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El Gobernador de Cuyo
La
victoria de San Lorenzo le dio prestigio a San Martín,
quien poco más tarde fue nombrado Comandante en Jefe
del Ejército del Norte, que había sido derrotado en
Ayohúma. Después de reorganizar sus tropas durante
cuatro largos meses, el jefe militar pidió una de las
tantas licencias por salud que solicitaría en su
carrera. No quería apartarse de su objetivo: cruzar los
Andes para derrotar a los realistas en Chile. Desde Córdoba
solicitó y le fue concedido el cargo de Gobernador de
Cuyo: había dado entonces el primer paso.
Juan
Martín de Pueyrredón, quien fue designado Director
Supremo por el Congreso, se reunió inmediatamente con
San Martín en Córdoba, y allí acordaron que el
gobierno central iba a apoyar con recursos materiales el
Cruce de los Andes
Pese
a que nunca descuidó el objetivo militar de su estancia
en Mendoza, San Martín tomó muy en serio su cargo de
gobernador y llevó adelante una importante tarea
administrativa. Fue muy celosos en el cobro de los
impuestos, los que se recaudaban de acuerdo a los bienes
de cada propietario y, varias veces, impuso empréstitos
forzosos para mejorar las finanzas. Reglamentó el
trabajo de los peones en el campo, controló el
funcionamiento de las pulperías, ordenó la vacunación
masiva contra la viruela, ordenó el servicio de postas
para impedir que alguna carta fuera a parar a Chile, y
se interesó por la educación apoyando el
funcionamiento del colegio de la Santísima Trinidad y
fundado un biblioteca.
Mientras
tanto, el Diputado al Congreso de Tucumán por Mendoza,
Tomás Godoy Cruz, fue permanente destinatario de las
cartas del Gobernador, quien lo instaba a que apurase la
Declaración de la Independencia; pieza fundamental para
la campaña libertadora de los Andes.
Mendoza
resultó ser una base ideal de operaciones para San Martín,
quien contó con mucha colaboración por parte de sus
habitantes. No solo allí se hicieron los uniformes de
los soldados, sino que hasta el mineral con que se
fabricaron las armas se fundió en las bóvedas de
Uspallata.
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