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6:: El Combate, la Gloria 

           Las primeras luces del alba de aquel 3 de febrero de 1813 encontraron a San Martín dispuesto  a dar escarmiento ejemplar a los españoles que- habiendo desembarcado- trepaban con tranquilidad las barrancas hacia la planicie que los llevaría al convento, sin imaginarse siquiera la sorpresa que les esperaba.

           “ Que nadie dispare un tiro: carrera, sable y lanza; fuerte el golpe sobre las cabezas, fuerza para abrir enemigos de arriba abajo, duro el hachazo contra cualquier forma humana que no vista nuestro uniforme, y sable arriba, al medio y a los costados.”

           Y al toque de “ a degüello”  las dos gruesas columnas de caballería de ciento veinte hombres bien uniformados, de sable en mano, irrumpieron en la planicie  de San Lorenzo, causando el estupor y el desconcierto entre las fuerzas recién desembarcadas.

           Al respecto y refiriéndose a la columna comandada por San Martín, que es la que debe golpear primero, refiere  don Agustín Pérez Pardella, en “El Libertador Cabalga”:

          “... sesenta lanzas acostadas sobre su línea horizontal de muerte desflecaban por primera vez en un campo de batalla los colores de la patria”.

          ( Recordemos  que en este Combate los Granaderos no tenían aún banderas sino banderines en las puntas de las lanzas.)

      “ San Martín encabezaba un cuarto de cuadra de animales, hombres y sables que avanzaban rompiendo la tierra con un solo golpe de manos, con un solo golpe de patas de caballos que corrían como si hubieran sido preparados para ese día, sólo para ese momento y únicamente para esa acción; y el caballo y jinete, convertidos en un solo corazón bombeando coraje, estrenaban en el Sur del continente un nuevo y magnífico umbral de la independencia americana.”

     La hora había llegado y el párroco Julián Navarro, el mismo que acompañara al General Belgrano y su Ejército durante su permanencia en la Villa del Rosario, encomendó al Señor el alma de los que allí se iban a enfrentar.

           Según el citado autor- y siempre sobre el relato presencial de Robertson, el Combate que cambiaría el destino de Sudamérica se desarrolló de esta manera:

-         “San Martín deja los muros del convento y arranca por izquierda a la cabeza de sesenta granaderos.

-         El capitán Bermúdez parte por la derecha, al mando de sesenta hombres con orden de golpear sobre uno de los flancos de la columna realista e impedir la retirada.

-         La columna de San Martín recibe la primera carga de fusilería y caen- heridos de muerte- los primeros granaderos de San Martín.

-         Zabala advierte que también será atacado por el flanco izquierdo.

-         Zabala ordena una segunda descarga sobre la columna de la derecha. Una bala hace impacto en el caballo de San Martín. El animal se para de manos con la cabeza torcida buscando el vacío.

-         Bermúdez se ha desviado demasiado en su ataque por la izquierda. Tuerce más a la derecha. Aunque se ha demorado, su fuerza  y decisión desconciertan a los realistas.

-         El caballo de San Martín  cae muerto y aplasta con su cuerpo la pierna derecha de nuestro héroe. Zabala repara en el uniforme del oficial caído. Reconoce su rango y decide ultimarlo.

-         San Martín ha quedado como muerto con la pierna derecha debajo del cadáver del caballo. Parece inconsciente por el golpe que ha recibido al chocar contra el suelo.

-         Bermúdez rompe el orden de la columna española pero no consigue envolverla.

-         Los realistas tratan desesperadamente de formar cuadro

-         Un soldado enemigo advierte que San Martín se mueve y está tratando de zafarse del caballo.

-         Zabala ordena matar al caído y él mismo trata de aproximársele.

-         Un soldado realista descarga un golpe sobre San Martín, quien alcanza a voltear rápidamente la cabeza. No obstante, el arma enemiga le ha cortado la cara y la cicatriz le quedaría para siempre en su mejilla izquierda.

-         Varios granaderos se abalanzan para auxiliar a su jefe caído.

-          El oficial Hipólito Bouchard provoca pánico y asombro cuando trepa con su caballo por encima de los soldados enemigos, le arrebata la enseña al abanderado español y le da muerte.

-         Varios españoles siguen avanzando hacia San Martín.

-         Un realista endereza su bayoneta contra la espalda del jefe criollo.

-         El granadero Juan Bautista Baigorria se adelanta y hunde su lanza en el cuerpo del español.

-         Otro heroico granadero, Juan Bautista Cabral, se arroja del caballo al ver a su jefe en tan difícil situación.

-         Cabral, con los brazos libres, alcanza a su jefe.

-         Se generaliza una lucha cuerpo a  cuerpo.

-         Un balazo detiene la carrera de Cabral; el granadero acusa el impacto, se ladea como para caer, lentamente vuelve a recuperar la vertical y reanuda la carrera hacia su jefe. Fluye la sangre, mas el joven correntino sólo desea llegar hasta San Martín para cubrirle la espalda.

-         El Párroco Navarro asiste, de rodillas, a españoles y granaderos moribundos. Algunos tienen espantosas mutilaciones en la cabeza y en la cara.

-         Bermúdez inicia una segunda carga para evitar la fuga de los españoles.

-         Cabral ha tomado a San Martín de las axilas y- a pesar de la pérdida de sangre- parece mantener las fuerzas intactas pues consigue hacer zafar la pierna de su jefe.

-         Los españoles descargan sus últimos tiros, intentando cubrir su retirada.

-         Muy cerca, un realista grita  “¡Viva el rey!”  al tiempo que termina de atravesar por la espalda al granadero Cabral.

-         Cabral cae sobre el cuerpo de San Martín murmurando un “¡Viva la Patria!” que comienza a caérsele lentamente de la boca como un vómito de sangre.

-         Sobre el español que ha herido mortalmente a Cabral caen sables y se hunden lanzas; el hombre, irreconocible, cae cerca del caballo muerto.

-         Desde la nave capitana un oficial de marina dirige el fuego de los cañones para cubrir la retirada de los realistas.

-         Bermúdez corre al galope tendido para detener a los realistas. Siente que se le duermen la pierna y el muslo, se mira la pierna y comprueba que le han arrancado la rótula.

-         El joven teniente Manuel Díaz Vélez continúa la carga de su jefe herido, con tal furia y deseo de venganza que le es imposible detener su caballo antes de llegar a la barranca y ambos caen, desde allí, sobre los realistas que no pueden creer lo que están viendo.

-         Dos bayonetas atraviesan al atrevido oficial rioplatense.

-         Zabala ordena reembarcar. Está herido y derrotado pero no ha perdido su fiereza.

-         San Martín ordena recoger y curar a los heridos de ambos bandos indistintamente. Está herido en la cara, con la pierna llena de magullones y un brazo inmovilizado. Es el vencedor. La sangre del cuello de su uniforme es suya; los grandes manchones de los hombros y de la espalda  le pertenecen al granadero Cabral.

-         Un realista cree que debe terminar con la vida de Díaz Vélez y le abre la frente de un culatazo. No obstante, el joven sigue respirando.

-         San Martín se quita la chaqueta manchada con su sangre y la de Cabral y, a la sombra de un pino, por no poder mover su brazo, dicta al teniente Mariano Necochea el parte del Combate.

-         Ha habido veintiséis bajas: seis muertos y los demás, heridos.

-         Desde el pino del convento que lo defiende del fortísimo sol del mediodía, San Martín puede ver el botín de guerra: cuarenta y un fusiles en muy buen estado; fusiles rotos o inutilizados; un cañón; ciento noventa y dos piedras de chispa; ocho espadas; ocho bayoneta y ocho pistolas.

-         El parte del combate ha sido redactado y su escribiente, el teniente Necochea, tendrá el honor y la responsabilidad de llevarlo a Buenos Aires al galope tendido.

Para San Martín, San Lorenzo ya era de esos queridos muertos que jamás  olvidaría y pensaba que- gracias a ellos- la independencia podía comenzar a ensayar su primera sonrisa.”

                                              (“El Libertador Cabalga”- Agustín Pérez Pardella)