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San Lorenzo:
el día después.
Ese
3 de febrero de 1813, los fuerzas realistas tuvieron
cuarenta muertos, catorce prisioneros, doce de ellos
heridos de gravedad, sin incluir los que se llevaron
consigo y los que cayeron por la barranca.
San Martín ofreció canjear todos los
prisioneros por el moribundo Díaz Vélez que falleció,
tiempo después, en Buenos Aires.
Cuenta la crónica que, al otro día del Combate,
los españoles, faltos de víveres frescos para
alimentar a sus heridos, enviaron a Zabala como emisario
para que hablara con San Martín.
Este, no sólo lo recibió con los cumplidos del
caso sino que lo invitó a un suculento desayuno. Zabala
se reembarcó hacia la hora de la siesta, gratamente
impresionado.
Un año después, en 1814, derrotado Vigodet,
Zabala se presentaría ante San Martín, que ya estaba
en Mendoza, para ponerse bajo sus órdenes. Si bien por
razones de delicadeza el intendente de Cuyo rehusaría
aceptarlo, magnánimo como era y conocedor de las
brillantes cualidades de Zabala, lo pondría bajo sus
auspicios, concediéndole- además-
una modesta pensión.
El
reconocimiento del Gral. San Martín, los hombres que no
debemos olvidar
De la excelente obra “Historia del Libertador Don
José de San Martín”, compuesta por ocho tomos,
escrita por el historiador D. José Pacífico
Otero, extraemos las
siguientes referencias,
que- humildemente- consideramos deberían ser
transmitidas e inculcadas a la generaciones presentes y
venideras como lección insuperable de patriotismo y
reconocimiento imperecedero de gratitud.
“ Antes de
finalizar el mes de febrero, San Martín se dirigió de
nuevo a su gobierno para hacer un
acto de justicia reparadora con los granaderos
que en San Lorenzo habían honrado la Patria con el
sacrificio de sus vidas. Textualmente, decía:
“ Como sé la satisfacción que tendrá V. E. en
recompensar las familias de los individuos del
regimiento, muertos en la acción de San Lorenzo, o de
sus resultas, tengo el honor de incluir a V.E. la
adjunta relación de su número, país de su nacimiento
y estado. No puedo prescindir de recomendar
particularmente a V. E. a la viuda del Capitán don
Justo Bermúdez, que ha quedado desamparada con una
criatura de pecho, como también a la familia del
granadero Juan Bautista Cabral, natural de Corrientes,
que, atravesado por dos heridas, no se le oyeron otros
ayes que los de: ¡Viva la patria!, muero contento por
haber batido a los enemigos;
efectivamente, a las pocas horas feneció,
repitiendo las mismas palabras.”
Asimismo,
debemos recordar que, sobre este Combate,
el Gral. San Martín, entre otros,
consignó los siguientes datos:
“ Los granaderos
muertos en la acción de San Lorenzo fueron los
siguientes:
JENUARIO LUNA
San Luis
JOSÉ GREGORIO
BASILIO
BUSTOS
JUAN
BAUTISTA CABRAL
Corrientes
FELICIANO SILVA
RAMÓN
SAAVEDRA (
casado )
Santiago del Estero
BLAS
VARGAS
RAMÓN
ANADOR
La Rioja
DOMINGO
SORIANO GUREL
JOSÉ
MÁRQUEZ
Córdoba
JOSÉ
MANUEL DÍAZ
JUAN
MATEO JELVES
Buenos Aires
DOMINGO
POURTEAU
Saint Godin, Alto Garona, Los Pirineos
JULIÁN
ALZOGARAY
Chile
A la lista de estos muertos hay que agregar el
nombre del Capitán Justo Bermúdez que, a
consecuencia de sus heridas, falleció en San Lorenzo el
día 14 de febrero. Todo esto hace un total de 14
soldados muertos y un oficial, o sea quince bajas.
Aún cuando no fueron heridos se distinguieron en
este combate:
El Teniente don Mariano
Necochea; el Alférez don José Fernández de Castro; el
portaestandarte y ayudante en comisión don Manuel de
Escalada; el cadete don Pedro Castelli; el soldado don
Juan Esteban Rodríguez; los oficiales voluntarios
Vicente Mármol y Julián Colvera, y el cura párroco de
la capilla del Rosario, don Julián Navarro.”
Asimismo,
en los documentos vinculados con la acción que San
Martín elevó al triunvirato, se hace una muy justa
mención del comportamiento
del Comandante Escalada y
de sus milicianos,
En mérito a sus servicios, la Asamblea General
Constituyente, el 13 de abril de 1813, designó a
Escalada “ciudadano americano de las Provincias Unidas
del Río de La Plata”.
El deceso del Capitán
Justo Bermúdez,
quien no pudo perdonarse haber demorado su carga sobre
los realistas, se produjo a raíz de que, no
deseoso de vivir por esa causa, sin que sus cuidadores
lo advirtieran, sacó
el torniquete que cubría la herida de su pierna
amputada y se dejó desangrar.
A su vez, el bravo Manuel
Díaz Vélez, único prisionero que cayó en poder
del enemigo, a pesar de haber sobrellevado un viaje en
carruaje a Buenos Aires, falleció, meses después, a
raíz de las gravísimas heridas sufridas.
Cabral, soldado heroico.
En cuanto al debido homenaje
al Granadero Juan Bautista Cabral,
y según el expreso pedido del Coronel San
Martín, el Gobierno lo cumplió al pie de la letra.
Pocos días después de formulada dicha petición, sobre
la gran puerta del cuartel del Retiro, se colocó un
cuadro destinado a perpetuar este acontecimiento, y en
el cual se grabó la siguiente leyenda:
“Juan
Bautista Cabral murió heroicamente en el campo de
honor”.
Mientras existió el viejo regimiento de
Granaderos, cuando se pasaba revista por la tarde en la
primera compañía del escuadrón a que Cabral había
pertenecido, se le saludaba llamándolo
por su nombre. Cuando éste resonaba, el sargento
más antiguo daba respuesta:
“Murió
en el campo del honor, pero existe en nuestros
corazones.
¡Viva
la patria, granaderos! ”
En la actualidad, dicha
ceremonia se sigue repitiendo con idénticas
características para memoria y honor de quien ofrendó
su vida para salvar la de quien estaba destinado a
lograr la libertad de medio continente.
¡Honor!
¡Honor, al gran Cabral!

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