puesto de Gendarmería, atravesando el Peñón. Los Lepes; Vega de Gallardo, Sardina y el valle de los Patos y terminó en el hito fronterizo, para volver por la temible quebrada Honda, luego Manantiales y regresar a Alvarez Condarco. Ocho días en los que la tierra, el calor y hasta nevadas intensas pondrán a fuego la tozudez de 40 expedicionarios, 70 mulas y 11 baquianos.
   Los responsables de este cruce fueron Marcos Giani e Iván Nasatski y la logística la hizo la empresa Huarpe Expediciones, de Fabián Campusano. Un baquiano acostumbrado a llevar a europeos y argentinos por esos infinitos. La comida no es la habitual; guisos carreros, torta asada, fideos y chivito. Por las noches, cuecas, zambas y algún tema de rock son parte de las fríos fogones.

Esto da paso a confesiones en el silencio de las alturas.

Por dentro

Esta comunidad de 40 almas busca fundirse en el silencio y la emoción, cansados de cabalgar. Accidentes hubo varios, un camarógrafo se quebró el húmero y se dieron caídas de todo tipo. Al cruzar el espinazo del diablo, más conocido como espinacito, a 3.800 metros sobre el nivel del mar, se desciende con el caballo a tiro y se baja a pie sobre la piedra. Era media tarde y un cóndor clavado en el cielo descendió como ala delta sobre los 51 jinetes, sólo se escuchaba la respiración agitada y el relinchar de la caballada.
Las cabalgatas se hicieron duras, un promedio de 8 horas diarias en las que el calor castiga el alma. En dos oportunidades las mulas se perdieron y esto retrasó la marcha, llegando a cabalgatas forzadas en la noche, una de ellas con una luna imposible sobre el cerro nevado. Se durmió al sereno, con viento frío. El azul intenso fue la manta precisa. Si Dios hizo el mundo, es claro que se iluminó con el cielo de los Andes. El cuerpo duele, las piernas son débiles y los músculos pesan en esta parte de la tierra. Un día, luego de 10 horas de marcha, los jinetes fueron parte de las piedras.
Al promediar la expedición se entregaron cartas de los familiares y la distancia se convirtió en pupilas llorosas, la emoción es diaria igual que la fatiga y la risa asombrada en esta montaña eterna. Precipicios y hondonadas son el día a día.
Al cuarto día la expedición hizo pie en Sardina, armando carpas en el valle de Los Patos, los fríos ríos fueron el baño reparador y de allí se fue al hito con Chile. El valle de los patos es una gran llanura verde cruzada por ríos y un tenue viento que se mete en el cuerpo. Es el lugar de San Martín, el camino libertador.
Con la fuga de las mulas hubo que hacer noche en los bajos del Colorado y la impaciencia ganó la partida. Horas después se encaminó la columna, dolorosa y cansada al gran desafío, la quebrada de la Honda, un paso de 3.800 metros en picada profunda. Allí lo que comenzó como una lluvia fue una fuerte tormenta de nieve.
La Honda es una bajada de 1.000 metros que se hace a pie, no hay otra forma de lograrlo, los mulares se ponen muy nerviosos. Los ojos duelen en la noche frente a los precipicios. A un costado y muy abajo, hay dos mulas muertas. Se lleva el caballo de tiro y con la nieve la piedra tosca es resbaladiza, igual que el barro de la Honda. Los animales caminan en falso y atropellan de atrás. El silencio sólo escucha el viento y el caer de la nieve sobre los expedicionarios. Los pies fríos se afirman en la roca, el caballo relincha, las manos se lastiman y se tensan los cordeles, no hay espacio para la palabra. El único mandato es el del cerro Aconcagua, que todo lo ve desde los abismos.
Las cuestas no tienen fin, igual que las bajadas, finalmente se llega al llano. De allí el regreso fue mas generoso. Pasaron ocho días de cambios de planes, de tierra en la boca y de bañarse en aguas congeladas. Diez días para entender la primera libertad de América y la obstinación de ese hombre cuestionado; José de San Martín. Es que la montaña elige a quienes la desafían.
Las 40 almas llegaron salvas a Alvarez Condarco, sólo un herido. Las nubes como dragones, como caballos alados y el viento gritando en los oídos fueron la compañía, además de las charlas y las risas. Los hombres ya no son de piedra y sus ojos no olvidarán este cruce de vidas, a 4.500 metros de todo lo que hasta ese momento había sido su existencia.

Hace 194 años

El Ejército de los Andes de las Provincias Unidas del Río de la Plata atravesó la cordillera entre el 19 de enero y el 8 de febrero de 1817, hace ya 194 años. El cruce, uno de los grandes hitos de la historia argentina, formó parte del plan que el general José de San Martín desarrolló para llevar a cabo la expedición libertadora de Chile y Perú.


:: Diario La Capital ::


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:: Diario La Capital ::

SABADO
 |  09 de enero de 2010

Arranca el cruce de los Andes a lomo de mula

Ya está todo preparado para que 100 expedicionarios crucen los Andes a lomo de mula, como lo hizo el general San Martín en 1817. La mayoría de los viajeros son de Rosario y sus alrededores. Partirán el 29 de enero. En el marco de los festejos por el Bicentenario, transitarán dos caminos paralelos: el que emprendió el general del ejército y el que recorrió Gregorio de Las Heras. Ambas columnas se unirán en el Cristo Redentor.
“Este año nos lanzamos a hacer dos trayectos fundamentales en el cruce de los Andes que atravesaron más de 5.000 hombres desde Mendoza hasta Chile”, destacó uno de los organizadores, Marcelo Sobrero. La expedición está organizada por la Asociación Cultural Sanmartiniana Cuna de la Bandera, que se propone conocer más profundamente la historia argentina desde los mismos caminos que recorrieron los patriotas.
“Se inscribieron 2 mil personas, pero tuvimos que hacer una selección”, comentó Sobrero. Quedaron 100 “elegidos” que partirán desde Mendoza hacia el Cristo Redentor. Una de las filas encarará el camino de Los Patos y la otra irá por Uspallata. El primero fue el que atravesó San Martín y el segundo lo hizo Las Heras. El trayecto durará en total 11 días. Comenzará el 29 de enero y culminará el 8 de febrero.

Evocar la historia. El objetivo fundamental del viaje es rendir homenaje a quienes lucharon por la libertad de América. “Queremos rescatar uno de los hechos más relevantes de nuestra historia, protagonizado por el Ejército Libertador y enseñar quién fue el Padre de la Patria”, explicó Sobrero.
Por esta razón, una de las condiciones para participar de es estar dispuestos a recibir clases en la cordillera. “Durante el viaje se hacen paradas en los lugares emblemáticos para conocer qué sucedió hace casi 200 años”, continuó.
“Hay que pensar en que los caminos están igual que en aquella época —apuntó—, por eso se valora tanto el esfuerzo que hicieron esos hombres”, recalcó el coordinador. El viaje brinda una oportunidad para compartir experiencias con los demás participantes, aparte de experimentar el contacto con las mulas en medio de los Andes.









 

:: Museo Histórico y Militar de Chile ::
LUNES  |  28 de enero de 2008

 http://www.mhm.cl/html/agenda_02a.php?id=419&cate=2

Integrantes de la Asociación Cultural Sanmartiniana “Cuna de la Bandera” visitaron el MHM

Por Carolina Martínez
Fotografía Paulina Retamal


La Asociación Cultural Sanmartiniana “Cuna de la Bandera” de Argentina, junto a su presidente Teniente Coronel (R) Víctor Hugo Rodríguez, visitaron el Museo Histórico y Militar con el fin de profundizar en la historia de Chile y su Ejército dándole especial énfasis a la sala de exhibición que se refiere al Cruce de los Andes.

La delegación compuesta por 150 personas, realiza desde hace 10 años la travesía que en el pasado realizara O´Higgins y San Martín denominado el Cruce de los Andes. Es así como en un viaje en mula han recorrido más de 200 kilómetros en un primer tramo de Mendoza al Cristo redentor y posteriormente desde Los Patos a Chacabuco. Quince días de viaje que para ellos han sido toda una aventura.

Es primera vez que este histórico recorrido lo realizan hasta Chile, y según el presidente de la Asociación quedaron sorprendidos con el recibimiento del pueblo chileno en San Felipe, Los Andes y Putaendo, entre otros lugares. Durante el camino realizaron diversas exposiciones referentes al histórico hecho y lo que habían vivido con anterioridad O´Higgins y San Martín.

Durante su estadía en el edificio Alcázar, los integrantes de la Asociación recorrieron las 20 salas de exhibición que contempla la muestra museal y pudieron conocer de cerca la historia de Chile y su Ejército.

Sobre la Asociación Cultural Sanmartiniana “Cuna de la Bandera”

Fue creada por el Presidente del Instituto Nacional Sanmartiniano, General Diego Alejandro Soria, el 4 de septiembre de 1996. La comisión directiva de la joven institución, decide entonces producir un hecho cultural que ponga a prueba su espíritu para emprender grandes empresas, resolviendo la realización de una acción que denominan “Expedición Sanmartiniana”.

El proyecto consistía en el traslado de rosarinos a la provincia de Mendoza para que conozcan las tierras, donde el Gral. San Martín forjó el Ejército Libertador. Los expedicionarios visitarían ámbitos y paisajes que atesoran páginas doradas de la historia patria argentina.

De esta manera, la Institución aspiraba a que ellos se impregnaran del espíritu Sanmartiniano, transformándose en difusores de los valores en diferentes institutos de educación, vecinales, clubes, parroquias, asociaciones, entre otros.

El potencial de un hecho Sanmartiniano de semejantes características, impulsó el avance de expediciones más complejas a partir del primer Cruce de los Andes a lomo de mula, hoy después de 10 años están orgullosos de poder decir que más de 500 jóvenes argentinos han cruzado los Andes y se han convertido en embajadores y comunicadores de los valores sanmartinianos.

Tomando como testimonio espiritual el manifiesto de la “Orden General del 27 de julio de 1814”, afrontan los impedimentos logísticos de una empresa de tal trascendencia y bajo el amparo de la Virgen del Carmen, Generala del Ejército argentino, bajo cuya protección ponen sus expediciones por las rutas transitadas por el “Libertador de América”, siguen avanzando abocados a la organización de los Cruces que realizan cada año.
















 

 

 



:: Diario La Capital ::

LUNES
 |  25 de enero de 2007

http://www.lacapital.com.ar/2007/01/15/ciudad/noticia_358085.shtml


Un homenaje a 4 mil metros de altura

Lifschitz llegó al Cristo Redentor, culminando el cruce que rememora la gesta sanmartiniana  

Con un homenaje a José de San Martín en el Cristo Redentor, banderas de humo desplegadas desde Argentina y Chile, y un encuentro con los intendentes de las localidades trasandinas de Los Andes y Guardia Vieja. Así culminó ayer al mediodía el intendente Miguel Lifschitz el 9º cruce de la cordillera a lomo de mula. Y, siguiendo los pasos del Padre de la Patria, llegó a más de 4 mil metros de altura junto a las 95 personas que participaron de la expedición.

Sin embargo la jornada había comenzado mucho antes. Los primeros minutos del día, encontraron al intendente acompañando (en los coros) la guitarreada que se armó en el comedor del destacamento militar de Puente del Inca. Los baqueanos son especialistas para entonar clásicos telúricos y nadie puede evitar engancharse, mientras corre el vino en damajuana. Era la última noche de la travesía y, aún con el cansancio a cuestas, no había que perdérsela.

Los jinetes pudieron cumplir su cometido al mediodía siguiente. Lograron hacer los últimos 15 kilómetros a lomo de mula y caballo en algo más de cuatro horas al unir Puente del Inca y el Cristo Redentor, en el límite con Chile, a más de 4 mil metros de altura, donde se haría el último homenaje a San Martín.



Tras los valores

Este cruce es parte de un proyecto pedagógico que tiene por objetivo difundir la vida y obra del Libertador pero fundamentalmente sus valores

Y para lograrlo los expedicionarios participantes se preparan durante todo el año.

El viaje duró una semana y convocó no sólo a rosarinos sino a gente de Capital Federal, Casilda, Mar del Plata, Resistencia, Lobos y Reconquista, entre otros sitios. "Esta vez se formó un grupo de siete polluelos de 15 años", destacó el jefe de la expedición, Víctor Hugo Chuli Rodríguez. Y, además del intendente municipal de Rosario, hubo otros cuatro políticos: un concejal de Reconquista, otro de San Justo y el jefe comunal de Humberto Primo.

La experiencia sería imposible de realizar sin el apoyo del Ejército Argentino y del Regimiento de Infantería de Montaña 16 Cazadores de los Andes, de Uspallata. Para la travesía se dispuso un importante movimiento de logística con camiones, colectivos, ambulancia, helicóptero y motos, además del personal militar.

Al finalizar el viaje, el jefe de la expedición se mostró conforme. "La camaradería y el respeto son fundamentales. Verlo a este hombre en un colchón sobre el piso como uno más fue un hecho que se valora mucho", remarcó en referencia al intendente de Rosario. "Le ofrecimos alguna otra comodidad y dijo que no", añadió.

Y en relación a los asistentes que acompañaron el grupo, explicó: "Los guías de montaña son indispensables, brindan seguridad porque el clima y el terreno no siempre acompañan". Así, recordó que en la expedición anterior no se pudo llegar al objetivo (el Cristo) porque se desató una tormenta de nieve: "Puede haber 30 centímetros en medio del verano". Las nubes presentan otro problema, el miércoles a la mañana en Aguas de la Cueva estaban tan bajas que lo cubrían todo.

Corolario binacional

El trayecto total tiene 180 kilómetros atravesando la precordillera llegando al valle de Uspallata y de ahí hasta al límite con Chile

Precisamente allí, ayer a las 12, en el corolario de la expedición, se realizó un encuentro con los intendentes chilenos de Los Andes y Guardia Vieja, a quienes Lifschitz les entregó algunos presentes. También había una delegación del Ejército del país trasandino y se desplegaron banderas de humo de ambos países.

 


:: Diario El Litoral ::

DOMINGO
 |  14 de enero de 2007

http://www.litoral.com.ar/index.php/diarios/2007/01/14/regionales/REGI-04.html

Joven corondina cruza Los Andes a lomo de mula

Coronda (C). - Una joven corondina de tan sólo 17 años integra la Expedición Sanmartiniana, que cruza en estos momentos Los Andes. Es Claudina Luchitta y lo hace a lomo de mula junto a 100 expedicionarios, más el apoyo del ejército.

Esta empresa les llevó aproximadamente 7 días, estando previsto el final para hoy domingo, en un emotivo encuentro en el Cristo Redentor a 4.400 metros de altura.>

Claudina participa de este 9no. cruce de Los Andes y es alumna de la Escuela Media 201 José Elías Galisteo de Coronda. Desde muy pequeña abrazó y se interesó por la causa del General José de San Martín.>

El Litoral se comunicó con los expedicionarios (vía Internet). Expresaban que a 190 años de la gesta sanmartiniana, "los jóvenes argentinos queremos rendirle homenaje al Padre de la Patria, siguiendo los gloriosos pasos del ejército libertador".>

Con el amparo de la Virgen del Carmen, generala del Ejército, bajo cuya protección colocamos la expedición, están cabalgando sobre las rutas que fueran transitadas por el libertador de América.>

La marcha de las columnas atravesó hasta el momento planchones de nieve, precipicios, arroyos y valles. Previamente, todos los días hubo reuniones matutinas donde se encomiendan a la virgen, dice un expedicionario, lo que constituye también una experiencia espiritual enriquecedora.


:: Diario La Capital ::

SABADO
 |  13 de enero de 2007

http://www.lacapital.com.ar/2007/01/13/ciudad/noticia_357867.shtml


Lifschitz se sumó al cruce de los Andes

El intendente Miguel Lifschitz se sumó hoy al cruce de los Andes a lomo de mula que anualmente organiza la Asociación Sanmartiniana en homenaje a la gesta del general José de San Martín.

Lifschitz se encuentra en este momento camino a Puente del Inca, última parada antes de encarar el ascenso hasta el Cristo Redentor, en Mendoza, adonde finaliza la travesía que simboliza el cruce que el Ejército Libertador realizó hace 190 años.

La expedición partió hoy de Polvaredas, para recorrer los aproximadamente 32 kilómetros hasta Puente del Inca. El mandatario local está en el lugar con su hijo, de 15 años, por expresa invitación de los organizadores, que ya había rechazado en otras oportunidades.

 


:: Diario La Opinion - Rafaela ::  

JUEVES
 |  4 de enero de 2007

http://www.laopinion-rafaela.com.ar/opinion/2007/01/04/d710402.htm


Ortiz Zavalle en el Cruce de los Andes

HUMBERTO I (Por Jorge Luis Mezzabarba). - El próximo lunes, 8 de enero, nuestra localidad estará representada en el noveno Cruce de los Andes a lomo de mula, y en la oportunidad será de la partida el Dr. Jorge Mario Ortíz Zavalla.

Así lo informó a LA OPINION el presidente comunal, quien formará parte del raid como médico de la expedición, "el tema es emular en cierta medida el mismo paso utilizado por el general San Martín en su camino hacia la liberación de Chile.

Tenemos una rutina pre-establecida que indica el punto de partida desde El Plumerillo, Agua de la Cueva, Uspallata, Las Cuevas, Puente del Inca y Cristo Redentor, hasta el límite internacional con Chile.

La delegación estará conformada por profesionales, comerciantes, hombres de prensa y en mi caso, tendré la oportunidad de formar parte de la misma como médico de la expedición, junto a algunos colegas. Más allá del ritmo aventura que tiene el proyecto, no deja de ser interesante saber el recorrido de uno de los hombres más grandes que tuvo nuestro país, el general San Martín".



FISHERTON CNN estará presente en el 9º Cruce de Los Andes a lomo de mula

La "Expedición Sanmartiniana" consiste en el traslado de un grupo de rosarinos a la provincia de Mendoza para que conozcan las tierras, donde el General José de San Martín, forjara el Ejercito Libertador. Gonzalo Fernández estará informando desde el lugar, los pasos de la expedición.

 

Con el apoyo de una Institución Sanmartiniana mendocina y la invalorable colaboración del Ejercito Argentino, se desarrollará entre el 8 y el 16 de enero el "9º Encuentro Interprovincial Sanmartiniano Rosario - Mendoza" cruce de Los Andes; junto al Centro de Estudios e Investigaciones "Libertador General San Martín", el cual contiene actividades y trabajos históricos en la montaña, preparatorios a las jornadas conmemorativas de los 180 años de la partida del Ejercito de Los Andes y del Encuentro Nacional Sanmartiniano 1997.

Es de destacar la importancia de tener objetivos fundamentales en esta expedición, los cuales se deben tener en cuenta para un mayor aprovechamiento de la travesía.  

"Objetivos Fundamentales"

a- Rendir homenaje y honrar a los héroes que lucharon por la libertad de América.
b- Rescatar uno de los hechos más relevantes de nuestra historia, protagonizado por el pueblo argentino y realizado por el ejército del Libertador.

c- Producir una acción histórico - cultural que manifieste el espíritu y la templanza de los jóvenes estudiantes secundarios y universitarios de nuestra patria.

d- Unir la historia de la Nación con la presencia de los Veteranos de Guerra de Malvinas, quienes unirán las altas cumbres de los Andes con la defensa contemporánea del suelo de Malvinas.



e- Protagonizar, una vez más, la unión entre oficiales, suboficiales y soldados del glorioso Ejército Argentino; quienes nos guiarán y custodiarán en nuestra marcha por el macizo andino, con jóvenes de instituciones intermedias de la comunidad.

f- Contribuir a la unidad latinoamericana, especialmente con nuestros hermanos peruanos y chilenos, a fin de afianzar la Unión y la Paz durante todo el milenio que se ha iniciado.

g- Brindar la oportunidad a jóvenes estudiantes  secundarios y universitarios, y entidades intermedias, con elevado y manifiesto espíritu nacional, de participar en actividades de acción histórica programadas por el Instituto Nacional Sanmartiniano y la Asociación Cultural Sanmartiniana “Cuna de la Bandera”.

h- Afianzar la identidad nacional de nuestros jóvenes.



ENERO de 2007

Fisherton CNN en el IX Cruce de Los Andes

Desde Uspallata, en la mitad de la expedición 2007 en la Cordillera de Los Andes, las distintas experiencias vividas fueron llenando el espíritu y regocijando el alma de cada uno de los expedicionarios. Desde el primer día en El Plumerillo hasta el último punto hasta aquí, en las montañas donde pasó el ejército del Gral. San Martín, la sensación fue especial, rara, distinta.

Inolvidable. Desde Uspallata; exactamente en la mitad de la expedición del cruce de Los Andes, en nuestro día de descanso, hospedados en el Regimiento de Infantería de Montaña 16 la sensación es increíble, una experiencia cautivante.

Fueron tres jornadas agotadoras pero llenas de un fuerte arraigo a nuestras raíces y de un acercamiento espiritual a un gran prócer de la Patria como lo fue el General José de San Martín que hacen olvidar algún cansancio pasajero.

Es difícil establecer un pensamiento comparativo con aquella época en que el General cruzó la cordillera para liberar Chile. Se torna inimaginable lo realizado en aquellos años. Pero gracias a la Asociación Cultural Sanmartiniana “Cuna de la Bandera”, que convoca año a año un número de expedicionarios de todas partes del país (Rosario, Mar del Plata, Tucumán, Corrientes, Santa Fe, entre otras muchas localidades), se puede ir difundiendo el verdadero valor patriótico.

Los 70 expedicionarios fueron divididos en patrullas, donde cada una de las divisiones fue comandada por un Jefe y también fue asignado un baqueano de  RIM 16 para cada grupo.

La organización y el apoyo recibido por ellos fue inmenso; la seguridad y contención brindada fue muy importante para todos nosotros. En todo momento presentes para ayudarnos con los animales, las monturas, y especialmente el bienestar personal.

Gonzalo Fernándes de Fisherton CNN con su mula "La Machi" en plena precordillera.

Todos reunidos con un objetivo común, el espíritu sanmartiniano; poder rescatar uno de los hechos más relevantes de nuestra historia, protagonizado por el pueblo argentino y realizado por el Ejército del Libertador.

Desde la recepción en El Plumerillo, pasando por Estancia La Canota donde recibimos instrucción para la posterior marcha, atravesando la precordillera, hasta Uspallata, recordando los desayunos del campamento, las misas, el izamiento de la bandera, las precisas directivas del Coronel David Cabrera Rojo, vicepresidente de la Asociación,  el ensillaje de las mulas, las clases de historia, las cenas, el fogón final de cada noche; se  conjuga un cúmulo de vivencias resumidas en las conversaciones que van teniendo los distintos expedicionarios van haciendo que este cruce, tenga un sabor especial también.

Un punto a destacar fue cuando hicimos noche en Agua de la Cueva. Muy fría, pero con la suerte de no ser tan rigurosa como años anteriores. Dormimos a la intemperie, con un cielo estrellado amenazado por un frente de tormenta que no hizo mella en el ánimo del los expedicionarios que mantuvimos la motivación de afrontar los factores climáticos y seguir adelante.


Desayuno en Agua de la Cueva, luego de una noche de intenso frío.

En todo momento hay elementos que hacen al cruce más atractivo. Amanecer con una espesa bruma, la vigilia de los guanacos en las alturas de los picos más altos, el vuelo de los cóndores, ver el Aconcagua al atardecer, la organización y preparativos del Ejército.
En cada partida, con la Virgen por delante guiando los pasos de la expedición, seguida por los abanderados y luego el resto del contingente por detrás, se fue atravesando la precordillera mendocina con las ganas, el ímpetu y la renovada ilusión de cumplir con el deber sanmartiniano de recordar su historia y su grandeza.

Patrulla 6 - Integrantes de prensa de canal 9 / Osvaldo Tamagno / Juan Pablo Pagani / Gonzalo Fernández

Recibidos por los pobladores de Uspallata, con vítores y aplausos, manteniendo vivos los valores de libertad de este pueblo cuyano, puedo resumir en una breve crónica que, obviamente no alcanza para narrar todo lo vivido, pero sí para que se pueda conocer y difundir a los argentinos y pensar en recuperar nuestros verdaderos sentimientos nacionales, y fomentarlos para construir un gran país quizás el imaginado por el General José de San Martín.

Aquí se genera el intenso sentimiento de gritar con convicción y orgullo “Viva la Patria”, sin temor ni vergüenza de ser argentinos, trayendo los recuerdos históricos que aún hoy debemos tener presentes.

El próximo fin de semana estaremos concluyendo nuestra crónica del 9º cruce de Los Andes a lomo de mula, donde contaremos el último tramo de esta expedición y las conclusiones finales.


Izamiento de la bandera antes de comenzar la travesía

Una excelente página de referencia, es justamente el sitio web de la Asociación Sanmartiniana “Cuna de la Bandera”: www.crucedelosandes.com.ar cuyo equipo trabaja incansablemente para poder actualizar permanentemente los mejores momentos de cada expedición.



Cruce de Los Andes a lomo de mula – 2º Parte

Fisherton CNN único medio rosarino que vivió toda la expedición y que puede contar la verdadera sensación vivida. Culminó un nuevo cruce. El resultado final tiene un factor común: el profundo valor patriótico que logró incorporar la Asociación Sanmartiniana Cuna de la Bandera, en el corazón de cada uno de los expedicionarios. La misión ahora es difundirlo para que cada vez más argentinos conozcan nuestra historia y honrar nuestro pasado.

La expedición continuó con la reafirmación permanente de los valores patrióticos, en la travesía del territorio montañoso.
Siempre con la convicción de tener vivo el espíritu sanmartiniano, los expedicionarios se fueron fortaleciendo con el claro objetivo de alcanzar el Cristo Redentor, en la frontera con Chile, paso estratégico en la historia del General San Martín; y un punto importante de nuestra propia historia.

Luego del día de descanso en Uspallata, comenzaba a desandarse el Cruce de Los Andes.

Comenzaría otra extensa jornada, esta vez serían 48 km de marcha, pasando por Picheuta hasta llegar a Polvaredas.
Precisamente en Picheuta, se hizo la representación, protagonizada por un puñado de expedicionarios perfectamente caracterizados entre granaderos y realistas, de lo que fue la batalla en la que el Libertador tuvo su primer “parcial revés” frente a tropas enemigas. Parcial revés, por el escape de un granadero, que pudo comunicar este acontecimiento al General y poder obrar en consecuencia.


Representación de la Batalla de Picheuta donde los granaderos del General San Martín se vieron sorprendidos por los realistas.

Afortunadamente uno logró escapar para alertar lo sucedido. 

Además, de esta puesta en escena, la presencia ya del intendente de Rosario, Miguel Lifschitz, como un sanmartiniano más, marcó otro punto importante a esta jornada especial.

Reconociendo la importancia de esta visita, el intendente se mostró como una persona común; como todos y como lo es habitualmente, inmerso en un ámbito fuera de la coyuntura política diaria, lo que le permitió disfrutar junto a su hijo Federico, esta increíble expedición.

Miguel Lifschitz - Intendente de Rosario, un sanmartiniano que se alejó del escenario político para disfrutar el último tramo del Cruce de Los Andes

La marcha continuó. El apoyo de los baqueanos y colaboradores daban la contención necesaria a la tropa. Las emociones y comentarios variados de los expedicionarios iban creciendo.

El cansancio siempre presente, pero ya no molestaba.

El paso de las mulas por caminos de precipicio y el cruce de un río de correntada importante, aumentaban la adrenalina de todos.

Los expedicionarios cruzaron el Río Mendoza para continuar camino hacia el Cristo.

Noche en Polvaredas, en una estación de trenes bella y vieja, pero lamentablemente abandonada. Algunos en pabellones, otros en vagones abandonados; pero antes, la alegría del magnífico canto del cocinero de la expedición, y de Pizarro, fuerte referente del Regimiento de Montaña, que cerraba todas las noches acompañados por el acorde de guitarras.

La comida elaborada fue excelente. El mismo cocinero de la expedición, un gran cantante que luego de la cena entonaba un cálido repertorio.

Estación de trenes en Polvaredas, abandonada. Para ese entonces, un valorado resguardo para la expedición.

El factor común: la sonrisa y alegría de todos los que iban buscando también su propia enseñanza; enriquecida por cada clase de historia que se fue dando como actividad complementaria de cada día. 

Diana y desayuno de por medio; partiendo para Puente de Inca, y luego hacia Las Cuevas, los corazones latían con mayor intensidad.

Sin dejar de pensar en la gesta del General San Martín, ya se entremezclaban sentimientos entre históricos y personales. Se sabía que el ascenso para ver el Cristo Redentor estaba cada vez más cerca, lo que incrementaba la ansiedad.

 

Clase de historia sobre el Gral. San Martín, dictada por el profesor Ismael Pozzi Albornoz.
Siempre encabezados por la Virgen, que guiaba nuestros pasos, y las banderas de los países que fueron símbolo de la libertad de aquellos países sudamericanos, comenzó el camino ascendente después de dejar atrás el arco típico de Las Cuevas.

Siempre formados en dos columnas, despacio pero sin pausas se ganaron los metros de altura que nos encontraría con el Cristo.
El Cristo Redentor y la bandera Argentina. Máximos exponentes de una travesía que será inolvidable.

Las cámaras fotográficas no descansaban en su eterno disparar para captar cada momento, cada imagen, pero claro está, imposible de narrar lo que se percibía, ni los sentidos particulares.

Finalmente, y luego de ladear la cordillera por varios kilómetros, apareciendo en su total magnitud, nos rendimos ante la majestuosa e imponente imagen del Cristo Redentor.  

En ese momento, en ese lugar, se soltó la emoción más pura, la más buscada, la que brotaba naturalmente de cada corazón argentino, donde todos los expedicionarios se abrazaron, sabiendo que el objetivo de cruzar Los Andes que se buscó durante mucho tiempo atrás, se cerraba con el final más querido.  

Allí, las autoridades de la Asociación Sanmartiniana Cuna de la Bandera, junto con una Asociación afín a la nuestra de Chile, realizaron un acto en conmemoración a la reafirmación y reconocimiento una vez más del General San Martín.

El “Viva la Patria” se pudo escuchar una y otra vez, pero sentido, entendiendo verdaderamente la importancia de lo que se gritaba.

El regreso a Uspallata, fue un recuerdo, fue el murmullo de cada sensación y vivencia de los expedicionarios era lo que se observaba. La satisfacción y el orgullo de haber participado en esta experiencia difícil de contar y de explicar, pero con la obligación firme de difundirla es lo que se lleva de estas tierras.

Una vez en el Regimiento de Infantería de Montaña 16, se procedió al cierre del IX Cruce de Los Andes a lomo de mula, con la entrega de diplomas y reconocimiento a cada una de las partecitas que conformaron este exitoso e inolvidable cruce.

Gonzalo Fernández de Fisherton CNN - único medio de Rosario - contó las vivencias del IX Cruce de Los Andes que se iban sucediendo, desde el comienzo hasta el final.

Fisherton CNN fue el único medio de comunicación rosarino presente desde el comienzo al fin del Cruce de Los Andes. El único que puede contar todos los detalles de la expedición; y quiere agradecer una vez más a las autoridades de la Asociación Sanmartiniana Cuna de la Bandera, en particular a su Presidente, Víctor Hugo Rodriguez, por la invitación a nuestra emisora; y a todo ese “batallón” de colaboradores que estuvieron incansablemente a disposición de la seguridad y contención de los expedicionarios. Al RIM 16, especialmente a los baqueanos que nos acompañaron durante todos esos días difíciles, sin querer olvidar a ninguno, claro que el cocinero de la expedición fue también importante, la permanente presencia del personal de la Cruz Roja. Y al extraordinario grupo de expedicionarios que empujaron siempre para adelante, y que demostraron el entusiasmo y el compañerismo en todo momento, sabiendo de la afinidad más con unos que con otros pero que si una mula se caía era la mula de todos, y que si uno se desanimaba el otro estaba firme al lado para levantarlo.

¡Gracias a todos!  

Ahora si puedo gritar con profunda convicción, “VIVA LA PATRIA”. Conozcamos nuestra historia, vale la pena.  

Para finalizar hacer referencia al sitio web de la Asociación Sanmartiniana Cuna de la Bandera, www.crucedelosandes.com.ar donde se puede obtener información relacionada.

EXPEDICIONARIOS DEL IX CRUCE DE LOS ANDES A LOMO DE MULA

PATRULLA 1 

Pidone, Guillermo
Sanabria, Juan
Salto,Raquel
Maggi, Graciela
Rosales, Gladis
Quiroga, Roberto
Pbtro. Pedro Peñalba -Sacerdote-

 

PATRULLA 2 

Firman, Hugo Juan
Fredes, Miguel A.
Machado, Martin
Jacinto, Oscar Antonio
Kisko, Diego Manuel
Ortiz Zavalla, Jorge
Terré, Ricardo



PATRULLA 3
 

Azzarello, Sebastián
Spini, Norma
Couvert, Ma Eugenia
Bueno, Eduardo
Di Franco, Nestor
Mauro, Georgina
Bilbao, Javier




PATRULLA
4 

Dubini, Emanuel
Mastandrea, Sandra
Rodriguez, Celeste
Speerli, Marcela
Lucchita, Claudinia
Radyna, Noelia
Tamagno, Paula
Alvarez, Juan Ignacio



PATRULLA
5 

D´Orsi, Eliana Micaela
Di Santo, Carina
Rey, María Laura
Sanchez Almeyda, Marina
Casares, María Cintia
Rivas Terrada, Ivana Malén
 




PATRULLA
6 

Albarenque, Claudio - canal 9
Tamagno, Osvaldo
Víctor - camarógrafo canal 9
Renzo - Canal 9
Fernández, Gonzalo – FISHERTON CNN
Pagani, Juan Pablo
Bassi, Juan Pablo




PATRULLA
7 

Lagorio, Esteban
Costas, Fernando
Altamiranda, Hugo
Bustamante, Nicolás
Bustamante, Manuel
Vargas, Gastón




PATRULLA
8 

Chu Ke Shin
Sallenave, Felipe
Chiappe, Miguel
Sen, Claudia
Gomez, Diego
Preciante, Alberto
Altamiranda, Jorge Maximiliano
Catalano, Cristina
Frías, Noemí
Rivas, Rubén


PATRULLA
9 

Peretti, Gloria
Conti, Cristina
Gabbin y Gimigliano, Graciela
Scovenna, Gladis
Olcese, Marcelo
Ugartemendia, Sebastián
Di Fazio, Marcos
Perez Ambrosia, Eduardo
Grosso, Osvaldo
Galbarino, Juan


 









 

 

Pablo Tubíoo (pablo_tubio@yahoo.com.ar) te envía esta nota desde InfoBAE.

 

 

DOMINGO  |  22 de enero de 2006


Como San Martín, más de 100 jinetes cruzan Los Andes a lomo de mula

http://www.infobae.com/notas/nota.php?Idx=233966&IdxSeccion=100

Hace 189 años,  los más de 5.000 hombres que integraban las tropas del General atravesaban la cadena montañoza. Desde el lunes más de 100 jinetes recorren el mismo camino que el Ejército Libertador

Hace 189 años, los más de 5.000 hombres que integraban las tropas del general José de San Martín iniciaban el cruce de la Cordillera de los Andes. Desde el lunes más de 100 jinetes recorren el mismo camino que el Ejército Libertador en el VIII Cruce de los Andes a Lomo de Mula.

Los expedicionarios, unos 100 docentes, estudiantes, veteranos de guerra y profesionales de diversas áreas, de ambos sexos, cuentan con el apoyo de medio centenar de integrantes del Ejército. En total recorrerán más 200 kilómetros entre Canotas y el Cristo Redentor.

La travesía, que dura ocho días -San Martín tardó 21-, es organizada por la Asociación Cultural Sanmartiniana. Según informó la asociación, la expedición partió del "Campo Histórico El Plumerillo", el mismo lugar en el que San Martín preparó a su ejército antes de cruzar la Cordillera.

El comunicado agrega que la primera jornada de cabalgata finalizó con éxito en Agua de la Cueva donde los jine tes descansaron en medio de la montaña a la luz de la luna. La expedición continuará transitando el camino del Ejército Libertador y pasará por Uspallata, Picheuta, Polvaredas, Punta de vaca, Los Penitentes, Cuevas para fianlemnte llegar al Cristo Redentor.

 


UNA TRAVESÍA QUE REALIZARÁN POR SEGUNDA VEZ, EN HOMENAJE AL CAMINO RECORRIDO POR EL LIBERTADOR JOSÉ DE SAN MARTÍN

Gabriela y Yanina volverán a revivir el cruce de Los Andes

Gabriela Van Der Horst y Yanina Bordenave partirán hoy a Mendoza para revivir la epopeya sanmartiniana del cruce de Los Andes, travesía que ya habían realizado en enero de 2005, tras la cual recorrieron en Madryn al menos cinco escuelas contando la experiencia a 1.400 alumnos.

El viaje de los deseos

En esta ocasión, la segunda desde que se animaron a cruzar Los Andes, tal como lo había hecho San Martín, las dos mujeres madrynenses llevarán consigo no sólo las ansias de volver a pasar por la historia de nuestro país, sino que también llevarán los cerca de 400 deseos que recogieron en las escuelas visitadas.
El viaje, del que volverán el próximo 25 de enero, al igual que el anterior, tendrá como objetivo el paso por Uspallata, expedición en la que irán depositando los deseos pedidos por los chicos de las escuelas 710, 775, 728, 42 y 158.

Un camino que recorrerán junto a otras 70 personas de todo el país dispuestas a reencontrarse con la memoria viva de una de las seis rutas recorridas por el ejército libertario.

Convocadas por la Asociación Cultural Sanmartiniana de Rosario, que viene realizando las réplicas de la epopeya desde hace siete años, se trata de una aventura enmarcada en un “proyecto histórico, pedagógico, cultural”, en el que cualquiera que esté bien preparado puede participar en pos de revivir los valores y deseos que impulsaron a San Martín a lo largo de su vida.

Yanina recordó: “Es una apuesta en la que nos ocurrieron cosas muy lindas, como el poder interpretar las clases de historia que nos brindaron en cada lugar del cruce por el que había pasado San Martín. Algo que –aseguró- fue como estar en el mismo lugar y en el mismo momento que estuvo San Martín”.

Una apuesta que desde el punto de vista de Gabriela, les dio lugar “para rescatar montones de cosas que se están perdiendo, como no lograr tomar realmente conciencia de lo que somos los argentinos”.

Una experiencia en la que volverán a valorar “a un héroe como San Martín, que durante toda su vida, desde los 13 años, se preparó para cumplir su sueño: cruzar la cordillera para liberar a América”. Ideal que las mujeres interpretaron desde la posibilidad de cumplir con un ideal: “Lo que nosotros queramos lo lograremos preparándonos para lo que creemos, para cumplir nuestro sueño”.


20 de Enero de 2006 - DIARIO HOY – LA PLATA

El Cruce de los Andes en mula arribará al Cristo Redentor

La expedición, organizada por la Asociación Sanmartiniana de Rosario "Cuna de la Bandera" junto al Ejército argentino, partió el lunes pasado del Campo Histórico "El Plumerillo" para recorrer 180 kilómetros en seis días.

El domingo arribará al Cristo Redentor la octava edición del Cruce de los Andes a lomo de mula, con el mismo itinerario que siguió en 1817 la columna del general Gregorio Las Heras en la campaña a Chile.

Integran el grupo 75 jinetes y 35 expedicionarios a pie de la Asociación, entre mujeres y hombres provenientes de diversos puntos del país y con edades que van de los 18 a los 70 años, así como un militar venezolano especialmente invitado.

Después de pasar por el límite internacional sobre el Paso Bermejo, en el Cristo Redentor la expedición rendirá culto a la Virgen del Rosario, cuya imagen es transportada por una mula junto a una réplica del sable corvo del General San Martín.

El Regimiento de Infantería de Montaña 16 "Cazadores de los Andes" participa con 20 militares guías-baqueanos, además de brindar el apoyo logístico a la travesía, informó el Ejército.

Este año, los organizadores solicitaron especialmente la participación de un oficial del Ejército de Venezuela, que designó al capitán Luis Codallo, de la 35 Brigada de Policía Militar "Libertador General San Martín".

La presencia del oficial venezolano expresa "los sobresalientes lazos de amistad que ligan a ambos pueblos y sus ejércitos, desde las guerras por la independencia sudamericana liderada por los dos grandes Libertadores de América", José de San Martín y Simón Bolivar, concluyó el texto informativo.

 

 






:: Diario La Capital ::  



Domingo, 10 de Agosto de 2003  


Para revivir la epopeya del Libertador San Martín

El próximo domingo se conmemora un nuevo aniversario de la muerte del general José de San Martín,que en 1817 comandó el cruce de los Andes. Tras los pasos del Libertador

Un sueño de libertad que se convirtió en una de las epopeyas más notables de la historia de la humanidad. Sin puentes, ruta asfaltada ni túneles que atravesaran las montañas, el general José de San Martín y sus tropas cruzaron la cordillera de los Andes. Las seis columnas de la avanzada criolla partieron desde la región cuyana con destino a Santiago de Chile. La exigente travesía se desarrolló por senderos de cornisa y utilizando mulas para transportar la artillería pesada. A más de 180 años del cruce histórico, las Rutas Sanmartinianas proponen seguir los pasos del ejército criollo que logró liberar a los pueblos latinoamericanos de la corona española.

El próximo domingo, 17 de agosto, se conmemora un nuevo aniversario del fallecimiento del general José de San Martín. ¿Se anima a ensillar una mula para revivir la epopeya libertadora? No hay tiempo que perder, comencemos a galopar por las empinadas pendientes de la cordillera.


Seis rutas

Debido a las crudas condiciones climáticas del invierno andino el plan de invasión que ideó San Martín se inició en enero de 1817 a través de seis pasos andinos simultáneos. Hoy es posible revivir la travesía participando del cruce de la cordillera que organiza la Asociación Cultural Sanmartiniana Cuna de la Bandera desde hace unos años. El próximo mes de enero se realizará el "6º cruce de los Andes a lomo de mula por los 6 pasos".

De esta manera se atravesarán todas las rutas utilizadas por el general San Martín en su campaña libertadora, en un hecho sin precedentes en el mundo. Un cruce jamás realizado desde 1817. El objetivo es desandar los mismos pasos andinos que se extienden a través de las provincias de Mendoza y San Juan, a lo largo de 750 kilómetros sobre la frontera con Chile.

Luego todos los expedicionarios se dirigirán al Cristo Redentor para compartir la ceremonia final. Se estima que podrán intervenir 250 jinetes. El costo aproximado de la expedición será de $ 1.000 por persona.

Un dato evidencia la proeza del cruce original. En plena cordillera y durante las noches de verano las temperaturas llegan a los 15 y 20 grados bajo cero. Incluso durante el día las marcas térmicas descienden hasta los -2. En estas condiciones climáticas los criollos tuvieron que dormir a lo arriero durante varias noches, usando por cama la montura y el poncho.

Para protegerse del frío se adoptaron estrategias acertadas, entre ellas, la de confeccionar calzados para abrigar los pies. Fueron hechos con desperdicios de cuero de las reses y estaban forrados en el interior con trapos de lana.

También se suministró abrigos a los animales que participaron de la travesía. Los caballos, mulas y vacas lucían la llamada enjalina chilena o abrigo forrado en pieles. Las protecciones forradas de paja fueron desechadas debido al peligro de que los animales las comieran por la falta de otra alimentación en el trayecto.

Hoy quienes pretenden seguir los pasos del ejército Libertador disponen de un sofisticado equipo. Botas de trekking, guantes, polar y bolsas de dormir térmicas son algunos de los elementos diseñados especialmente para los amantes del turismo aventura, infaltables en esta excursión andina.

A más de 180 años del histórico cruce existe la oportunidad de revivir la odisea. La silueta de los Andes, el cielo azul infinito y los cóndores que dibujan círculos en el aire enmarcan un paseo cargado de emociones, por este paraje agreste, donde se abrió un sendero de libertad.


Ocho cruces andinos

Los viajes realizados por San Martín cruzando la cordillera de los Andes fueron ocho. El primero, comenzó en enero de 1817, y fue consecuencia de la planificación y ejecución del denominado Plan Continental, cuyo objetivo era liberar a los pueblos de Chile y Perú. Las diferentes filas fueron saliendo simultáneamente en distintos días y San Martín partió por primera vez desde El Plumerillo. Cumplimentar el objetivo demandó varios cruces andinos. Finalmente tras obtener la libertad del pueblo peruano y de encontrarse con Simón Bolívar decidió regresar a Buenos Aires. En 1824 emprendió su octavo y último cruce por el macizo andino.


En mula por la cordillera

Claudio Berón / La Capital

¿Es el viento el dueño de lo que sucede en la montaña? o ¿son los cóndores que miran pasar a los hombres? Lo cierto es que cuando la Argentina no era país, por estos picos pasó un ejército para luchar por un continente.

Es enero, como hace un siglo y medio, el ritual de los hombres atravesando las montañas se repite, para eso están los Andes, para desafiarlos. Los guanacos ya no escuchan los ruidos de las armas ni el vozarrón de los cañones, ni siguen atentos la fila de uniformes azules, de curtidos granaderos.

Todos los años una caravana conformada por unas 200 personas recorre los Andes en busca de los fantasmas de los granaderos de San Martín; duermen al sereno; comen guiso carrero y cabalgan en mulas. La larga marcha tarda diez días y el Regimiento de Montaña pone a sus mejores baqueanos a disposición de la expedición.

En este verano del 2003, hombres y mujeres vuelven a caminar por las piedras y recorren los senderos. Los sentidos se confunden entre la soledad, el frío de la noche y el calor de los mediodías eternos.

Aventura, curiosidad, descubrimiento; sensaciones diversas empujan la fila india, por momentos un silencio se impone entre los hombres de a caballo, de pronto una canción, un grito patriótico o un galope corto distraen a los que marchan.

Las montañas enmarcan, con sus picos eternos y blancos, la caravana que atraviesa los valles y las pampas andinas, mientras un cóndor amanecido sobrevuela las mulas y los soles castigan la piel de los que buscan la historia.

En esos días de marcha, los expedicionarios cruzarán puentes de piedra, conocerán un poco de la vida del Gran Capitán y sentirán en sus huesos el cansancio y en sus manos el coraje de aquellos soldados, pero no hay armas, sólo emociones.

Los lugares a recorrer son los mismos: Plumerillos, la estancia de Canotas, Puente del Inca, Polvaredas, Punta de Vaca y la alta montaña, donde los parajes tienen el nombre de los anónimos que trasladan hacienda entre los cerros y los baqueanos que recorren estas inmensidades.

En las mañanas el cielo es azul, al mediodía celeste y por la noche todo lo invade. Las nubes están cerca y raras veces quienes comparten esta experiencia podrán estar nuevamente justo en el medio, entre el cielo y las piedras.

Los precipicios bordean los caminos sinuosos, los grandes ríos de llanura que nacen en los Andes traen el deshielo de las altas cumbres y a las mulas les cuesta badearlos.

Los fogones nocturnos son la hora del descanso y de compartir las vivencias de las 10 o 12 horas a lomo de mula. Tonadas cuyanas, chacareras y un buen vinito mendocino convocará a las historias de montaña, los muertos del Aconcagua, los milagros de los viajes y hasta alguna antigua gesta de la independencia.

Después de esa marcha de pasiones, la expedición llega al Cristo Redentor. Las mulas suben los caminos del cerro y un viento helado lastima la cara. En el Cristo las lenguas de hielo complicarán la cabalgata, pero después de diez días los expedicionarios ya son expertos jinetes.

Al fin, la cruz de los Andes se levanta imponente entre las nubes y los picos nevados, y en ese instante, para los que se aventuraron a la montaña, el cruce del Ejército Libertador toma la forma del coraje y la hazaña.

:: Diario Clarín ::  
Domingo 12 de enero de 2003

140 KILOMETROS A TRAVES DE LA CORDILLERA

Cruce de los Andes: una semana a lomo de mula y mate cocido por el duro camino que siguió San Martín 


En enero de 1817 el ejército sanmartiniano cruzó la cordillera. Un periodista de Clarín participa de una expedición que evoca esa gesta de la Independencia.

Guido Braslavsky. DE LA REDACCION DE CLARIN

La columna avanza por la pampa de Canota y parece pequeña en esa planicie interminable, a 2.900 metros de altura, techo de la precordillera. Desde las crestas de los cerros espían varios guanacos, tan curiosos como asustadizos. Un choique, el ñandú de la zona, aparece a la carrera por el llano y dos jinetes baqueanos se lanzan a perseguirlo, sólo por divertirse. Promedia la primera jornada del cruce de los Andes a lomo de mula, por la ruta sanmartiniana de Uspallata, la misma que empleó el general Gregorio de las Heras al frente de su columna del Ejército de los Andes. Es el quinto cruce que organiza la Asociación Cultural Sanmartiniana de Rosario desde 1997. Pero es el más numeroso realizado por civiles desde aquella gesta de la Independencia. El primer objetivo es Las Cuevas, adonde se llegará hoy luego de recorrer unos 140 kilómetros a lomo de mula en una semana, con un día de descanso en el medio. El tramo final hasta la cuesta de Chacabuco, donde se libró una batalla decisiva de la Independencia, se hará mañana en ómnibus, ya que no se puede cruzar a Chile con el ganado.

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Somos 84 "expedicionarios" y el grupo se eleva a 109 contando a los jinetes militares y baqueanos del Regimiento de Infantería de Montaña 16 de Uspallata, sin cuyo apoyo la empresa sería irrealizable. En fila, de a uno, subiendo el angosto camino entre dos cerros, la columna alcanza quinientos metros de extensión.

El lunes hubo una ceremonia de partida en el campo histórico de El Plumerillo, donde San Martín organizó su Ejército. La mayoría de los expedicionarios llegó de Rosario; el resto de Buenos Aires, Córdoba, Corrientes, Tucumán, Mendoza, Santiago del Estero, Salta, Formosa y del interior de Santa Fe. Al mediodía llegamos al viejo casco de la estancia Canota, 30 kilómetros al noroeste de Mendoza. Fue un día de familiarizarse con eso de caminar entre el olor y la bosta de las mulas. Por la tarde se distribuyeron los animales y se formaron once patrullas, cada una con un jefe experimentado. Más del 60 por ciento no había cabalgado nunca. Los dolores en las piernas —y no en la cola como podría creerse— pronto darán cuenta de ello. En la aventura están representadas todas las edades, desde 15 a 67 años. Y casi un tercio son mujeres.

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El primer contacto con los animales confirma la sabiduría de tantas populares comparaciones: ser terco como una mula, loco como una mula, patear como una mula. No vale hablarles para demostrar que se es amigo, o llamarlas por sus nombres: Lola, Carolina, Haragán, Alf. Tampoco parece amilanarlas demasiado el rigor del rebenque. Hacen más bien lo que se les canta y si la cosa se pone brava, están los baqueanos para ponerlas en vereda. Pero los defectos de estos híbridos de yegua y burro se compensan con sus virtudes: son resistentes, trepan adonde parece impensable, pisan seguras en todo terreno y perciben el peligro. Parece mentira que con semejante instinto no les importe si llevan un ser humano o cajones de fruta.

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Después de un día de ansiedad con noche de fogón bajo las estrellas, el martes hubo diana a las 6.30, mate cocido con pan y dulce de leche y se despacharon los equipajes en un camión de apoyo del Ejército. Para la jornada, sólo lo indispensable en una alforja, esto es, la ración fría para el almuerzo y una cantimplora. A las 9.30 empieza el cruce en Canota, a 1.400 metros, rumbo a Agua de la Cueva, a casi 3.100.

Pronto queda claro que cruzar los Andes en mula no es hacer castillos de arena junto al mar. Las mulas, asustadizas, mañosas e impredecibles tiran a dos compañeros. Las caídas no pasan del susto pero la mañana se transforma en un picnic de derribos, que llegan a siete en total. Uno lo protagoniza este cronista, que venía meditando cómo dominar al animal en caso de que se espante. Pero a la hora de la verdad no hay tiempo ni de darse cuenta: otra mula pateadora hace lo suyo y en una fracción de segundo estaba en el suelo. Por suerte, la caída fue en el centro de una jarilla, un arbusto tupido con ramitas delgadas que amortiguaron el aterrizaje. "No puede ser, tres de las mulas que tiraron son de calesita", se quejó el teniente primero Iván Argüelles Benett. Rodríguez bramó exigiendo precaución.

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Almorzamos en una quebrada, junto a una vertiente. En todo momento del cruce hay clases de historia sobre episodios de la vida de San Martín y allí, bajo un solazo que partía, Miguel Brusasca cautivó a todos con su relato del sargento Cabral. Contó que era hijo natural de una esclava negra de la hacienda de los Cabral, en Saladas, Corrientes. Analfabeto, fue reclutado cuando San Martín formó el Regimiento de Granaderos. El 3 de febrero de 1813, en el combate de San Lorenzo, rescató junto al soldado Baigorria a San Martín de debajo de su caballo herido por la metralla, y en ese momento fue atravesado por un bayonetazo. "Murió en el refectorio del convento pocas horas después. Nunca pudo haber dicho 'Muero contento, hemos batido al enemigo' en ese español castizo que cuenta la historia oficial. Si tuvo últimas palabras fue en guaraní, su idioma".

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Tras una jornada agotadora, luego de atravesar la desértica pampa de Canota, ascendimos una última cuesta y por primera vez aparecieron, a lo lejos, las altas cumbres de la cordillera con el Aconcagua en el centro. En Agua de la Cueva hay un par de pozos de agua, únicos en toda el área. Se supone que allí abrevaron los animales de la columna de Las Heras y también los que iban con San Martín cuando viajó a Uspallata para encontrarse en el valle con los derrotados de Rancagua.

"El cruce es como un túnel del tiempo, es mucho más que una película o un libro", dice Rubén Omar Sosa, pediatra de Casa Cuna y expedicionario junto a su mujer. "Me pregunto cómo habrán hecho Paroissien y Argerich, los médicos del Ejército de los Andes", agrega. Sosa vino como uno más pero terminó siendo el médico de la expedición porque a último momento el previsto debió bajarse. En Agua de la Cueva atendió 26 consultas, la mayoría por baja presión y cefaleas, efectos típicos de la altura y del cansancio. También decidió evacuar a un expedicionario con hipertensión, provocada por correr la mula que se le había soltado. A tres mil metros no conviene hacer olas.

El guiso caliente preparado por la cocina del Ejército es un manjar. Se duerme al aire libre al modo de los arrieros, usando de colchón la manta matra, el pellón y el cuero de las monturas. De cara al cielo estrellado como sólo se ve en la montaña. Los 33 grados del día bajaron a casi cero en la madrugada. Amanecimos cubiertos de escarcha y no del todo descansados.

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El camino a Uspallata es amplio, polvoriento y en descenso. Es miércoles y el grupo sabe que le espera el descanso en el Regimiento, una ducha, una cama y agua con sólo abrir la canilla. Pero antes hay que llegar...

Cinco jóvenes parten a pie, como homenaje a los infantes del ejército sanmartiniano, que así lo hicieron porque no alcanzaban los animales para todos. Los que van en mula sienten que apuran el paso, ya que saben que vuelven a casa. Son 32 kilómetros bajo un sol demoledor. Duelen piernas y rodillas. El calor seco marea. Un pañuelo se desprende de una cabeza y las mulas se pegan una espantada, pero ya hay más dominio y todo vuelve a su cauce.

Por fin, a la vista, el verde valle de Uspallata: "Parecía la tierra prometida, un oasis al que no llegábamos nunca", comentará después Jorgelina Córdoba, rosarina, 56 años. Vino sola al cruce "porque los hombres de la familia arrugaron", dice divertida. La entrada va encabezada por las banderas argentina y del Ejército de los Andes, las de Chile, Perú y la provincia de Santa Fe de los organizadores. La expedición es recibida por una banda militar y gente del pueblo. Están todos contentos.

El paso de Uspallata es uno de los seis que empleó San Martín con su Ejército de 5 mil hombres, 16 mil mulas y 1.600 caballos.. El jueves está destinado al descanso y para el viernes se esperan días duros, de largas marchas por la montaña y noches frías. Estamos mucho más cerca.


http://old.clarin.com/diario/2003/01/12/p-01215.htm


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Viernes 17 de enero de 2003

INFORME ESPECIAL: CRUCE DE LOS ANDES

Precipicios y un río furioso, última etapa del camino de San Martín

La expedición que emula la gesta del Ejército de los Andes llegó a Chile después de una semana a lomo de mula. Un periodista de Clarín, parte de la travesía.



Guido Braslavsky. DE LA REDACCION DE CLARIN.

Detrás quedaron los peligrosos planchones de nieve, las pendientes de cuarenta y cinco grados y los senderos de ni medio metro de ancho que asoman a precipicios donde conviene no mirar. El final del camino, después de una semana de marcha demoledora, está a metros: el Cristo Redentor, a 4.200 metros de altura, justo en el límite con Chile.

El domingo pasado terminó allí el quinto Cruce de los Andes a lomo de mula organizado por la Asociación Cultural Sanmartiniana de Rosario. Unos doscientos kilómetros por la ruta sanmartiniana de Uspallata, que empleó el entonces coronel Gregorio de Las Heras al frente de su columna del Ejército de los Andes. La expedición se había iniciado el lunes en la estancia Canota, al pie de la precordillera.

CAMINO A CHILE. LAS BANDERAS ARGENTINA Y CHILENA ENCABEZARON LA EXPEDICION. FUERON DOSCIENTOS KILOMETROS DURANTE SIETE DIAS. (Foto: Coco Yañez)

Ochenta y cuatro expedicionarios de todas las edades, con el apoyo del Ejército Argentino y el Regimiento de Infantería de Montaña 16 de Uspallata (RIM16), rindieron así un homenaje a la gesta del Ejército de los Andes. Como parte del simbolismo del cruce, la marcha fue encabezada por un soldado patricio y otro granadero, portando las banderas Argentina y del Ejército de los Andes. Los seguían las de Chile, Perú y de la provincia de Santa Fe.

Se trató de emular la hazaña de San Martín, que en enero de 1817 inició el cruce por seis pasos distintos. Le llevó veinte días y fue parte de la estrategia conocida como "guerra de zapa" para engañar a los realistas españoles y hacer desparramar sus fuerzas a lo largo de 750 kilómetros de cordillera. Hay que experimentar esos peligrosos senderos para comprender la magnitud de la empresa sanmartiniana. Sus cinco mil hombres cruzaron en una época sin medios de apoyo y al otro lado los esperaba probablemente la muerte.

En esta semana hubo que acostumbrarse a vivir la vida en mula, a superar los miedos a las patadas y los derribos —hubo más de veinte caídas—, a marchar de sol a sol con altas temperaturas, a masticar tierra y polvo. Fue la expedición con civiles más numerosa, con el apoyo fundamental de los infantes de montaña del Regimiento de Uspallata, jinetes expertos; y su sostén para organizar la vida en los campamentos. También una ambulancia siguió lo más cerca que pudo al grupo.

Dos días llevó atravesar la precordillera hasta Uspallata. Tras descansar el jueves en el regimiento, comenzó el viernes la etapa final, 100 kilómetros en tres jornadas. Quedó atrás el valle de Uspallata y a la tarde temprano se alcanzó el río Picheuta, donde una avanzada del Ejército Libertador libró el primer combate contra los realistas. Se marchó casi en paralelo con la ruta a Puente del Inca, que hubo que cruzar varias veces.

Al trote por tramos, ya con mayor confianza en los animales, el grupo llegó a Polvaredas a las siete de la tarde. En este pequeño pueblo donde acampó la columna de Las Heras se hizo noche al reparo de la estación de tren, que dejó de funcionar hace 20 años y redujo la población de 2.700 habitantes a la cuarta parte.

El sábado fue un día con riesgos. "Qué pasa que están todos tan callados", preguntaban los soldados, sabiendo que el miedo sobrevolaba al grupo. Se había salido de Polvaredas siguiendo la trocha angosta del tren y al meterse en la montaña, hubo que atravesar algunos centenares de metros por donde las mulas pasan pisando sin mucho más espacio que el ancho de sus patas. El jefe de la expedición y presidente de la Asociación, el teniente coronel retirado Víctor Hugo Rodríguez, había previamente reconocido el terreno con dos soldados y lo despejaron de piedras.

En medio de estrictas recomendaciones, con un megáfono en la mano, Rodríguez infundía confianza. Se había hablado mucho la noche previa de ese giro pronunciado en el sendero que deja al jinete como suspendido en el aire con su mula, en un impresionante balcón con caída libre al río Mendoza, 300 metros más abajo. El obstáculo se sorteó sin inconvenientes.

Cubierto por el polvo, el grupo alcanzó después el cerro Penitentes y dos horas más tarde arribó a Puente del Inca. Otra vez ducha y cama en la Compañía de Cazadores de Montaña 8, y un regalo inesperado: poder bañarse en las aguas termales que brotan junto al Puente del Inca.

A esa altura, el agotamiento había mellado al grupo. El médico y expedicionario Rubén Sosa atendió más de doscientas consultas en todo el cruce: dolores de cabeza, presión baja o alta por la altura, deshidrataciones, insolaciones, traumatismos —sin consecuencias graves— por las caídas y patadas de las mulas. "El 90 por ciento me consultó, pero siempre con alegría", dijo el doctor.

Hugo Monetti, rosarino de 27 años, es no vidente y éste fue su segundo cruce. Fue un ejemplo de que se puede, por más que él rechace "ser el centro" y haya sido uno más: "Hay que salir y disfrutar del sol, la vida tiene muchas cosas lindas y no podés vivir pensando lo que te falta", dice Hugo, que percibe la oscuridad del precipicio y la claridad de las montañas.

Siempre con horas de sueño escasas, el domingo llegó el esfuerzo final: llegar a Las Cuevas y subir al Cristo Redentor. Hubo que vadear el río Cuevas, donde los soldados tenían listos sus lazos por si alguien era arrastrado por la corriente. Y en la subida, otra vez hubo que entregarse a las mulas en los tramos con planchones de nieve y pendientes. Si una mula hubiese trastabillado, habría sido casi imposible no rodar con ella. Por eso había que inclinarse hacia el monte, para arrojarse hacia ese lado en caso de necesidad.

Por fin en el Cristo Redentor, con un viento frío implacable, hubo una ceremonia y un encuentro binacional donde se cantaron los himnos de los dos países, con vivas a San Martín y a O'Higgins. También se plantó una piedra traída del cementerio de Darwin en las islas Malvinas. Rodríguez y otros tres miembros del grupo son veteranos de la guerra del 82.

Bajar a Las Cuevas tomó otras dos horas. Allí fue la despedida de las mulas. Tercas, mañosas, desobedientes, muchos igual se habían encariñado. En ese día final hubo una boda: dos expedicionarios, Julio Arias y Fernanda Larreteguy, se casaron allí mismo, en la pequeña capilla de Las Cuevas, minutos después de cruzar los Andes. Los ramos fueron armados por sus compañeros con flores de la montaña.

La asociación que encabeza Rodríguez fue creada en 1996 por el presidente del Instituto Nacional Sanmartiniano, el general retirado Diego Soria. La coordinación de este cruce estuvo a cargo del coronel David Cabrera Rojo.

Pero Rodríguez ya piensa en el próximo escalón: una expedición coordinada que atraviese al mismo tiempo los seis pasos de la Campaña Libertadora. Algo nada fácil, pero tampoco imposible. Lo saben los que ya cruzaron los Andes en mula.

:: Diario La Capital ::  

Rosario, miércoles  15 de enero de 2003


Llegó anoche la expedición sanmartiniana

En medio de un clima de gran emoción, Rosario recibió anoche a los expedicionarios que participaron del V Cruce de los Andes a lomo de mula. La travesía organizada por la Asociación Cultural Sanmartiniana Cuna de la Bandera tuvo este año un condimento extra, ya que una pareja decidió dar el sí matrimonial a 3.150 metros de altura.

La expedición logró cubrir un trayecto de 230 kilómetros a lomo de mula subiendo escarpadas pendientes ubicadas a más de 4.500 metros de altura. Y en el Cristo Redentor, el viento sopló a 80 kilómetros por hora, al tiempo que la temperatura descendió a los 5 grados bajo cero.

El cierre de la expedición fue por demás de emotivo, ya que los jinetes llegaron a Chacabuco (Chile) y se recreó en parte la batalla que libraron en ese lugar las tropas del general San Martín.

Rosario, viernes  10 de enero de 2003

Hoy recrearán el combate de Picheuta
Los 120 jinetes continúan con el cruce de los Andes

"Es una experiencia demoledora". Así definen los expedicionarios el quinto cruce de la Cordillera de los Andes que están realizando desde poco menos de una semana y que fue organizado por la Asociación Cultural Sanmartiniana Cuna de la Bandera. El titular de la institución, Víctor Hugo Rodríguez, anticipó ayer que esta travesía no se volverá a realizar, ya que para el año próximo se está programando un nuevo recorrido que incluirá los seis pasos que atravesó el Padre de la Patria durante su gesta libertadora.
Por primera vez en la historia, ciento veinte civiles están cruzando los Andes. Esta nutrida columna, que tiene una longitud de 500 metros, continuó ayer su ascenso a la alta montaña. Hoy, a las 6, partirán con rumbo a la zona de Polvaredas. Luego de recorrer unos cuantos kilómetros, recrearán la batalla de Picheuta. En el mismo lugar donde el general José de San Martín y sus hombres se enfrentaron con el ejército Realista, los expedicionarios se vestirán con los uniformes de la época y revivirán aquel primer combate.

Hasta ayer, en Uspallata, los expedicionarios recibieron numerosas clases de historia, no sólo vinculadas a la gesta sanmartiniana, sino que también se refirieron a la guerra de Malvinas. Entre los jinetes se encuentran algunos veteranos de ese conflicto bélico, quienes dieron su testimonio y relataron los hechos que les tocó protagonizar en 1982.

Sin dudas, los aventureros ya comenzaron a sentir el rigor de la alta montaña. "Pasaron dos jornadas duras", comentó a La Capital Rodríguez, quien apuntó que cuando la columna acampó en Agua de la Cueva, los expedicionarios durmieron al sereno, como forma de homenaje a las tropas sanmartinianas. Sólo cubiertos con la manta que lleva la mula y a 3 mil metros de altura, amanecieron cubiertos de escarcha. "Para muchos, esa fue la noche más especial de sus vidas", señaló Rodríguez.

El frío de la noche cerrada de la precordillera se contrapone con la ola de calor que afecta la zona durante el día. El clima agreste y las altas temperaturas obligan a los expedicionarios a cubrir sus rostros con pañuelos mientras marchan a lomo de mula por las cornisas montañosas.

Pero en la aventura no todo es historia, fogón, inclemencias del tiempo y espíritu sanmartiniano. Pasado mañana, los expedicionarios serán testigos de una boda. Una pareja de rosarinos que integran las filas de sanmartinianos se casarán en la Capilla del Inca, ubicada en Puente del Inca. Décadas atrás, la pequeña iglesia sobrevivió a un terrible alud que arrasó con todas las demás construcciones de la zona.

Rosario, lunes  6 de enero de 2003


Partieron hacia Los Andes los expedicionistas sanmartinianos


Son 120 y realizarán la travesía de 260 kilómetros a lomo de mula. Entusiasmo entre los excursionistas

Un total de 120 jinetes partieron ayer desde Rosario para realizar el ya tradicional cruce de los Andes en lomo de mula, desandando la ruta que anduvo el general José de San Martín en su campaña libertadora.

Los expedicionistas dejaron la ciudad pasadas las 17.30, cuando partió el ómnibus desde el Monumento a la Bandera. El micro los llevará al Campo Histórico El Plumerillo, en la provincia de Mendoza.

De allí comenzará la travesía por el paso de Uspallata. Llegarán a la estancia La Canota, y desde ese punto tomarán el atajo hacia Agua de la Cueva, a 2.800 metros sobre el nivel del mar. El destino siguiente será Uspallata, desde donde partirán, luego de un día y medio de descanso, a Polvaredas, Puente del Inca y Las Cuevas, la última parada antes de emprender el camino de montaña hasta el Cristo Redentor.

Desde el Cristo llegarán hasta Chile por la Cuesta del Chacabuco, y se reunirán con los expedicionarios del país trasandino para homenajear a San Martín. Quizás allí recuerden los ocho viajes del Padre de la Patria, desde el primero, que comenzó el 17 de enero de 1817 para llevar adelante el Plan Continental, hasta el último, en 1924, cuando volvió a Buenos Aires ya realizada la campaña al Perú y luego de su encentro con Simón Bolívar.
El recorrido suma un total de 260 kilómetros a lomo de mula, a lo largo de los cuales los jinetes sanmartinianos intentarán recrear la epopeya del ejército libertador. No obstante, los organizadores ya dejaron en claro que en esta oportunidad se pondrá el énfasis en las enseñanzas morales del prócer, más que en los aspectos militares de su campaña.

No faltarán los momentos de camaradería:los típicos fogones con guitarreada en el medio de la cordillera.

De todos lados
La mayoría de los expedicionistas hacen la travesía por primera vez. Pablo Tubío, de la Asociación Cultural Sanmartiniana Cuna de la Bandera, comentó que existe un especial interés porque participe siempre gente nueva, de forma de extender la experiencia a más personas.

Y entre los pasajeros del ómnibus que partió ayer no sólo había rosarinos: en esta edición, participan del contingente representantes de Mendoza, Buenos Aires, Corrientes, Formosa, Santa Fe, Córdoba, Santiago del Estero, Salta y Entre Ríos. Nadia Saddi, una santiagueña de 15 años oriunda de la localidad de Frías, ayer estaba exultante. "Quiero conocer todo y me da una emoción grandísima vivir lo mismo que vivió el general San Martín. Además, tengo muchas expectativas en esta experiencia de convivencia con otras personas", comentaba ayer cuando el ómnibus ya estaba por partir.

Es que serán ocho días de trayecto, encuentro con la naturaleza y con la historia, y también un desafío a nivel humano. Suerte