|
1·
La Campaña Marítima
CAMPAÑA
NAVAL DEL PACIFICO
JORGE
GUILLEN SALVETTI.
Texto extraído de Vida española del General San Martín,
obra publicada por el Instituto Sanmartiniano Español.
Las
previsiones del genio estaban cumplidas: el camino marítimo
del Perú estaba abierto a las armas independientes. En
1814, San Martín estudiaba en Tucumán los caminos
militares de la revolución, y buscando cuál era el que
debía conducir sus armas hasta la capital del Bajo Perú,
para herir de muerte el poder español en América, tuvo
la primera intuición de su gran plan de campana
continental, que formuló en términos generales: "Mi
secreto es: pasar a Chile, acabar allí con los godos, y
aliando las fuerzas, pasar por mar a tomar a Lima".
En
la época en que enunciaba como posible esta complicada
operación, las escuadras españolas dominaban los mares
americanos desde California hasta el golfo de Méjico, y
la marina chilena sólo estaba representada por las
balsas de pescadores de los chonos y chilotes que
cruzaban los solitarios canales de sus archipiélagos, o
por la barca costanera que no se atrevía a perder de
vista su punto de partida. Dos años después (1816),
precisando su idea, bosquejaba su plan de campaña
continental: "Chile, por su situación geográfica
y por la natural valentía de sus habitantes, es el
pueblo capaz de fijar la suerte de la revolución. Es el
fomento del marinaje del Pacífico. En este concepto
nada interesa más que ocuparlo. Lograda esta gran
empresa, el Perú será libre.
Desde
allí irán mejor las legiones de nuestros guerreros.
Lima sucumbirá". Una vez ocupado Chile, su
objetivo inmediato es el Perú, su camino, el mar, y su
vehículo, una escuadra: "Nada debemos reparar en
lo que se ha hecho, sino adelantar el Ejército Unido
sus empresas. Es preciso llevar nuestras armas al Perú.
Esto supuesto, se hace necesario combinar los términos
y preparar el éxito de la empresa. Lo primero es
moverse con seguridad, y no puede hacerse sin una fuerza
naval que domine el mar Pacífico". Estas
previsiones se fundaban como todos sus planes concretos,
en la observación del territorio que debía ser teatro
de la doble guerra, terrestre y marítima.
CHILE
MARITIMO
La
estrecha y prolongada faja que forma el territorio
chileno al pie de los Andes, con su cordillera marítima
bañada por las olas del mar, da la idea de un gran
malecón continental dibujado por la naturaleza. Un
escritor humorístico ha descrito gráficamente esta
configuración, diciendo que sus habitantes tienen que
asirse a las montañas para no caer en el mar.
Así,
el mar es la dilatación del territorio chileno, y esta
circunstancia tiende a difundir el genio nacional en los
espacios marítimos, obedeciendo al instinto y a la
necesidad. Desde el desierto de Atacama hasta el
estrecho de Magallanes, su litoral acantilado y sinuoso
es una serie no interrumpida de caletas, golfos,
ensenadas y radas de fácil acceso, en que se abren magníficas
bahías, verdaderos estuarios, dentro de los cuales se
encierran varios puertos. Las islas de Juan Fernández,
inmortalizadas por las aventuras de Robinson, son sus
centinelas avanzadas en el océano. Sus archipiélagos,
ramales marinos de la cordillera en parte sumergida, son
miembros integrantes y articulados de su configuración
territorial. Una corriente polar, a la manera de un
inmenso río encajonado en masas de agua inmóviles,
fluye eternamente de sur a norte en el paralelismo de
sus costas, facilitando sus comunicaciones marítimas
con la América meridional.
Como
el país no tiene navegación interior y algunas de sus
zonas están obstruidas por obstáculos naturales, el
mar es el camino usual de sus habitantes para
comunicarse entre sí. En sus litorales, se forman desde
temprano marineros vigorosos y valientes, capaces de
afrontar las tempestades del gran océano, sin
arredrarse ante los peligros de la guerra.
En
los bosques de Arauco, se alza gigantesco el pino y el
roble. En sus valles crece el cáñamo y el lino. En las
entrañas de la tierra se encuentra el cobre, el hierro
y el carbón de piedra. Poseía astilleros donde se habían
construido con maderas de la tierra, hasta navíos y
fragatas.
Era,
pues, un país esencialmente marítimo, con elementos de
construcción propios, con atracciones hacia la mar y
con la materia prima de un personal de marina militar, a
que sólo faltaba un material adecuado para llegar a ser
relativamente una potencia naval. Era, como lo decía
San Martín en su enérgico lenguaje, "una posición
geográfica con predisposiciones nativas en sus
habitantes para fijar los destinos de la revolución,
como fomento del marinaje del Pacífico".
En
el plan trazado por San Martín en 1816 para la
reconquista de Chile, debía operar simultánea mente
con el ejército de tierra que atravesase los Andes, una
expedición marítima que dominara las costas del
territorio conquistado, y así lo consignó
posteriormente Guido en la "Memoria", en que
condensó las ideas formuladas con anterioridad por el
General.
"Oportunamente deberán zarpar de las playas de Buenos Aires
(decía en febrero de 1816) dos
buques de consideración y porte, armados por cuenta del
Estado, y sujetos a órdenes del general en jefe, los
que cruzando las costas de Chile, contengan el escape de
los enemigos".
Las
dificultades del erario no permitieron por entonces
atender esta exigencia, y como lo observa el autor de la
citada "Memoria", la falta del concurso naval
"impidió terminar la guerra con el triunfo de
Chacabuco, ocupando los puertos por donde se salvó un
buen número de vencidos". Como lo había previsto
el General. Dos años se necesitaron para completar el
plan, concebido en todas sus partes por el que lo ejecutó,
y con esta idea fija había pasado y repasado dos veces
la cordillera, después de Chacabuco y Maipú con el
objeto de crear la escuadra independiente del Pacífico.
Sin ella, el triunfo de la independencia sudamericana
era imposible.
PRIMERA
CAMPAÑA NAVAL
El
19 de octubre a las 9 de la mañana zarpaban del puerto
de Valparaíso el navío "San Martín", con 60
cañones, capitán Wilkinson, en el cual el vice-almirante
había enarbolado su insignia; la fragata "Lautaro",
con 46 cañones, capitán Wooster; corbeta "Chacabuco",
con 20 cañones, capitán Díaz; bergantín
"Araucano", con 16 cañones, teniente Morris.
La
escuadra chilena así organizada, contaba 142 cañones y
estaba tripulada por 1.100 hombres, chilenos en gran
parte, y el resto, marineros extranjeros reclutados en
Valparaíso. Los oficiales eran en casi su totalidad
ingleses o norteamericanos. Un viento fresco sudoeste
henchía sus velas, y el castillo de la ciudad y la
población agrupada en la playa contestaba sus saludos
con sus cañones y sus aclamaciones.
El
director O' Higgins, que se había trasladado a Valparaíso
para activar la salida de la expedición, tomaba en
aquel momento el camino de Santiago, y al subir lasmontañas
que dominan la ciudad y distinguir a la distancia los
cuatro buques con bandera chilena que se hacían a la
mar, exclamó: "Cuatro buques dieron a la España
el continente americano: esos cuatro buques se lo quitarán".
Al
perder de vista la tierra, Blanco Encalada abrió el
pliego reservado de instrucciones que se le había
entregado, y encontró que se le prevenía ir a
estacionarse en la isla de Mocha por donde
necesariamente debía pasar el convoy español, según
las noticias transmitidas desde Buenos Aires. La
escuadra tomó rumbo al sur. Los marinos chilenos que en
casi su totalidad pisaban por primera vez la tabla de un
buque, se adiestraban durante la travesía en las
maniobras y el ejercicio de cañón. Miller, que formaba
parte de la expedición, dice de ellos: "Los
soldados de marina y los marineros cholos, descubrieron
las cualidades que constituyen un buen soldado o
marinero, pues eran subordinados, y pronto probaron que
eran valientes. Manifestaban deseos de que se les
instruyese y aprendían con prontitud.
Sólo
faltaba que sus oficiales cumpliesen bien con sus
deberes para ser capaces de todo". Un viento recio
que sopló por espacio de dos días, separó a la "Chacabuco".
El 26 de octubre descubriese la isla de Santa María señalada
como uno de los puntos de reunión del convoy. Desde allí
fue despachado el "Araucano", para reconocer
la bahía de Talcahuano, que demora 62 kms. al norte.
La
escuadra navegaba con bandera española. Un bote de la
costa, engañado por esta circunstancia, dirigióse a
ella y puso en mano del almirante las instrucciones que
el jefe del convoy dejara allí para los transportes que
se fueran reuniendo. Por este conducto se confirmaron
las noticias que se tenían por un buque ballenero.
La
"María Isabel" había tocado en la isla cinco
días antes, acompañada de los transportes
"Atocha", "San Fernando",
"Especulación" y "Escorpión" y
seguido inmediatamente para Talcahuano. El resto del
convoy quedó rezagado al doblar el cabo de Hornos, con
sus tripulaciones enfermas y faltas de provisiones.
Blanco Encalada, decidiese a ir en busca de la "María
Isabel", contando tener suficiente tiempo para
apoderarse enseguida del resto del convoy. En
consecuencia enderezó la proa a Talcahuano, diciendo:
"Es necesario que la marina chilena señale con
gloria la época de su nacimiento".
El
27 por la noche, llegó a la boca del puerto, con el
"San Martín" y la "Lautaro" y allí
supo que sólo la "María Isabel" se
encontraba dentro de la bahía. Los otros transportes
habían seguido al Callao, después de desembarcar unos
800 hombres.
El
28 por la mañana, sopló una fresca brisa del norte, y
los dos buques patriotas penetraron a la gran bahía,
una de las más espaciosas del litoral de Chile. Con más
de once kilómetros en su mayor extensión y ocho kilómetros
de ancho, encierra dentro de su perímetro cuatro
puertos y tres caletas. Uno de los puertos responde a lo
que propiamente se llama Talcahuano, situado sobre la
península que cierra la bahía por la parte del sur.
La
isla Quinquina, alta y boscosa, de cinco y medio kilómetros
de largo y medio de ancho, cierra la entrada dejando a
derecha e izquierda de sus extremidades dos bocas
practicables para penetrar a su interior. La entrada del
norte mide cinco kilómetros y se denomina la Boca
Grande; la llamada Boca Chica al sur mide dos kilómetros.
EL
CALLAO
El Callao
es una de las más espaciosas bahías del mar del sur.
Las montañas de la cadena occidental de los Andes que
corre paralela a las costas del Pacífico, forma en
lontananza el fondo del paisaje, grandioso, pero triste
y desolado en el primer plano, como toda la región marítima
del Perú.
A
su pie, en una planicie baja, está fundada la ciudad
del Callao sobre el terreno de aluvión que se conoce
con la denominación de costa. A poco más de cinco kilómetros
de distancia, se encuentra la entrada del risueño valle
del Rimac en que se asienta la ciudad de Lima, cruzada
por el río del mismo nombre que se derrama en el seno
de la bahía del Callao, en cuya boca los buques hacen
su aguada.
Lo que
propiamente se llama el puerto, es una gran rada cerrada
por dos islas. La más grande de estas islas lleva el
nombre de San Lorenzo y dista como once kilómetros y
medio de la población. Situada al extremo austral de la
bahía, prolóngase del sudeste al nordeste en una
extensión de otros once kilómetros, rompe la mar
tendida, abrigándola de todos los vientos del cuadrante
con excepción de los del oeste hasta el sud nordeste
que nunca soplan con fuerza en aquella latitud.
Entre
la punta sur del Callao (que es la lengua de tierra
baja) y la extremidad sur de la isla de San Lorenzo,
encuéntrase una pequeña isla que lleva el nombre de
Frontón, y entre ésta y la tierra un canal estrecho,
algo peligroso, que puede navegarse bordeándolo en
cinco brazas de agua, pero que hasta entonces no había
sido practicado. Esta entrada, sembrada de escollos,
lleva la denominación de Boquerón para distinguirla de
la gran entrada abierta por donde pueden penetrar buques
de mayor calado. Por último, al norte de la boca del
Rimac existen varias lagunas que rebalsan en el mar y
forman un banco de arena que se extiende como dos kilómetros,
cuyo bajo se denomina de Boca negra, que es el nombre de
las lagunas.
|