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El Exilio

 


4 · Los Ultimos años

Tras vivir un tiempo en Bélgica, se radicó en Francia, donde tenía una modesta vivienda en París y una confortable casa de campo en la cercana Grand Bourg. Allí vería crecer a sus nietas - hijas de Mercedes y de Mariano Balcarce -, recibiría la visita de americanos deseosos de conocerlo y honrarlo, como Sarmiento y Alberdi, y mantendría correspondencia, entre otros, con Bernardo O’Higgins, Tomás Guido, el peruano Ramón Castilla y Juan Manuel de Rosas.

Enterado en 1838 del bloqueo impuesto por una escuadra francesa al puerto de Buenos Aires, le escribió una carta al Gobernador Juan Manuel de Rosas ofreciéndole sus servicios militares: contaba entonces con sesenta años. Rosas le agradeció el gesto pero a cambio, le pidió que lo ayudase haciendo gestiones en Francia.

Antes de trasladarse definitivamente a su casa de Boulogne-sur-Mer, San Martín vendió se residencia de Grand Bourg con el objeto de irse de Francia, pero la enfermedad no se lo permitió.

En todo momento se mostraba interesado por conocer los acaeceres de los países que había libertado y en más de una ocasión tomó enérgica posición contra sus agresores europeos.

Aquejado por diversas enfermedades, que habían minado su resistencia en los últimos años, falleció el 17 de agosto de 1850 en Boulogne-sur-Mer, donde poco antes se había establecido transitoriamente con su familia. “Es la tempestad que lleva al puerto” alcanzó a decir en el lecho de su hija, antes de ser llevado al suyo, donde murió.

En el tercer punto de un testamento escrito a mano seis años antes de su muerte, menciona el sable; San Martín donde nombra heredera universal a Mercedes, establece que el sable “que me ha acompañado en toda la guerra de la Independencia de América de Sud, sea entregado a Juan Manuel de Rosas por haber luchado contra el bloqueo anglo-francés”. También pidió que no le hicieran ningún homenaje en los funerales y que lo condujeran al cementerio sin acompañamiento, pero expresó se deseo de que su corazón fuera depositado en Buenos Aires.

Sus restos fueron depositados en una cripta de la catedral de Nuestra Señora de Boulogne y, en 1861 en el panteón familiar del cementerio de Brunoy antes de ser repatriados. En 1862 Buenos Aires alzó su estatua ecuestre y en 1880 sus restos fueron traídos a esta ciudad, como él lo deseó.