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Un
solo mapa de la cordillera
San
Martín, poseía además algunos planos de la
cordillera, y uno, hecho a base de ellos, debió ser el
que envió él a Pueyrredón, y al que éste se refería
en carta del 24 de enero de 1817, si es que el término
"plano" no equivale a proyecto. A lo menos
para el Paso de Uspallata pudo contar San Martín con un
plano bastante discreto, como es la Carta Esférica de
la parte interior de la América meridional para
manifestar el camino que conduce desde Valparaíso a
Buenos Aires, construido por las observaciones astronómicas
que hicieron en estos pasajes en 1794 Don José de
Espinosa y Don Felipe Bauzá, Oficiales de la Real
Armada, en la dirección Hidrográfica.
Es
éste el único que conocemos, anterior al cruce de los
Andes por San Martín y que pudo serle de alguna
utilidad. Consta positivamente que no conocía el
General en Jefe plano alguno de la cuesta de Chacabuco,
a lo menos con los detalles que creía imprescindibles,
y que, antes de la batalla de ese nombre, los ingenieros
Arcos y Alvarez Condarco pasaron los días 10 y 11 de
febrero levantando un croquis de las serranías, a cuyo
efecto contaron con la protección de varias guerrillas
de infantería y caballería. Los baquianos, conocedores
de toda la ruta, eran pocos, siendo uno de ellos un tal
Francisco Oros. Los más sólo conocían algunos
sectores. Esto obligó a establecer, como escribe
Ornstein "un servicio escalonado de
baquianos".
Pero
aunque poseyera los mejores mapas ahora existentes, y
aunque contara San Martín con los más avezados
baquianos, no ignoraba que unos pocos soldados enemigos,
estratégicamente colocados en los pasos más difíciles
de la cordillera, podían deshacer y aniquilar al más
numeroso y poderoso ejército, y por eso, antes de
emprender la marcha, realizó una sagacísima guerra de
zapa (guerrilas), persuadiendo al enemigo que invadiría
por el norte y por el sur, esto es, por Paso Guana, que
sale algo al sur de Coquimbo y La Serena, y por el Paso
del Planchón, que sale en un punto entre Curicó y
Talca, y por esos lados envió algunas tropas. Sólo
despistando así al enemigo pudo llevar el grueso del ejército
por el Paso de Los Patos y enviar una fuerte división,
con toda la artillería por el Paso de Uspallata. De no
haber desorientado así al enemigo, que contaba con
5.020 hombres y 30 piezas de artillería, el ejército
patrio había tenido que pasar lances muy peligrosos.
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