Epopeya de 170 almas en los Andes tras los pasos de San
Martín
Entre el 15 y el 25 de enero 170 hombres y
mujeres realizaron el decimocuarto Cruce de los Andes a
lomo de mula y caballos. Lo hicieron por dos pasos; los
Patos y Uspallata. Estuvieron bajo climas que van de los
35 grados en el día (mientras se cruza el desierto de
piedra y tierra), hasta los 5 grados bajo cero (cuando
se llega a 4.500 metros de altura). Sólo montando esas
inmensidades se comprende la libertad americana y la
lucha por lograrla. Es casi imposible que en esas
piedras se haya desplazado un ejército de 5.000 hombres,
12.000 animales, 22 cañones y pertrechos. Imposible,
pero sucedió.
Los pasos son distintos. Uspallata es un
paso insignia, Los Patos un desafío. En Uspallata al
cruzar se pone en juego la voluntad. Hubo
expedicionarios discapacitados, enfermos y hasta hombres
que estaban en el límite de los 80 años. Igualmente no
es sencillo, pero en la travesía se cruza la ruta
internacional. El trayecto es: Uspallata, Picheuta,
Polvaredas, Paramillo, Puente del Inca y finalmente el
Cristo Redentor. Lo difícil es mantenerse montado.
En Picheuta se realizó un simulacro de
batalla. Colores ocres, grises y verdes son testigos de
una carga de caballería que comanda el jefe de paso,
David Cabrera Rojo, y a quien acompañó en varios tramos
el jefe de la expedición, Víctor Hugo Rodríguez, ambos
directivos de la Asociación Cultural Sanmartiniana Cuna
de la Bandera, que organiza el evento. Uspallata es de
bajo riesgo, pero complicado para quienes no acostumbran
a cabalgar; con alturas como el Paramillo y desfiladeros
cercanos a precipicios de 500 metros.
Caídas de arriba de las mulas, golpes
imprevistos y calor es lo que acompaña cada una de estas
jornadas, que por la noche se calientan aún más en los
fogones. La banda del Regimiento de Infantería amenizó
esta marcha. A medida que avanzaba hacia el Redentor se
encontraron nieve y emociones. Cada uno supo lo que la
montaña guarda y les da. En las alturas se depende de la
gracia y de la suerte. Sobre todo de la suerte.
Los Patos es un paso más difícil; durante
ocho días sólo hay comunicación satelital, no siempre
confiable. Este trayecto fue desde Alvarez Condarco, un
puesto de Gendarmería, atravesando el Peñón. Los Lepes;
Vega de Gallardo, Sardina y el valle de los Patos y
terminó en el hito fronterizo, para volver por la
temible quebrada Honda, luego Manantiales y regresar a
Alvarez Condarco. Ocho días en los que la tierra, el
calor y hasta nevadas intensas pondrán a fuego la
tozudez de 40 expedicionarios, 70 mulas y 11 baquianos.
Los responsables de este cruce fueron
Marcos Giani e Iván Nasatski y la logística la hizo la
empresa Huarpe Expediciones, de Fabián Campusano. Un
baquiano acostumbrado a llevar a europeos y argentinos
por esos infinitos. La comida no es la habitual; guisos
carreros, torta asada, fideos y chivito. Por las noches,
cuecas, zambas y algún tema de rock son parte de las
fríos fogones.
Esto da paso a confesiones en el silencio de
las alturas.
Por dentro
Esta comunidad de 40 almas busca fundirse en
el silencio y la emoción, cansados de cabalgar.
Accidentes hubo varios, un camarógrafo se quebró el
húmero y se dieron caídas de todo tipo. Al cruzar el
espinazo del diablo, más conocido como espinacito, a
3.800 metros sobre el nivel del mar, se desciende con el
caballo a tiro y se baja a pie sobre la piedra. Era
media tarde y un cóndor clavado en el cielo descendió
como ala delta sobre los 51 jinetes, sólo se escuchaba
la respiración agitada y el relinchar de la caballada.
Las cabalgatas se hicieron duras, un
promedio de 8 horas diarias en las que el calor castiga
el alma. En dos oportunidades las mulas se perdieron y
esto retrasó la marcha, llegando a cabalgatas forzadas
en la noche, una de ellas con una luna imposible sobre
el cerro nevado. Se durmió al sereno, con viento frío.
El azul intenso fue la manta precisa. Si Dios hizo el
mundo, es claro que se iluminó con el cielo de los
Andes. El cuerpo duele, las piernas son débiles y los
músculos pesan en esta parte de la tierra. Un día, luego
de 10 horas de marcha, los jinetes fueron parte de las
piedras.
Al promediar la expedición se entregaron
cartas de los familiares y la distancia se convirtió en
pupilas llorosas, la emoción es diaria igual que la
fatiga y la risa asombrada en esta montaña eterna.
Precipicios y hondonadas son el día a día.
Al cuarto día la expedición hizo pie en
Sardina, armando carpas en el valle de Los Patos, los
fríos ríos fueron el baño reparador y de allí se fue al
hito con Chile. El valle de los patos es una gran
llanura verde cruzada por ríos y un tenue viento que se
mete en el cuerpo. Es el lugar de San Martín, el camino
libertador.
Con la fuga de las mulas hubo que hacer
noche en los bajos del Colorado y la impaciencia ganó la
partida. Horas después se encaminó la columna, dolorosa
y cansada al gran desafío, la quebrada de la Honda, un
paso de 3.800 metros en picada profunda. Allí lo que
comenzó como una lluvia fue una fuerte tormenta de
nieve.
La Honda es una bajada de 1.000 metros que
se hace a pie, no hay otra forma de lograrlo, los
mulares se ponen muy nerviosos. Los ojos duelen en la
noche frente a los precipicios. A un costado y muy
abajo, hay dos mulas muertas. Se lleva el caballo de
tiro y con la nieve la piedra tosca es resbaladiza,
igual que el barro de la Honda. Los animales caminan en
falso y atropellan de atrás. El silencio sólo escucha el
viento y el caer de la nieve sobre los expedicionarios.
Los pies fríos se afirman en la roca, el caballo
relincha, las manos se lastiman y se tensan los
cordeles, no hay espacio para la palabra. El único
mandato es el del cerro Aconcagua, que todo lo ve desde
los abismos.
Las cuestas no tienen fin, igual que las
bajadas, finalmente se llega al llano. De allí el
regreso fue mas generoso. Pasaron ocho días de cambios
de planes, de tierra en la boca y de bañarse en aguas
congeladas. Diez días para entender la primera libertad
de América y la obstinación de ese hombre cuestionado;
José de San Martín. Es que la montaña elige a quienes la
desafían.
Las 40 almas llegaron salvas a Alvarez
Condarco, sólo un herido. Las nubes como dragones, como
caballos alados y el viento gritando en los oídos fueron
la compañía, además de las charlas y las risas. Los
hombres ya no son de piedra y sus ojos no olvidarán este
cruce de vidas, a 4.500 metros de todo lo que hasta ese
momento había sido su existencia.
Hace 194 años
El Ejército de los Andes de las Provincias
Unidas del Río de la Plata atravesó la cordillera entre
el 19 de enero y el 8 de febrero de 1817, hace ya 194
años. El cruce, uno de los grandes hitos de la historia
argentina, formó parte del plan que el general José de
San Martín desarrolló para llevar a cabo la expedición
libertadora de Chile y Perú.
Ya está todo preparado para que 100
expedicionarios crucen los Andes a lomo de mula, como lo
hizo el general San Martín en 1817. La mayoría de los
viajeros son de Rosario y sus alrededores. Partirán el
29 de enero. En el marco de los festejos por el
Bicentenario, transitarán dos caminos paralelos: el que
emprendió el general del ejército y el que recorrió
Gregorio de Las Heras. Ambas columnas se unirán en el
Cristo Redentor.
“Este año nos lanzamos a hacer dos trayectos
fundamentales en el cruce de los Andes que atravesaron
más de 5.000 hombres desde Mendoza hasta Chile”, destacó
uno de los organizadores, Marcelo Sobrero. La expedición
está organizada por la Asociación Cultural Sanmartiniana
Cuna de la Bandera, que se propone conocer más
profundamente la historia argentina desde los mismos
caminos que recorrieron los patriotas.
“Se inscribieron 2 mil personas, pero
tuvimos que hacer una selección”, comentó Sobrero.
Quedaron 100 “elegidos” que partirán desde Mendoza hacia
el Cristo Redentor. Una de las filas encarará el camino
de Los Patos y la otra irá por Uspallata. El primero fue
el que atravesó San Martín y el segundo lo hizo Las
Heras. El trayecto durará en total 11 días. Comenzará el
29 de enero y culminará el 8 de febrero.
Evocar la historia. El objetivo fundamental
del viaje es rendir homenaje a quienes lucharon por la
libertad de América. “Queremos rescatar uno de los
hechos más relevantes de nuestra historia, protagonizado
por el Ejército Libertador y enseñar quién fue el Padre
de la Patria”, explicó Sobrero.
Por esta razón, una de las condiciones para
participar de es estar dispuestos a recibir clases en la
cordillera. “Durante el viaje se hacen paradas en los
lugares emblemáticos para conocer qué sucedió hace casi
200 años”, continuó.
“Hay que pensar en que los caminos están
igual que en aquella época —apuntó—, por eso se valora
tanto el esfuerzo que hicieron esos hombres”, recalcó el
coordinador. El viaje brinda una oportunidad para
compartir experiencias con los demás participantes,
aparte de experimentar el contacto con las mulas en
medio de los Andes.
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Museo Histórico y
Militar de Chile
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LUNES
| 28 de enero de 2008
Integrantes de la Asociación Cultural
Sanmartiniana “Cuna de la Bandera” visitaron el MHM
Por Carolina Martínez
Fotografía Paulina Retamal
La Asociación Cultural Sanmartiniana “Cuna de la
Bandera” de Argentina, junto a su presidente Teniente
Coronel (R) Víctor Hugo Rodríguez, visitaron el Museo
Histórico y Militar con el fin de profundizar en la
historia de Chile y su Ejército dándole especial énfasis
a la sala de exhibición que se refiere al Cruce de los
Andes.
La delegación compuesta por 150 personas,
realiza desde hace 10 años la travesía que en el pasado
realizara O´Higgins y San Martín denominado el Cruce de
los Andes. Es así como en un viaje en mula han recorrido
más de 200 kilómetros en un primer tramo de Mendoza al
Cristo redentor y posteriormente desde Los Patos a
Chacabuco. Quince días de viaje que para ellos han sido
toda una aventura.
Es primera vez que este histórico recorrido lo
realizan hasta Chile, y según el presidente de la
Asociación quedaron sorprendidos con el recibimiento del
pueblo chileno en San Felipe, Los Andes y Putaendo,
entre otros lugares. Durante el camino realizaron
diversas exposiciones referentes al histórico hecho y lo
que habían vivido con anterioridad O´Higgins y San
Martín.
Durante su estadía en el edificio Alcázar, los
integrantes de la Asociación recorrieron las 20 salas de
exhibición que contempla la muestra museal y pudieron
conocer de cerca la historia de Chile y su Ejército.
Sobre la Asociación Cultural Sanmartiniana
“Cuna de la Bandera”
Fue creada por el Presidente del Instituto
Nacional Sanmartiniano, General Diego Alejandro Soria,
el 4 de septiembre de 1996. La comisión directiva de la
joven institución, decide entonces producir un hecho
cultural que ponga a prueba su espíritu para emprender
grandes empresas, resolviendo la realización de una
acción que denominan “Expedición Sanmartiniana”.
El proyecto consistía en el traslado de
rosarinos a la provincia de Mendoza para que conozcan
las tierras, donde el Gral. San Martín forjó el Ejército
Libertador. Los expedicionarios visitarían ámbitos y
paisajes que atesoran páginas doradas de la historia
patria argentina.
De esta manera, la Institución aspiraba a que
ellos se impregnaran del espíritu Sanmartiniano,
transformándose en difusores de los valores en
diferentes institutos de educación, vecinales, clubes,
parroquias, asociaciones, entre otros.
El potencial de un hecho Sanmartiniano de
semejantes características, impulsó el avance de
expediciones más complejas a partir del primer Cruce de
los Andes a lomo de mula, hoy después de 10 años están
orgullosos de poder decir que más de 500 jóvenes
argentinos han cruzado los Andes y se han convertido en
embajadores y comunicadores de los valores
sanmartinianos.
Tomando como testimonio espiritual el manifiesto
de la “Orden General del 27 de julio de 1814”, afrontan
los impedimentos logísticos de una empresa de tal
trascendencia y bajo el amparo de la Virgen del Carmen,
Generala del Ejército argentino, bajo cuya protección
ponen sus expediciones por las rutas transitadas por el
“Libertador de América”, siguen avanzando abocados a la
organización de los Cruces que realizan cada año.
Lifschitz llegó al Cristo Redentor, culminando
el cruce que rememora la gesta sanmartiniana
Con un homenaje a José de San Martín en el
Cristo Redentor, banderas de humo desplegadas
desde Argentina y Chile, y un encuentro con los
intendentes de las localidades trasandinas de
Los Andes y Guardia Vieja. Así culminó ayer al
mediodía el intendente Miguel Lifschitz el 9º
cruce de la cordillera a lomo de mula. Y,
siguiendo los pasos del Padre de la Patria,
llegó a más de 4 mil metros de altura junto a
las 95 personas que participaron de la
expedición.
Sin embargo la jornada había
comenzado mucho antes. Los primeros minutos del
día, encontraron al intendente acompañando (en
los coros) la guitarreada que se armó en el
comedor del destacamento militar de Puente del
Inca. Los baqueanos son especialistas para
entonar clásicos telúricos y nadie puede evitar
engancharse, mientras corre el vino en
damajuana. Era la última noche de la travesía y,
aún con el cansancio a cuestas, no había que
perdérsela.
Los jinetes pudieron cumplir
su cometido al mediodía siguiente. Lograron
hacer los últimos 15 kilómetros a lomo de mula y
caballo en algo más de cuatro horas al unir
Puente del Inca y el Cristo Redentor, en el
límite con Chile, a más de 4 mil metros de
altura, donde se haría el último homenaje a San
Martín.
Tras los valores
Este cruce es parte de un proyecto pedagógico
que tiene por objetivo difundir la vida y obra
del Libertador pero fundamentalmente sus valores
Y para lograrlo los expedicionarios
participantes se preparan durante todo el año.
El viaje duró una semana y convocó no sólo a
rosarinos sino a gente de Capital Federal,
Casilda, Mar del Plata, Resistencia, Lobos y
Reconquista, entre otros sitios. "Esta vez se
formó un grupo de siete polluelos de 15 años",
destacó el jefe de la expedición, Víctor Hugo
Chuli Rodríguez. Y, además del intendente
municipal de Rosario, hubo otros cuatro
políticos: un concejal de Reconquista, otro de
San Justo y el jefe comunal de Humberto Primo.
La experiencia sería imposible de realizar sin
el apoyo del Ejército Argentino y del Regimiento
de Infantería de Montaña 16 Cazadores de los
Andes, de Uspallata. Para la travesía se dispuso
un importante movimiento de logística con
camiones, colectivos, ambulancia, helicóptero y
motos, además del personal militar.
Al finalizar el viaje, el jefe de la expedición
se mostró conforme. "La camaradería y el respeto
son fundamentales. Verlo a este hombre en un
colchón sobre el piso como uno más fue un hecho
que se valora mucho", remarcó en referencia al
intendente de Rosario. "Le ofrecimos alguna otra
comodidad y dijo que no", añadió.
Y en relación a los asistentes que acompañaron
el grupo, explicó: "Los guías de montaña son
indispensables, brindan seguridad porque el
clima y el terreno no siempre acompañan". Así,
recordó que en la expedición anterior no se pudo
llegar al objetivo (el Cristo) porque se desató
una tormenta de nieve: "Puede haber 30
centímetros en medio del verano". Las nubes
presentan otro problema, el miércoles a la
mañana en Aguas de la Cueva estaban tan bajas
que lo cubrían todo.
Corolario binacional
El trayecto total tiene 180 kilómetros
atravesando la precordillera llegando al valle
de Uspallata y de ahí hasta al límite con Chile
Precisamente allí, ayer a las 12, en el
corolario de la expedición, se realizó un
encuentro con los intendentes chilenos de Los
Andes y Guardia Vieja, a quienes Lifschitz les
entregó algunos presentes. También había una
delegación del Ejército del país trasandino y se
desplegaron banderas de humo de ambos países.
Coronda (C). - Una joven corondina de
tan sólo 17 años integra la Expedición Sanmartiniana,
que cruza en estos momentos Los Andes. Es Claudina
Luchitta y lo hace a lomo de mula junto a 100
expedicionarios, más el apoyo del ejército.
Esta empresa les llevó
aproximadamente 7 días, estando previsto el final para
hoy domingo, en un emotivo encuentro en el Cristo
Redentor a 4.400 metros de altura.>
Claudina participa de este 9no. cruce de Los Andes y es
alumna de la Escuela Media 201 José Elías Galisteo de
Coronda. Desde muy pequeña abrazó y se interesó por la
causa del General José de San Martín.>
El Litoral se comunicó con los expedicionarios (vía
Internet). Expresaban que a 190 años de la gesta
sanmartiniana, "los jóvenes argentinos queremos rendirle
homenaje al Padre de la Patria, siguiendo los gloriosos
pasos del ejército libertador".>
Con el amparo de la Virgen del Carmen, generala del
Ejército, bajo cuya protección colocamos la expedición,
están cabalgando sobre las rutas que fueran transitadas
por el libertador de América.>
La marcha de
las columnas atravesó hasta el momento planchones de
nieve, precipicios, arroyos y valles. Previamente, todos
los días hubo reuniones matutinas donde se encomiendan a
la virgen, dice un expedicionario, lo que constituye
también una experiencia espiritual enriquecedora.
El intendente Miguel Lifschitz se sumó hoy al cruce de
los Andes a lomo de mula que anualmente organiza la
Asociación Sanmartiniana en homenaje a la gesta del
general José de San Martín.
Lifschitz se encuentra en este momento camino a Puente
del Inca, última parada antes de encarar el ascenso
hasta el Cristo Redentor, en Mendoza, adonde finaliza la
travesía que simboliza el cruce que el Ejército
Libertador realizó hace 190 años.
La expedición partió hoy de Polvaredas, para recorrer
los aproximadamente 32 kilómetros hasta Puente del Inca.
El mandatario local está en el lugar con su hijo, de 15
años, por expresa invitación de los organizadores, que
ya había rechazado en otras oportunidades.
HUMBERTO I (Por Jorge Luis Mezzabarba). - El próximo
lunes, 8 de enero, nuestra localidad estará representada
en el noveno Cruce de los Andes a lomo de mula, y en la
oportunidad será de la partida el Dr. Jorge Mario Ortíz
Zavalla.
Así lo informó a LA OPINION el presidente comunal, quien
formará parte del raid como médico de la expedición, "el
tema es emular en cierta medida el mismo paso utilizado
por el general San Martín en su camino hacia la
liberación de Chile.
Tenemos una rutina pre-establecida que indica el punto
de partida desde El Plumerillo, Agua de la Cueva,
Uspallata, Las Cuevas, Puente del Inca y Cristo
Redentor, hasta el límite internacional con Chile.
La delegación estará conformada por profesionales,
comerciantes, hombres de prensa y en mi caso, tendré la
oportunidad de formar parte de la misma como médico de
la expedición, junto a algunos colegas. Más allá del
ritmo aventura que tiene el proyecto, no deja de ser
interesante saber el recorrido de uno de los hombres más
grandes que tuvo nuestro país, el general San Martín".
FISHERTON
CNN estará presente en el 9º Cruce de Los Andes a lomo
de mula
La "Expedición Sanmartiniana" consiste en el traslado de
un grupo de rosarinos a la provincia de Mendoza para que
conozcan las tierras, donde el General José de San
Martín, forjara el Ejercito Libertador. Gonzalo
Fernández estará informando desde el lugar, los pasos de
la expedición.
Con el apoyo de una Institución Sanmartiniana
mendocina y la invalorable colaboración del
Ejercito Argentino, se desarrollará entre el 8 y
el 16 de enero el "9º Encuentro Interprovincial
Sanmartiniano Rosario - Mendoza" cruce de Los
Andes; junto al Centro de Estudios e
Investigaciones "Libertador General San Martín",
el cual contiene actividades y trabajos
históricos en la montaña, preparatorios a las
jornadas conmemorativas de los 180 años de la
partida del Ejercito de Los Andes y del
Encuentro Nacional Sanmartiniano 1997.
Es de destacar la importancia de tener objetivos
fundamentales en esta expedición, los cuales se
deben tener en cuenta para un mayor
aprovechamiento de la travesía.
"Objetivos Fundamentales"
a-
Rendir homenaje y honrar a los héroes que
lucharon por la libertad de América.
b-
Rescatar uno de los hechos más relevantes de
nuestra historia, protagonizado por el pueblo
argentino y realizado por el ejército del
Libertador.
c-
Producir una acción histórico - cultural que
manifieste el espíritu y la templanza de los
jóvenes estudiantes secundarios y universitarios
de nuestra patria.
d-
Unir la historia de la Nación con la presencia
de los Veteranos de Guerra de Malvinas, quienes
unirán las altas cumbres de los Andes con la
defensa contemporánea del suelo de Malvinas.
e-
Protagonizar, una vez más, la unión entre
oficiales, suboficiales y soldados del glorioso
Ejército Argentino; quienes nos guiarán y
custodiarán en nuestra marcha por el macizo
andino, con jóvenes de instituciones intermedias
de la comunidad.
f-
Contribuir a la unidad latinoamericana,
especialmente con nuestros hermanos peruanos y
chilenos, a fin de afianzar la Unión y la Paz
durante todo el milenio que se ha iniciado.
g-
Brindar la oportunidad a jóvenes estudiantes
secundarios y universitarios, y entidades
intermedias, con elevado y manifiesto espíritu
nacional, de participar en actividades de acción
histórica programadas por el Instituto Nacional
Sanmartiniano y la Asociación Cultural
Sanmartiniana “Cuna de la Bandera”.
h-
Afianzar la identidad nacional de nuestros
jóvenes.
ENERO de 2007
Fisherton CNN en el IX Cruce de Los Andes
Desde Uspallata, en la mitad de la expedición
2007 en la Cordillera de Los Andes, las
distintas experiencias vividas fueron llenando
el espíritu y regocijando el alma de cada uno de
los expedicionarios. Desde el primer día en El
Plumerillo hasta el último punto hasta aquí, en
las montañas donde pasó el ejército del Gral.
San Martín, la sensación fue especial, rara,
distinta.
Inolvidable.
Desde Uspallata; exactamente en la mitad de la
expedición del cruce de Los Andes, en nuestro
día de descanso, hospedados en el Regimiento de
Infantería de Montaña 16 la sensación es
increíble, una experiencia cautivante.
Fueron tres jornadas agotadoras pero llenas de
un fuerte arraigo a nuestras raíces y de un
acercamiento espiritual a un gran prócer de la
Patria como lo fue el General José de San Martín
que hacen olvidar algún cansancio pasajero.
Es difícil establecer un pensamiento comparativo
con aquella época en que el General cruzó la
cordillera para liberar Chile. Se torna
inimaginable lo realizado en aquellos años. Pero
gracias a la Asociación Cultural Sanmartiniana
“Cuna de la Bandera”, que convoca año a año un
número de expedicionarios de todas partes del
país (Rosario, Mar del Plata, Tucumán,
Corrientes, Santa Fe, entre otras muchas
localidades), se puede ir difundiendo el
verdadero valor patriótico.
Los 70 expedicionarios fueron divididos en
patrullas, donde cada una de las divisiones fue
comandada por un Jefe y también fue asignado un
baqueano de RIM 16 para cada grupo.
La organización y el apoyo recibido por ellos
fue inmenso; la seguridad y contención brindada
fue muy importante para todos nosotros. En todo
momento presentes para ayudarnos con los
animales, las monturas, y especialmente el
bienestar personal.
Gonzalo Fernándes de Fisherton CNN con su mula
"La Machi" en plena precordillera.
Todos reunidos con un objetivo común, el
espíritu sanmartiniano; poder rescatar uno de
los hechos más relevantes de nuestra historia,
protagonizado por el pueblo argentino y
realizado por el Ejército del Libertador.
Desde la recepción en El Plumerillo, pasando por
Estancia La Canota donde recibimos instrucción
para la posterior marcha, atravesando la
precordillera, hasta Uspallata, recordando los
desayunos del campamento, las misas, el
izamiento de la bandera, las precisas directivas
del Coronel David Cabrera Rojo, vicepresidente
de la Asociación, el ensillaje de las
mulas, las clases de historia, las cenas, el
fogón final de cada noche; se conjuga un
cúmulo de vivencias resumidas en las
conversaciones que van teniendo los distintos
expedicionarios van haciendo que este cruce,
tenga un sabor especial también.
Un punto a destacar fue cuando hicimos noche en
Agua de la Cueva. Muy fría, pero con la suerte
de no ser tan rigurosa como años anteriores.
Dormimos a la intemperie, con un cielo
estrellado amenazado por un frente de tormenta
que no hizo mella en el ánimo del los
expedicionarios que mantuvimos la motivación de
afrontar los factores climáticos y seguir
adelante.
Desayuno en Agua de la Cueva, luego de una noche
de intenso frío.
En todo momento hay elementos que hacen al cruce
más atractivo. Amanecer con una espesa bruma, la
vigilia de los guanacos en las alturas de los
picos más altos, el vuelo de los cóndores, ver
el Aconcagua al atardecer, la organización y
preparativos del Ejército. En cada partida,
con la Virgen por delante guiando los pasos de
la expedición, seguida por los abanderados y
luego el resto del contingente por detrás, se
fue atravesando la precordillera mendocina con
las ganas, el ímpetu y la renovada ilusión de
cumplir con el deber sanmartiniano de recordar
su historia y su grandeza.
Patrulla 6
- Integrantes de prensa de canal 9 / Osvaldo
Tamagno / Juan Pablo Pagani / Gonzalo Fernández
Recibidos por los pobladores de Uspallata, con
vítores y aplausos, manteniendo vivos los
valores de libertad de este pueblo cuyano, puedo
resumir en una breve crónica que, obviamente no
alcanza para narrar todo lo vivido, pero sí para
que se pueda conocer y difundir a los argentinos
y pensar en recuperar nuestros verdaderos
sentimientos nacionales, y fomentarlos para
construir un gran país quizás el imaginado por
el General José de San Martín.
Aquí se
genera el intenso sentimiento de gritar con
convicción y orgullo “Viva la Patria”, sin temor
ni vergüenza de ser argentinos, trayendo los
recuerdos históricos que aún hoy debemos tener
presentes.
El próximo fin de semana
estaremos concluyendo nuestra crónica del 9º
cruce de Los Andes a lomo de mula, donde
contaremos el último tramo de esta expedición y
las conclusiones finales.
Izamiento de la bandera antes de comenzar la
travesía
Una excelente página de referencia, es
justamente el sitio web de la Asociación
Sanmartiniana “Cuna de la Bandera”:
www.crucedelosandes.com.ar
cuyo equipo trabaja incansablemente para poder
actualizar permanentemente los mejores momentos
de cada expedición.
Cruce de Los Andes a lomo de mula – 2º Parte
Fisherton CNN único
medio rosarino que vivió toda la expedición y
que puede contar la verdadera sensación vivida.
Culminó un nuevo cruce. El resultado final tiene
un factor común: el profundo valor patriótico
que logró incorporar la Asociación Sanmartiniana
Cuna de la Bandera, en el corazón de cada uno de
los expedicionarios. La misión ahora es
difundirlo para que cada vez más argentinos
conozcan nuestra historia y honrar nuestro
pasado.
La expedición continuó con la reafirmación
permanente de los valores patrióticos, en la
travesía del territorio montañoso. Siempre
con la convicción de tener vivo el espíritu
sanmartiniano, los expedicionarios se fueron
fortaleciendo con el claro objetivo de alcanzar
el Cristo Redentor, en la frontera con Chile,
paso estratégico en la historia del General San
Martín; y un punto importante de nuestra propia
historia.
Luego del día de descanso en
Uspallata, comenzaba a desandarse el Cruce de
Los Andes.
Comenzaría otra extensa jornada, esta vez serían
48 km de marcha, pasando por Picheuta hasta
llegar a Polvaredas. Precisamente en
Picheuta, se hizo la representación,
protagonizada por un puñado de expedicionarios
perfectamente caracterizados entre granaderos y
realistas, de lo que fue la batalla en la que el
Libertador tuvo su primer “parcial revés” frente
a tropas enemigas. Parcial revés, por el escape
de un granadero, que pudo comunicar este
acontecimiento al General y poder obrar en
consecuencia.
Representación de la Batalla de Picheuta
donde los granaderos del General San Martín se
vieron sorprendidos por los realistas.
Afortunadamente uno logró escapar para alertar
lo sucedido.
Además, de esta puesta en escena, la presencia
ya del intendente de Rosario, Miguel Lifschitz,
como un sanmartiniano más, marcó otro punto
importante a esta jornada especial.
Reconociendo la importancia de esta visita, el
intendente se mostró como una persona común;
como todos y como lo es habitualmente, inmerso
en un ámbito fuera de la coyuntura política
diaria, lo que le permitió disfrutar junto a su
hijo Federico, esta increíble expedición.
Miguel Lifschitz - Intendente de Rosario, un
sanmartiniano que se alejó del escenario
político para disfrutar el último tramo
del Cruce de Los Andes
La marcha continuó. El apoyo de los baqueanos y
colaboradores daban la contención necesaria a la
tropa. Las emociones y comentarios variados de
los expedicionarios iban creciendo.
El
cansancio siempre presente, pero ya no
molestaba.
El paso de las mulas por caminos de precipicio y
el cruce de un río de correntada importante,
aumentaban la adrenalina de todos.
Los expedicionarios cruzaron el Río Mendoza para
continuar camino hacia el Cristo.
Noche
en Polvaredas, en una estación de trenes bella y
vieja, pero lamentablemente abandonada. Algunos
en pabellones, otros en vagones abandonados;
pero antes, la alegría del magnífico canto del
cocinero de la expedición, y de Pizarro, fuerte
referente del Regimiento de Montaña, que cerraba
todas las noches acompañados por el acorde de
guitarras.
La comida elaborada fue excelente. El mismo
cocinero de la expedición, un gran cantante que
luego de la cena entonaba un cálido repertorio.
Estación de trenes en Polvaredas, abandonada.
Para ese entonces, un valorado resguardo para la
expedición.
El factor común: la sonrisa y alegría de todos
los que iban buscando también su propia
enseñanza; enriquecida por cada clase de
historia que se fue dando como actividad
complementaria de cada día.
Diana y desayuno de por medio; partiendo para
Puente de Inca, y luego hacia Las Cuevas, los
corazones latían con mayor intensidad.
Sin dejar de pensar en la gesta del General San
Martín, ya se entremezclaban sentimientos entre
históricos y personales. Se sabía que el ascenso
para ver el Cristo Redentor estaba cada vez más
cerca, lo que incrementaba la ansiedad.
Clase de historia sobre el Gral. San Martín,
dictada por el profesor Ismael Pozzi Albornoz.
Siempre encabezados por la Virgen, que guiaba
nuestros pasos, y las banderas de los países que
fueron símbolo de la libertad de aquellos países
sudamericanos, comenzó el camino ascendente
después de dejar atrás el arco típico de Las
Cuevas.
Siempre formados en dos columnas, despacio pero
sin pausas se ganaron los metros de altura que
nos encontraría con el Cristo. El Cristo
Redentor y la bandera Argentina. Máximos
exponentes de una travesía que será inolvidable.
Las cámaras fotográficas no descansaban en su
eterno disparar para captar cada momento, cada
imagen, pero claro está, imposible de narrar lo
que se percibía, ni los sentidos particulares.
Finalmente, y luego de ladear la cordillera por
varios kilómetros, apareciendo en su total
magnitud, nos rendimos ante la majestuosa e
imponente imagen del Cristo Redentor.
En ese momento, en ese lugar, se soltó la
emoción más pura, la más buscada, la que brotaba
naturalmente de cada corazón argentino, donde
todos los expedicionarios se abrazaron, sabiendo
que el objetivo de cruzar Los Andes que se buscó
durante mucho tiempo atrás, se cerraba con el
final más querido.
Allí, las autoridades de la Asociación
Sanmartiniana Cuna de la Bandera, junto con una
Asociación afín a la nuestra de Chile,
realizaron un acto en conmemoración a la
reafirmación y reconocimiento una vez más del
General San Martín.
El “Viva la Patria” se pudo escuchar una y otra
vez, pero sentido, entendiendo verdaderamente la
importancia de lo que se gritaba.
El regreso a Uspallata, fue un recuerdo, fue el
murmullo de cada sensación y vivencia de los
expedicionarios era lo que se observaba. La
satisfacción y el orgullo de haber participado
en esta experiencia difícil de contar y de
explicar, pero con la obligación firme de
difundirla es lo que se lleva de estas tierras.
Una vez en el Regimiento de Infantería de
Montaña 16, se procedió al cierre del IX Cruce
de Los Andes a lomo de mula, con la entrega de
diplomas y reconocimiento a cada una de las
partecitas que conformaron este exitoso e
inolvidable cruce.
Gonzalo Fernández de Fisherton CNN - único
medio de Rosario - contó las vivencias del IX
Cruce de Los Andes que se iban sucediendo, desde
el comienzo hasta el final.
Fisherton CNN
fue el único medio de comunicación rosarino
presente desde el comienzo al fin del Cruce de
Los Andes. El único que puede contar todos los
detalles de la expedición; y quiere agradecer
una vez más a las autoridades de la Asociación
Sanmartiniana Cuna de la Bandera, en particular
a su Presidente, Víctor Hugo Rodriguez, por la
invitación a nuestra emisora; y a todo ese
“batallón” de colaboradores que estuvieron
incansablemente a disposición de la seguridad y
contención de los expedicionarios. Al RIM 16,
especialmente a los baqueanos que nos
acompañaron durante todos esos días difíciles,
sin querer olvidar a ninguno, claro que el
cocinero de la expedición fue también
importante, la permanente presencia del personal
de la Cruz Roja. Y al extraordinario grupo de
expedicionarios que empujaron siempre para
adelante, y que demostraron el entusiasmo y el
compañerismo en todo momento, sabiendo de la
afinidad más con unos que con otros pero que si
una mula se caía era la mula de todos, y que si
uno se desanimaba el otro estaba firme al lado
para levantarlo.
¡Gracias a todos!
Ahora si puedo gritar con profunda convicción,
“VIVA LA PATRIA”.
Conozcamos nuestra historia, vale la pena.
Para finalizar hacer referencia al sitio web de
la Asociación Sanmartiniana Cuna de la Bandera,
www.crucedelosandes.com.ar
donde se puede obtener información relacionada.
EXPEDICIONARIOS DEL IX CRUCE DE LOS ANDES A LOMO
DE MULA
PATRULLA 1
Pidone, Guillermo Sanabria, Juan
Salto,Raquel Maggi, Graciela
Rosales, Gladis Quiroga, Roberto
Pbtro. Pedro Peñalba -Sacerdote-
PATRULLA
2
Firman, Hugo Juan Fredes, Miguel A.
Machado, Martin Jacinto, Oscar
Antonio Kisko, Diego Manuel Ortiz
Zavalla, Jorge Terré, Ricardo
PATRULLA 3
Azzarello, Sebastián Spini, Norma
Couvert, Ma Eugenia Bueno, Eduardo
Di Franco, Nestor Mauro, Georgina
Bilbao, Javier
PATRULLA
4
Dubini, Emanuel Mastandrea, Sandra
Rodriguez, Celeste Speerli, Marcela
Lucchita, Claudinia Radyna, Noelia
Tamagno, Paula Alvarez, Juan Ignacio
PATRULLA 5
D´Orsi, Eliana Micaela Di Santo,
Carina
Rey, María Laura Sanchez Almeyda,
Marina Casares, María Cintia Rivas
Terrada, Ivana Malén
PATRULLA 6
Albarenque, Claudio - canal 9
Tamagno, Osvaldo
Víctor - camarógrafo canal 9 Renzo -
Canal 9 Fernández, Gonzalo –
FISHERTON CNN Pagani, Juan Pablo
Bassi, Juan Pablo
PATRULLA 7
Lagorio, Esteban
Costas, Fernando
Altamiranda, Hugo Bustamante, Nicolás
Bustamante, Manuel Vargas, Gastón
PATRULLA 8
Chu Ke Shin
Sallenave, Felipe
Chiappe, Miguel Sen, Claudia
Gomez, Diego Preciante, Alberto
Altamiranda, Jorge Maximiliano
Catalano, Cristina Frías, Noemí
Rivas, Rubén
PATRULLA 9
Peretti, Gloria
Conti, Cristina
Gabbin y Gimigliano, Graciela
Scovenna, Gladis Olcese, Marcelo
Ugartemendia, Sebastián Di Fazio,
Marcos Perez Ambrosia, Eduardo
Grosso, Osvaldo Galbarino, Juan
Hace 189 años, los más de 5.000 hombres que
integraban las tropas del General atravesaban la
cadena montañoza. Desde el lunes más de 100
jinetes recorren el mismo camino que el Ejército
Libertador
Hace 189 años, los más de 5.000 hombres que
integraban las tropas del general José de San
Martín iniciaban el cruce de la Cordillera de
los Andes. Desde el lunes más de 100 jinetes
recorren el mismo camino que el Ejército
Libertador en el VIII Cruce de los Andes a Lomo
de Mula.
Los expedicionarios, unos 100 docentes,
estudiantes, veteranos de guerra y profesionales
de diversas áreas, de ambos sexos, cuentan con
el apoyo de medio centenar de integrantes del
Ejército. En total recorrerán más 200 kilómetros
entre Canotas y el Cristo Redentor.
La travesía, que dura ocho días -San Martín
tardó 21-, es organizada por la Asociación
Cultural Sanmartiniana. Según informó la
asociación, la expedición partió del "Campo
Histórico El Plumerillo", el mismo lugar en el
que San Martín preparó a su ejército antes de
cruzar la Cordillera.
El comunicado agrega que la primera jornada de
cabalgata finalizó con éxito en Agua de la Cueva
donde los jine tes descansaron en medio de la
montaña a la luz de la luna. La expedición
continuará transitando el camino del Ejército
Libertador y pasará por Uspallata, Picheuta,
Polvaredas, Punta de vaca, Los Penitentes,
Cuevas para fianlemnte llegar al Cristo
Redentor.
UNA TRAVESÍA QUE REALIZARÁN POR SEGUNDA VEZ, EN
HOMENAJE AL CAMINO RECORRIDO POR EL LIBERTADOR
JOSÉ DE SAN MARTÍN
Gabriela y Yanina volverán a revivir el cruce de
Los Andes
Gabriela Van Der Horst y Yanina Bordenave
partirán hoy a Mendoza para revivir la epopeya
sanmartiniana del cruce de Los Andes, travesía
que ya habían realizado en enero de 2005, tras
la cual recorrieron en Madryn al menos cinco
escuelas contando la experiencia a 1.400
alumnos.
El viaje de los
deseos
En esta ocasión, la
segunda desde que se animaron a cruzar Los
Andes, tal como lo había hecho San Martín, las
dos mujeres madrynenses llevarán consigo no sólo
las ansias de volver a pasar por la historia de
nuestro país, sino que también llevarán los
cerca de 400 deseos que recogieron en las
escuelas visitadas. El viaje, del que
volverán el próximo 25 de enero, al igual que el
anterior, tendrá como objetivo el paso por
Uspallata, expedición en la que irán depositando
los deseos pedidos por los chicos de las
escuelas 710, 775, 728, 42 y 158.
Un camino que recorrerán
junto a otras 70 personas de todo el país
dispuestas a reencontrarse con la memoria viva
de una de las seis rutas recorridas por el
ejército libertario.
Convocadas por la
Asociación Cultural Sanmartiniana de Rosario,
que viene realizando las réplicas de la epopeya
desde hace siete años, se trata de una aventura
enmarcada en un “proyecto histórico, pedagógico,
cultural”, en el que cualquiera que esté bien
preparado puede participar en pos de revivir los
valores y deseos que impulsaron a San Martín a
lo largo de su vida.
Yanina recordó: “Es una
apuesta en la que nos ocurrieron cosas muy
lindas, como el poder interpretar las clases de
historia que nos brindaron en cada lugar del
cruce por el que había pasado San Martín. Algo
que –aseguró- fue como estar en el mismo lugar y
en el mismo momento que estuvo San Martín”.
Una apuesta que desde el
punto de vista de Gabriela, les dio lugar “para
rescatar montones de cosas que se están
perdiendo, como no lograr tomar realmente
conciencia de lo que somos los argentinos”.
Una experiencia en la que
volverán a valorar “a un héroe como San Martín,
que durante toda su vida, desde los 13 años, se
preparó para cumplir su sueño: cruzar la
cordillera para liberar a América”. Ideal que
las mujeres interpretaron desde la posibilidad
de cumplir con un ideal: “Lo que nosotros
queramos lo lograremos preparándonos para lo que
creemos, para cumplir nuestro sueño”.
20
de Enero de 2006 - DIARIO HOY – LA PLATA
El Cruce de los Andes en mula arribará al Cristo
Redentor
La
expedición, organizada por la Asociación
Sanmartiniana de Rosario "Cuna de la
Bandera" junto al Ejército argentino,
partió el lunes pasado del Campo
Histórico "El Plumerillo" para recorrer
180 kilómetros en seis días.
El domingo arribará al Cristo Redentor la octava
edición del Cruce de los Andes a lomo de mula,
con el mismo itinerario que siguió en 1817 la
columna del general Gregorio Las Heras en la
campaña a Chile.
Integran el grupo 75 jinetes y 35
expedicionarios a pie de la Asociación, entre
mujeres y hombres provenientes de diversos
puntos del país y con edades que van de los 18 a
los 70 años, así como un militar venezolano
especialmente invitado.
Después de pasar por el límite internacional
sobre el Paso Bermejo, en el Cristo Redentor la
expedición rendirá culto a la Virgen del
Rosario, cuya imagen es transportada por una
mula junto a una réplica del sable corvo del
General San Martín.
El Regimiento de Infantería de Montaña 16
"Cazadores de los Andes" participa con 20
militares guías-baqueanos, además de brindar el
apoyo logístico a la travesía, informó el
Ejército.
Este año, los organizadores solicitaron
especialmente la participación de un oficial del
Ejército de Venezuela, que designó al capitán
Luis Codallo, de la 35 Brigada de Policía
Militar "Libertador General San Martín".
La presencia del oficial venezolano expresa "los
sobresalientes lazos de amistad que ligan a
ambos pueblos y sus ejércitos, desde las guerras
por la independencia sudamericana liderada por
los dos grandes Libertadores de América", José
de San Martín y Simón Bolivar, concluyó el texto
informativo.
::
Diario
La Capital
::
Domingo, 10 de Agosto de
2003
Para revivir la epopeya del Libertador San Martín El
próximo domingo se conmemora un nuevo aniversario de la
muerte del general José de San Martín,que en 1817
comandó el cruce de los Andes. Tras los pasos del
Libertador
Un sueño de libertad que se convirtió en una de las
epopeyas más notables de la historia de la humanidad.
Sin puentes, ruta asfaltada ni túneles que atravesaran
las montañas, el general José de San Martín y sus tropas
cruzaron la cordillera de los Andes. Las seis columnas
de la avanzada criolla partieron desde la región cuyana
con destino a Santiago de Chile. La exigente travesía se
desarrolló por senderos de cornisa y utilizando mulas
para transportar la artillería pesada. A más de 180 años
del cruce histórico, las Rutas Sanmartinianas proponen
seguir los pasos del ejército criollo que logró liberar
a los pueblos latinoamericanos de la corona española.
El próximo domingo, 17 de agosto, se conmemora un nuevo
aniversario del fallecimiento del general José de San
Martín. ¿Se anima a ensillar una mula para revivir la
epopeya libertadora? No hay tiempo que perder,
comencemos a galopar por las empinadas pendientes de la
cordillera.
Seis
rutas
Debido a las crudas condiciones climáticas del invierno
andino el plan de invasión que ideó San Martín se inició
en enero de 1817 a través de seis pasos andinos
simultáneos. Hoy es posible revivir la travesía
participando del cruce de la cordillera que organiza la
Asociación Cultural Sanmartiniana Cuna de la Bandera
desde hace unos años. El próximo mes de enero se
realizará el "6º cruce de los Andes a lomo de mula por
los 6 pasos".
De esta manera se atravesarán todas las rutas utilizadas
por el general San Martín en su campaña libertadora, en
un hecho sin precedentes en el mundo. Un cruce jamás
realizado desde 1817. El objetivo es desandar los mismos
pasos andinos que se extienden a través de las
provincias de Mendoza y San Juan, a lo largo de 750
kilómetros sobre la frontera con Chile.
Luego todos los expedicionarios se dirigirán al Cristo
Redentor para compartir la ceremonia final. Se estima
que podrán intervenir 250 jinetes. El costo aproximado
de la expedición será de $ 1.000 por persona.
Un dato evidencia la proeza del cruce original. En plena
cordillera y durante las noches de verano las
temperaturas llegan a los 15 y 20 grados bajo cero.
Incluso durante el día las marcas térmicas descienden
hasta los -2. En estas condiciones climáticas los
criollos tuvieron que dormir a lo arriero durante varias
noches, usando por cama la montura y el poncho.
Para protegerse del frío se adoptaron estrategias
acertadas, entre ellas, la de confeccionar calzados para
abrigar los pies. Fueron hechos con desperdicios de
cuero de las reses y estaban forrados en el interior con
trapos de lana.
También se suministró abrigos a los animales que
participaron de la travesía. Los caballos, mulas y vacas
lucían la llamada enjalina chilena o abrigo forrado en
pieles. Las protecciones forradas de paja fueron
desechadas debido al peligro de que los animales las
comieran por la falta de otra alimentación en el
trayecto.
Hoy quienes pretenden seguir los pasos del ejército
Libertador disponen de un sofisticado equipo. Botas de
trekking, guantes, polar y bolsas de dormir térmicas son
algunos de los elementos diseñados especialmente para
los amantes del turismo aventura, infaltables en esta
excursión andina.
A más de 180 años del histórico cruce existe la
oportunidad de revivir la odisea. La silueta de los
Andes, el cielo azul infinito y los cóndores que dibujan
círculos en el aire enmarcan un paseo cargado de
emociones, por este paraje agreste, donde se abrió un
sendero de libertad.
Ocho
cruces andinos
Los viajes realizados por San Martín cruzando la
cordillera de los Andes fueron ocho. El primero, comenzó
en enero de 1817, y fue consecuencia de la planificación
y ejecución del denominado Plan Continental, cuyo
objetivo era liberar a los pueblos de Chile y Perú. Las
diferentes filas fueron saliendo simultáneamente en
distintos días y San Martín partió por primera vez desde
El Plumerillo. Cumplimentar el objetivo demandó varios
cruces andinos. Finalmente tras obtener la libertad del
pueblo peruano y de encontrarse con Simón Bolívar
decidió regresar a Buenos Aires. En 1824 emprendió su
octavo y último cruce por el macizo andino.
En mula por la cordillera
Claudio Berón / La Capital
¿Es el viento el dueño de lo que sucede en la montaña? o
¿son los cóndores que miran pasar a los hombres? Lo
cierto es que cuando la Argentina no era país, por estos
picos pasó un ejército para luchar por un continente.
Es enero, como hace un siglo y medio, el ritual de los
hombres atravesando las montañas se repite, para eso
están los Andes, para desafiarlos. Los guanacos ya no
escuchan los ruidos de las armas ni el vozarrón de los
cañones, ni siguen atentos la fila de uniformes azules,
de curtidos granaderos.
Todos los años una caravana conformada por unas 200
personas recorre los Andes en busca de los fantasmas de
los granaderos de San Martín; duermen al sereno; comen
guiso carrero y cabalgan en mulas. La larga marcha tarda
diez días y el Regimiento de Montaña pone a sus mejores
baqueanos a disposición de la expedición.
En este verano del 2003, hombres y mujeres vuelven a
caminar por las piedras y recorren los senderos. Los
sentidos se confunden entre la soledad, el frío de la
noche y el calor de los mediodías eternos.
Aventura, curiosidad, descubrimiento; sensaciones
diversas empujan la fila india, por momentos un silencio
se impone entre los hombres de a caballo, de pronto una
canción, un grito patriótico o un galope corto distraen
a los que marchan.
Las montañas enmarcan, con sus picos eternos y blancos,
la caravana que atraviesa los valles y las pampas
andinas, mientras un cóndor amanecido sobrevuela las
mulas y los soles castigan la piel de los que buscan la
historia.
En esos días de marcha, los expedicionarios cruzarán
puentes de piedra, conocerán un poco de la vida del Gran
Capitán y sentirán en sus huesos el cansancio y en sus
manos el coraje de aquellos soldados, pero no hay armas,
sólo emociones.
Los lugares a recorrer son los mismos: Plumerillos, la
estancia de Canotas, Puente del Inca, Polvaredas, Punta
de Vaca y la alta montaña, donde los parajes tienen el
nombre de los anónimos que trasladan hacienda entre los
cerros y los baqueanos que recorren estas inmensidades.
En las mañanas el cielo es azul, al mediodía celeste y
por la noche todo lo invade. Las nubes están cerca y
raras veces quienes comparten esta experiencia podrán
estar nuevamente justo en el medio, entre el cielo y las
piedras.
Los precipicios bordean los caminos sinuosos, los
grandes ríos de llanura que nacen en los Andes traen el
deshielo de las altas cumbres y a las mulas les cuesta
badearlos.
Los fogones nocturnos son la hora del descanso y de
compartir las vivencias de las 10 o 12 horas a lomo de
mula. Tonadas cuyanas, chacareras y un buen vinito
mendocino convocará a las historias de montaña, los
muertos del Aconcagua, los milagros de los viajes y
hasta alguna antigua gesta de la independencia.
Después de esa marcha de pasiones, la expedición llega
al Cristo Redentor. Las mulas suben los caminos del
cerro y un viento helado lastima la cara. En el Cristo
las lenguas de hielo complicarán la cabalgata, pero
después de diez días los expedicionarios ya son expertos
jinetes.
Al fin, la cruz de los Andes se levanta imponente entre
las nubes y los picos nevados, y en ese instante, para
los que se aventuraron a la montaña, el cruce del
Ejército Libertador toma la forma del coraje y la
hazaña.
::
Diario
Clarín
::
Domingo 12 de enero de 2003
140 KILOMETROS A TRAVES DE LA CORDILLERA
Cruce de los Andes: una semana a lomo de mula y
mate cocido por el duro camino que siguió San
Martín
En
enero de 1817 el ejército sanmartiniano cruzó la
cordillera. Un periodista de Clarín participa de
una expedición que evoca esa gesta de la
Independencia.
Guido Braslavsky. DE LA REDACCION DE
CLARIN
La columna avanza por la pampa de Canota y
parece pequeña en esa planicie interminable, a
2.900 metros de altura, techo de la
precordillera. Desde las crestas de los cerros
espían varios guanacos, tan curiosos como
asustadizos. Un choique, el ñandú de la zona,
aparece a la carrera por el llano y dos jinetes
baqueanos se lanzan a perseguirlo, sólo por
divertirse. Promedia la primera jornada del
cruce de los Andes a lomo de mula, por la ruta
sanmartiniana de Uspallata, la misma que empleó
el general Gregorio de las Heras al frente de su
columna del Ejército de los Andes. Es el quinto
cruce que organiza la Asociación Cultural
Sanmartiniana de Rosario desde 1997. Pero es
el más numeroso realizado por civiles desde
aquella gesta de la Independencia. El primer
objetivo es Las Cuevas, adonde se llegará hoy
luego de recorrer unos 140 kilómetros a lomo
de mula en una semana, con un día de
descanso en el medio. El tramo final hasta la
cuesta de Chacabuco, donde se libró una batalla
decisiva de la Independencia, se hará mañana en
ómnibus, ya que no se puede cruzar a Chile con
el ganado.
Somos 84 "expedicionarios" y el grupo se eleva a
109 contando a los jinetes militares y baqueanos
del Regimiento de Infantería de Montaña 16 de
Uspallata, sin cuyo apoyo la empresa sería
irrealizable. En fila, de a uno, subiendo el
angosto camino entre dos cerros, la columna
alcanza quinientos metros de extensión.
El lunes hubo una ceremonia de partida en el
campo histórico de El Plumerillo, donde San
Martín organizó su Ejército. La mayoría de los
expedicionarios llegó de Rosario; el resto de
Buenos Aires, Córdoba, Corrientes, Tucumán,
Mendoza, Santiago del Estero, Salta, Formosa y
del interior de Santa Fe. Al mediodía llegamos
al viejo casco de la estancia Canota, 30
kilómetros al noroeste de Mendoza. Fue un día de
familiarizarse con eso de caminar entre el olor
y la bosta de las mulas. Por la tarde se
distribuyeron los animales y se formaron once
patrullas, cada una con un jefe experimentado.
Más del 60 por ciento no había cabalgado nunca.
Los dolores en las piernas —y no en la cola como
podría creerse— pronto darán cuenta de ello. En
la aventura están representadas todas las
edades, desde 15 a 67 años. Y casi un
tercio son mujeres.
El primer contacto con los animales confirma la
sabiduría de tantas populares comparaciones: ser
terco como una mula, loco como una mula, patear
como una mula. No vale hablarles para demostrar
que se es amigo, o llamarlas por sus nombres:
Lola, Carolina, Haragán, Alf. Tampoco parece
amilanarlas demasiado el rigor del rebenque.
Hacen más bien lo que se les canta y si la cosa
se pone brava, están los baqueanos para ponerlas
en vereda. Pero los defectos de estos híbridos
de yegua y burro se compensan con sus virtudes:
son resistentes, trepan adonde parece
impensable, pisan seguras en todo terreno y
perciben el peligro. Parece mentira que con
semejante instinto no les importe si llevan un
ser humano o cajones de fruta.
Después de un día de ansiedad con noche de fogón
bajo las estrellas, el martes hubo diana a las
6.30, mate cocido con pan y dulce de leche y se
despacharon los equipajes en un camión de apoyo
del Ejército. Para la jornada, sólo lo
indispensable en una alforja, esto es, la ración
fría para el almuerzo y una cantimplora. A las
9.30 empieza el cruce en Canota, a 1.400 metros,
rumbo a Agua de la Cueva, a casi 3.100.
Pronto queda claro que cruzar los Andes en mula
no es hacer castillos de arena junto al mar.
Las mulas, asustadizas, mañosas e impredecibles
tiran a dos compañeros. Las caídas no pasan del
susto pero la mañana se transforma en un picnic
de derribos, que llegan a siete en total. Uno lo
protagoniza este cronista, que venía meditando
cómo dominar al animal en caso de que se
espante. Pero a la hora de la verdad no hay
tiempo ni de darse cuenta: otra mula
pateadora hace lo suyo y en una fracción de
segundo estaba en el suelo. Por suerte, la
caída fue en el centro de una jarilla, un
arbusto tupido con ramitas delgadas que
amortiguaron el aterrizaje. "No puede ser, tres
de las mulas que tiraron son de calesita", se
quejó el teniente primero Iván Argüelles Benett.
Rodríguez bramó exigiendo precaución.
Almorzamos en una quebrada, junto a una
vertiente. En todo momento del cruce hay clases
de historia sobre episodios de la vida de San
Martín y allí, bajo un solazo que partía, Miguel
Brusasca cautivó a todos con su relato del
sargento Cabral. Contó que era hijo natural de
una esclava negra de la hacienda de los Cabral,
en Saladas, Corrientes. Analfabeto, fue
reclutado cuando San Martín formó el Regimiento
de Granaderos. El 3 de febrero de 1813, en el
combate de San Lorenzo, rescató junto al soldado
Baigorria a San Martín de debajo de su caballo
herido por la metralla, y en ese momento fue
atravesado por un bayonetazo. "Murió en el
refectorio del convento pocas horas después.
Nunca pudo haber dicho 'Muero contento, hemos
batido al enemigo' en ese español castizo
que cuenta la historia oficial. Si tuvo últimas
palabras fue en guaraní, su idioma".
Tras una jornada agotadora, luego de atravesar
la desértica pampa de Canota, ascendimos una
última cuesta y por primera vez aparecieron, a
lo lejos, las altas cumbres de la cordillera con
el Aconcagua en el centro. En Agua de la Cueva
hay un par de pozos de agua, únicos en toda el
área. Se supone que allí abrevaron los animales
de la columna de Las Heras y también los que
iban con San Martín cuando viajó a Uspallata
para encontrarse en el valle con los derrotados
de Rancagua.
"El cruce es como un túnel del tiempo, es mucho
más que una película o un libro", dice Rubén
Omar Sosa, pediatra de Casa Cuna y
expedicionario junto a su mujer. "Me pregunto
cómo habrán hecho Paroissien y Argerich, los
médicos del Ejército de los Andes", agrega. Sosa
vino como uno más pero terminó siendo el médico
de la expedición porque a último momento el
previsto debió bajarse. En Agua de la Cueva
atendió 26 consultas, la mayoría por baja
presión y cefaleas, efectos típicos de la
altura y del cansancio. También decidió evacuar
a un expedicionario con hipertensión, provocada
por correr la mula que se le había soltado. A
tres mil metros no conviene hacer olas.
El guiso caliente preparado por la cocina del
Ejército es un manjar. Se duerme al aire
libre al modo de los arrieros, usando de
colchón la manta matra, el pellón y el cuero de
las monturas. De cara al cielo estrellado como
sólo se ve en la montaña. Los 33 grados del
día bajaron a casi cero en la madrugada.
Amanecimos cubiertos de escarcha y no del todo
descansados.
El camino a Uspallata es amplio, polvoriento y
en descenso. Es miércoles y el grupo sabe que le
espera el descanso en el Regimiento, una ducha,
una cama y agua con sólo abrir la canilla. Pero
antes hay que llegar...
Cinco jóvenes parten a pie, como homenaje a los
infantes del ejército sanmartiniano, que así lo
hicieron porque no alcanzaban los animales
para todos. Los que van en mula sienten que
apuran el paso, ya que saben que vuelven a casa.
Son 32 kilómetros bajo un sol demoledor. Duelen
piernas y rodillas. El calor seco marea. Un
pañuelo se desprende de una cabeza y las mulas
se pegan una espantada, pero ya hay más dominio
y todo vuelve a su cauce.
Por fin, a la vista, el verde valle de
Uspallata: "Parecía la tierra prometida, un
oasis al que no llegábamos nunca", comentará
después Jorgelina Córdoba, rosarina, 56 años.
Vino sola al cruce "porque los hombres de la
familia arrugaron", dice divertida. La entrada
va encabezada por las banderas argentina y del
Ejército de los Andes, las de Chile, Perú y la
provincia de Santa Fe de los organizadores. La
expedición es recibida por una banda militar y
gente del pueblo. Están todos contentos.
El paso de Uspallata es uno de los seis que
empleó San Martín con su Ejército de 5 mil
hombres, 16 mil mulas y 1.600 caballos.. El
jueves está destinado al descanso y para el
viernes se esperan días duros, de largas marchas
por la montaña y noches frías. Estamos mucho más
cerca.
INFORME ESPECIAL: CRUCE DE LOS ANDES
Precipicios y un río furioso, última etapa del camino de
San Martín
La expedición que emula la gesta del Ejército de los
Andes llegó a Chile después de una semana a lomo de
mula. Un periodista de Clarín, parte de la travesía.
Guido Braslavsky. DE LA
REDACCION DE CLARIN.
Detrás
quedaron los peligrosos planchones de nieve, las
pendientes de cuarenta y cinco grados y los senderos de
ni medio metro de ancho que asoman a precipicios donde
conviene no mirar. El final del camino, después de una
semana de marcha demoledora, está a metros: el Cristo
Redentor, a 4.200 metros de altura, justo en el límite
con Chile.
El domingo pasado terminó allí el quinto Cruce de los
Andes a lomo de mula organizado por la Asociación
Cultural Sanmartiniana de Rosario. Unos doscientos
kilómetros por la ruta sanmartiniana de Uspallata, que
empleó el entonces coronel Gregorio de Las Heras al
frente de su columna del Ejército de los Andes. La
expedición se había iniciado el lunes en la estancia
Canota, al pie de la precordillera.
CAMINO A CHILE.
LAS BANDERAS ARGENTINA Y CHILENA ENCABEZARON LA
EXPEDICION. FUERON DOSCIENTOS KILOMETROS DURANTE SIETE
DIAS. (Foto: Coco Yañez)
Ochenta y cuatro expedicionarios de todas las edades,
con el apoyo del Ejército Argentino y el Regimiento de
Infantería de Montaña 16 de Uspallata (RIM16), rindieron
así un homenaje a la gesta del Ejército de los Andes.
Como parte del simbolismo del cruce, la marcha fue
encabezada por un soldado patricio y otro granadero,
portando las banderas Argentina y del Ejército de los
Andes. Los seguían las de Chile, Perú y de la provincia
de Santa Fe.
Se trató de emular la hazaña de San Martín, que en enero
de 1817 inició el cruce por seis pasos distintos. Le
llevó veinte días y fue parte de la estrategia conocida
como "guerra de zapa" para engañar a los realistas
españoles y hacer desparramar sus fuerzas a lo largo de
750 kilómetros de cordillera. Hay que experimentar
esos peligrosos senderos para comprender la magnitud de
la empresa sanmartiniana. Sus cinco mil hombres
cruzaron en una época sin medios de apoyo y al otro lado
los esperaba probablemente la muerte.
En esta semana hubo que acostumbrarse a vivir la vida en
mula, a superar los miedos a las patadas y los derribos
—hubo más de veinte caídas—, a marchar de sol a sol con
altas temperaturas, a masticar tierra y polvo. Fue la
expedición con civiles más numerosa, con el apoyo
fundamental de los infantes de montaña del Regimiento de
Uspallata, jinetes expertos; y su sostén para organizar
la vida en los campamentos. También una ambulancia
siguió lo más cerca que pudo al grupo.
Dos días llevó atravesar la precordillera hasta
Uspallata. Tras descansar el jueves en el regimiento,
comenzó el viernes la etapa final, 100 kilómetros en
tres jornadas. Quedó atrás el valle de Uspallata y a la
tarde temprano se alcanzó el río Picheuta, donde una
avanzada del Ejército Libertador libró el primer combate
contra los realistas. Se marchó casi en paralelo con la
ruta a Puente del Inca, que hubo que cruzar varias
veces.
Al trote por tramos, ya con mayor confianza en los
animales, el grupo llegó a Polvaredas a las siete de la
tarde. En este pequeño pueblo donde acampó la columna de
Las Heras se hizo noche al reparo de la estación de
tren, que dejó de funcionar hace 20 años y redujo la
población de 2.700 habitantes a la cuarta parte.
El sábado fue un día con riesgos. "Qué pasa que están
todos tan callados", preguntaban los soldados, sabiendo
que el miedo sobrevolaba al grupo. Se había salido de
Polvaredas siguiendo la trocha angosta del tren y al
meterse en la montaña, hubo que atravesar algunos
centenares de metros por donde las mulas pasan
pisando sin mucho más espacio que el ancho de sus patas.
El jefe de la expedición y presidente de la Asociación,
el teniente coronel retirado Víctor Hugo Rodríguez,
había previamente reconocido el terreno con dos soldados
y lo despejaron de piedras.
En medio de estrictas recomendaciones, con un megáfono
en la mano, Rodríguez infundía confianza. Se había
hablado mucho la noche previa de ese giro pronunciado en
el sendero que deja al jinete como suspendido en el
aire con su mula, en un impresionante balcón con
caída libre al río Mendoza, 300 metros más abajo. El
obstáculo se sorteó sin inconvenientes.
Cubierto por el polvo, el grupo alcanzó después el cerro
Penitentes y dos horas más tarde arribó a Puente del
Inca. Otra vez ducha y cama en la Compañía de Cazadores
de Montaña 8, y un regalo inesperado: poder bañarse en
las aguas termales que brotan junto al Puente del Inca.
A esa altura, el agotamiento había mellado al grupo. El
médico y expedicionario Rubén Sosa atendió más de
doscientas consultas en todo el cruce: dolores de
cabeza, presión baja o alta por la altura,
deshidrataciones, insolaciones, traumatismos —sin
consecuencias graves— por las caídas y patadas de las
mulas. "El 90 por ciento me consultó, pero siempre con
alegría", dijo el doctor.
Hugo Monetti, rosarino de 27 años, es no vidente y
éste fue su segundo cruce. Fue un ejemplo de que se
puede, por más que él rechace "ser el centro" y haya
sido uno más: "Hay que salir y disfrutar del sol, la
vida tiene muchas cosas lindas y no podés vivir pensando
lo que te falta", dice Hugo, que percibe la oscuridad
del precipicio y la claridad de las montañas.
Siempre con horas de sueño escasas, el domingo llegó el
esfuerzo final: llegar a Las Cuevas y subir al Cristo
Redentor. Hubo que vadear el río Cuevas, donde los
soldados tenían listos sus lazos por si alguien era
arrastrado por la corriente. Y en la subida, otra
vez hubo que entregarse a las mulas en los tramos con
planchones de nieve y pendientes. Si una mula hubiese
trastabillado, habría sido casi imposible no rodar con
ella. Por eso había que inclinarse hacia el monte, para
arrojarse hacia ese lado en caso de necesidad.
Por fin en el Cristo Redentor, con un viento frío
implacable, hubo una ceremonia y un encuentro binacional
donde se cantaron los himnos de los dos países, con
vivas a San Martín y a O'Higgins. También se plantó una
piedra traída del cementerio de Darwin en las islas
Malvinas. Rodríguez y otros tres miembros del grupo
son veteranos de la guerra del 82.
Bajar a Las Cuevas tomó otras dos horas. Allí fue la
despedida de las mulas. Tercas, mañosas, desobedientes,
muchos igual se habían encariñado. En ese día final
hubo una boda: dos expedicionarios, Julio Arias y
Fernanda Larreteguy, se casaron allí mismo, en la
pequeña capilla de Las Cuevas, minutos después de cruzar
los Andes. Los ramos fueron armados por sus compañeros
con flores de la montaña.
La asociación que encabeza Rodríguez fue creada en 1996
por el presidente del Instituto Nacional Sanmartiniano,
el general retirado Diego Soria. La coordinación de este
cruce estuvo a cargo del coronel David Cabrera Rojo.
Pero Rodríguez ya piensa en el próximo escalón: una
expedición coordinada que atraviese al mismo tiempo los
seis pasos de la Campaña Libertadora. Algo nada fácil,
pero tampoco imposible. Lo saben los que ya cruzaron los
Andes en mula.
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Diario
La Capital
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Rosario, miércoles 15 de enero de 2003
Llegó anoche la expedición
sanmartiniana
En medio de un clima de
gran emoción, Rosario
recibió anoche a los
expedicionarios que
participaron del V Cruce
de los Andes a lomo de
mula. La travesía
organizada por la
Asociación Cultural
Sanmartiniana Cuna de la
Bandera tuvo este año un
condimento extra, ya que
una pareja decidió dar
el sí matrimonial a
3.150 metros de altura.
La expedición logró
cubrir un trayecto de
230 kilómetros a lomo de
mula subiendo escarpadas
pendientes ubicadas a
más de 4.500 metros de
altura. Y en el Cristo
Redentor, el viento
sopló a 80 kilómetros
por hora, al tiempo que
la temperatura descendió
a los 5 grados bajo
cero.
El cierre de la
expedición fue por demás
de emotivo, ya que los
jinetes llegaron a
Chacabuco (Chile) y se
recreó en parte la
batalla que libraron en
ese lugar las tropas del
general San Martín.
Rosario, viernes 10 de enero de 2003
Hoy
recrearán el combate de Picheuta
Los 120 jinetes continúan con el
cruce de los Andes
"Es una experiencia
demoledora". Así definen
los expedicionarios el
quinto cruce de la
Cordillera de los Andes
que están realizando
desde poco menos de una
semana y que fue
organizado por la
Asociación Cultural
Sanmartiniana Cuna de la
Bandera. El titular de
la institución, Víctor
Hugo Rodríguez, anticipó
ayer que esta travesía
no se volverá a
realizar, ya que para el
año próximo se está
programando un nuevo
recorrido que incluirá
los seis pasos que
atravesó el Padre de la
Patria durante su gesta
libertadora.
Por primera vez en la
historia, ciento veinte
civiles están cruzando
los Andes. Esta nutrida
columna, que tiene una
longitud de 500 metros,
continuó ayer su ascenso
a la alta montaña. Hoy,
a las 6, partirán con
rumbo a la zona de
Polvaredas. Luego de
recorrer unos cuantos
kilómetros, recrearán la
batalla de Picheuta. En
el mismo lugar donde el
general José de San
Martín y sus hombres se
enfrentaron con el
ejército Realista, los
expedicionarios se
vestirán con los
uniformes de la época y
revivirán aquel primer
combate.
Hasta ayer, en Uspallata,
los expedicionarios
recibieron numerosas
clases de historia, no
sólo vinculadas a la
gesta sanmartiniana,
sino que también se
refirieron a la guerra
de Malvinas. Entre los
jinetes se encuentran
algunos veteranos de ese
conflicto bélico,
quienes dieron su
testimonio y relataron
los hechos que les tocó
protagonizar en 1982.
Sin dudas, los
aventureros ya
comenzaron a sentir el
rigor de la alta
montaña. "Pasaron dos
jornadas duras", comentó
a La Capital Rodríguez,
quien apuntó que cuando
la columna acampó en
Agua de la Cueva, los
expedicionarios
durmieron al sereno,
como forma de homenaje a
las tropas
sanmartinianas. Sólo
cubiertos con la manta
que lleva la mula y a 3
mil metros de altura,
amanecieron cubiertos de
escarcha. "Para muchos,
esa fue la noche más
especial de sus vidas",
señaló Rodríguez.
El frío de la noche
cerrada de la
precordillera se
contrapone con la ola de
calor que afecta la zona
durante el día. El clima
agreste y las altas
temperaturas obligan a
los expedicionarios a
cubrir sus rostros con
pañuelos mientras
marchan a lomo de mula
por las cornisas
montañosas.
Pero en la aventura no
todo es historia, fogón,
inclemencias del tiempo
y espíritu
sanmartiniano. Pasado
mañana, los
expedicionarios serán
testigos de una boda.
Una pareja de rosarinos
que integran las filas
de sanmartinianos se
casarán en la Capilla
del Inca, ubicada en
Puente del Inca. Décadas
atrás, la pequeña
iglesia sobrevivió a un
terrible alud que arrasó
con todas las demás
construcciones de la
zona.
Rosario, lunes 6 de enero de 2003
Partieron hacia Los Andes los expedicionistas
sanmartinianos
Son 120 y realizarán la travesía de 260
kilómetros a lomo de mula. Entusiasmo entre los
excursionistas
Un total de 120 jinetes partieron ayer
desde Rosario para realizar el ya
tradicional cruce de los Andes en lomo
de mula, desandando la ruta que anduvo
el general José de San Martín en su
campaña libertadora.
Los expedicionistas dejaron la ciudad
pasadas las 17.30, cuando partió el
ómnibus desde el Monumento a la Bandera.
El micro los llevará al Campo Histórico
El Plumerillo, en la provincia de
Mendoza.
De allí comenzará la travesía por el
paso de Uspallata. Llegarán a la
estancia La Canota, y desde ese punto
tomarán el atajo hacia Agua de la Cueva,
a 2.800 metros sobre el nivel del mar.
El destino siguiente será Uspallata,
desde donde partirán, luego de un día y
medio de descanso, a Polvaredas, Puente
del Inca y Las Cuevas, la última parada
antes de emprender el camino de montaña
hasta el Cristo Redentor.
Desde el Cristo llegarán hasta Chile por
la Cuesta del Chacabuco, y se reunirán
con los expedicionarios del país
trasandino para homenajear a San Martín.
Quizás allí recuerden los ocho viajes
del Padre de la Patria, desde el
primero, que comenzó el 17 de enero de
1817 para llevar adelante el Plan
Continental, hasta el último, en 1924,
cuando volvió a Buenos Aires ya
realizada la campaña al Perú y luego de
su encentro con Simón Bolívar.
El recorrido suma un total de 260
kilómetros a lomo de mula, a lo largo de
los cuales los jinetes sanmartinianos
intentarán recrear la epopeya del
ejército libertador. No obstante, los
organizadores ya dejaron en claro que en
esta oportunidad se pondrá el énfasis en
las enseñanzas morales del prócer, más
que en los aspectos militares de su
campaña.
No faltarán los momentos de
camaradería:los típicos fogones con
guitarreada en el medio de la
cordillera.
De todos lados
La mayoría de los expedicionistas hacen la
travesía por primera vez. Pablo Tubío,
de la Asociación Cultural Sanmartiniana
Cuna de la Bandera, comentó que existe
un especial interés porque participe
siempre gente nueva, de forma de
extender la experiencia a más personas.
Y entre los pasajeros del ómnibus que
partió ayer no sólo había rosarinos: en
esta edición, participan del contingente
representantes de Mendoza, Buenos Aires,
Corrientes, Formosa, Santa Fe, Córdoba,
Santiago del Estero, Salta y Entre Ríos.
Nadia Saddi, una santiagueña de 15 años
oriunda de la localidad de Frías, ayer
estaba exultante. "Quiero conocer todo y
me da una emoción grandísima vivir lo
mismo que vivió el general San Martín.
Además, tengo muchas expectativas en
esta experiencia de convivencia con
otras personas", comentaba ayer cuando
el ómnibus ya estaba por partir.
Es que serán ocho días de trayecto,
encuentro con la naturaleza y con la
historia, y también un desafío a nivel
humano. Suerte