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Entrevistas
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QUÉ ME DEJA EL CRUCE DE LOS ANDES – Jack Benoliel
Algunas veces pensé que la emoción tiene límites y en consecuencia susceptible de controlar. La decisión de acceder a la cordial, oportuna y significativa invitación que me hiciera la Asociación Cultural Sanmartiniana “Cuna de la Bandera” para ser uno de los participantes de la nueva edición del Cruce de los Andes hizo que meditara intensamente sobre esa convicción primera. Debo confesar que al serme muy difícil el contralor de la emoción, dudé de esos límites.
Montado sobra un dócil caballo y ubicado para la partida temblaron mis pies, temblaron mis ojos, temblaron mis manos y al contemplar el panorama que comencé a recorrer imploré a Dios me acompañara en el contralor de mis sentimientos.
Los compañeros de la Cruzada emprendida conscientes de mi edad cabalgando a su lado, me formulaban esta pregunta: “¿Cómo se siente Jack?” No sé por qué imaginé que esa pregunta provenía del Héroe Máximo de la Historia Argentina, el Gral. José de San Martín. Es que surcaba la senda que él surcó y ocupaba el transporte animal del que él se valió, para cumplir un objetivo sublime no solo para su Patria sino para la libertad de medio Continente Americano.
Encontró el camino de la consagración humana porque llegó a él por la senda del deber. Es que más que un hombre fue una misión redentora, olvidando o superando ingratos motivos que afectaron sus sentimientos más íntimos.
De los renunciamientos del Gral. San Martín puede aprenderse la difícil lección de ser un hombre y no dejar de serlo cuando el triunfo llega. Llegó el triunfo de Chacabuco, puerta abierta a la independencia de Chile y siguió su Cruce Libertador para hacer también del Perú una Tierra Redimida.
Razón tuvo el recientemente fallecido escritor Tomás Eloy Martínez, cuando dialogando con él en una conferencia pronunciada en Rosario, afirmara vehementemente que el Cruce de los Andes, la heroica tarea de su preparación y los frutos perdurables del éxito alcanzado hacen que todas las Naciones del Continente Americano rindan a ese Cruce inolvidable la gratitud que merecen los dadores de Pueblos, al brindarles lo más significativo de su Historia, que lleva el sagrado nombre de Independencia.
Volveré pronto para ampliar la experiencia vivida en este Cruce de los Andes que realizo en una edad avanzada pero que me permite en los años que vendrán gozar la satisfacción de haber cumplido con la memoria del Prócer con lo que representa para nuestra Patria y lo que un hombre puede añorar en el cumplimiento de sus deberes ciudadanos.
Hago votos para que esta Epopeya que emula la inigualable Epopeya Sanmartiniana merezca no solamente la aprobación sino la adhesión de aquellos argentinos que conociendo y valorando la Historia de su Patria, honrando hechos así con su participación física y humana podrán gozar del cumplimiento de un deber que enaltecerá su existencia.
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