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San Martín y la Declaración de la Independencia
Argentina.
Corre
el año 1812. Creado el Primer Triunvirato- integrado
por Sarratea, Chiclana y Paso y Rivadavia como
secretario- éste es quien en realidad se impone a los
demás y, a pesar de los tiempos de guerra que se viven,
no atiende las exigencias del Ejército y comete
desaciertos notablemente perjudiciales para la causa de
la emancipación. Entre otros,
ordena el repliegue de Belgrano- al mando del ejército
del Norte- aunque,
afortunadamente, luego aquél se atreve a desobedecer
y gana la Batalla de Tucumán, triunfo
trascendental para la Revolución.
De
igual modo, Rivadavia
desconoce el Reglamento con que la Junta Grande
había tratado de reglar el Triunvirato y disuelve
institucionalmente la Junta Grande- única expresión de
legítima autoridad
nacional- ordenando
a sus integrantes retornar a sus lugares de
origen.
Dicta,
en cambio, una nueva ley fundamental, con el nombre de
Estatuto Provisorio, por el que se le da prácticamente
todo el poder al Triunvirato y, obviamente, a él. Por
esta norma, cada seis meses se elegiría un nuevo
triunviro por
medio de una asamblea general en que los representantes
de Buenos Aires superarían ampliamente en número a los
del interior.
Manipuladas
las asambleas de abril y de octubre, el 8 de dicho mes
ocurre un hecho culminante que cambia el curso de los
acontecimientos, funestos hasta el momento, para el ideal emancipador.
San Martín que, llegado en marzo, crea, apenas
desembarcado, el Regimiento de Granaderos a Caballo,
adopta su primera decisión con connotaciones políticas:
el derrocamiento de Rivadavia, ganándose por siempre su odio y su
oposición.
Por
otro lado, a pesar del sólido programa de la Logia
Lautaro, sintetizable en dos palabras: Independencia y
Constitución, los intereses personales y la cruda
ambición de Alvear
causan una disención que va
debilitando los esfuerzos independentistas del
poderoso grupo.
Inaugurado
el período de la Asamblea del Año XIII, ( 1812 a 1815
), si bien se decretan fundamentales
libertades civiles,
los alvearistas, sujetos a la tutela inglesa,
postergan el grito de independencia a fin de no
comprometer sus designios de política internacional
antinapoleónica. Es época se sucesivas misiones diplomáticas
ante la Corona Inglesa y sus representantes. Así,
una carta de Alvear, entregada por Manuel José García
al representante británico en Río de Janeiro y al
ministro de Relaciones Exteriores de Inglaterra,
suplicaba ignominiosamente: “En estas circunstancias
solamente la generosa nación británica puede poner un
remedio eficaz a tantos males, acogiendo en sus brazos
estas provincias que obedecerán a su gobierno y recibirán
sus leyes con el mayor placer...Estas provincias desean
pertenecer a Gran Bretaña, recibir sus leyes, obedecer
su gobierno y vivir bajo su influjo poderoso. Ellas se
abandonan sin condición alguna a la generosidad y la
buena fe del pueblo inglés y
yo estoy dispuesto a sostener tan justa solicitud
para librarla de los males que la afligen. Es necesario
que se aprovechen los momentos, que vengan tropas que
impongan a
los genios díscolos y un jefe autorizado que empiece a
dar al país las formas que sean del beneplácito del
rey y de la Nación.”
Inglaterra,
atenta tan sólo a las pautas que
le dicta su experimentada diplomacia, no atiende
los reclamos de Alvear pero sigue demorando, a
través suyo, los proyectos revolucionarios.
Este
estado de cosas termina por producir, en todo el
virreinato- aún dependiente de Buenos Aires- una
actitud de rechazo hacia un gobierno signado por la
arbitrariedad y el desprestigio. Alvear renuncia y se
exilia.
Hasta
el momento, el panorama es sombrío:
·
A
fines de 1814, luego de Rancagua, se había perdido
Chile para la causa de la independencia.
·
Habían
caído también Méjico, Caracas y Bogotá.
·
En
noviembre, el Ejército del Norte, al mando de Rondeau,
había sido deshecho en Sipe-Sipe, por lo cual pareció
capitular todo el Alto Perú.
·
Buenos
Aires está empeñada en una agotadora
lucha intestina contra la Banda oriental y el
Litoral Artiguista.
·
En
Europa, la Santa Alianza está pronta a apoyar
las pretensiones de Fernando VII que planea
enviar una expedición punitiva al Río de La Plata con
la intención de retrotraer las cosas a 1810.
Pero...
¡¡¡ gracias a Dios!!!, San Martín ha sabido
mantenerse, prudente, sacrificadamente, apartado de toda
lucha civil y tenazmente aferrado a su indoblegable propósito
de Libertad, por lo cual ha logrado ser nombrado
Gobernador-Intendente de la provincia de Cuyo, desde
donde fraguaría la independencia de América.
Así
es que la Revolución Federal de abril de 1815 es más
que un simple recambio de hombres: es retomar el camino
que se había perdido con la política alvearista de la
Logia y decidir el propósito de declarar la
independencia.
Rondeau, jefe del Ejército del Norte, es
designado Director Supremo pero ejerce el mando el
Director Suplente- Alvarez Thomas,( quien oportunamente
se había rebelado contra Alvear, en Las Fontezuelas ) y
quien, por un decreto
del mes de mayo de 1815,
convoca a las provincias a elegir sus mejores
hijos para que las representen como diputados en un
Congreso General Constituyente a reunirse próximamente
en la ciudad de Tucumán.
La
región cuyana, con San Martín al frente, es una de las
primeras en cumplir con su deber que era- al mismo
tiempo- un anhelo patriótico.
Los
diputados por Cuyo fueron:
· Por
San Luis: el Coronel Mayor Juan Martín de Pueyrredón.
·
Por
San Juan: Fray Justo Santa María de Oro y el
Licenciado Francisco Narciso Laprida.
· Por
Mendoza: Juan Agustín Maza y Tomás Godoy Cruz,
quien sería el vocero del ideal independentista
sanmartiniano en el Congreso.
Elegidos
los diputados, San Martín los urge a trasladarse a su
destino puesto que cada minuto es valioso para conseguir
la libertad de América. Así, Cuyo fue pauta para las
demás provincias por la celeridad con que se
trasladaron quienes habían de representarla.
No
obstante estar agobiado por un cúmulo de trabajo y
preocupaciones, San Martín le escribe frecuentemente a
Godoy Cruz, reiterándole la pronta reunión del
Congreso. El 19 de enero de 1816, le dice:
“
¿Cuándo
empezarán ustedes a reunirse? ¡Por lo más sagrado!
les suplico que hagan cuantos esfuerzos estén en lo
humano para asegurar nuestra suerte.”
El
24 de enero, a su vez, insiste:
“Dígame
Ud. algo sobre los diputados llegados; ábrame su opinión
sobre los resultados que espera de esa reunión, pues
eso me interesa más que todo, como que está ligado al
bien general.”
Un
mes después, Godoy Cruz le envía “el venturoso
anuncio de la próxima reunión”
Finalmente,
con brillantes y emotivas ceremonias,
el domingo 24 de marzo de 1816, se instala el
Soberano Congreso Nacional, el “ancla de los pueblos”,
como lo denominara el General.
Inmediatamente
el Congreso se comunica con las provincias y les remite copia de sus
primeras resoluciones así como la fórmula de juramento
que debía prestársele para reconocerlo como Autoridad
Soberana de Las Provincias Unidas del Río de La Plata.
Uno
de los
anhelos de San Martín se había cumplido: ya se tenía
el “instrumento”; faltaba ahora declararnos
soberanos.
Entre
la desunión y la discordia que cunden en todo el país,
sucede un hecho feliz para el bien de todos: la
entrevista de Martín Miguel de Güemes con Rondeau, que
alivia la tensa situación en aquella frontera cuyo
resguardo era fundamental para el plan continental
sanmartiniano. En carta a Godoy Cruz el General le
cuenta que el hecho ha sido festejado “con salvas
de cañón y
repiques
de campanas”.
Y
en abril de 1816, animando a los reunidos en Tucumán a
dar el gran paso, San Martín los exhorta con estas
inmortales frases:
“¡Hasta
cuándo esperaremos a declarar nuestra independencia! ¡No
le parece a Usted una cosa bien ridícula acuñar
moneda, tener el pabellón y cocarda nacional y por último
hacer la guerra al soberano de quien en el día se cree
dependemos! ¿Qué nos falta más que decirlo?. Por otra
parte, ¿qué relaciones podremos emprender cuando
estamos a pupilo? Los enemigos, y con mucha razón, nos
tratan de insurgentes, pues nos declaramos vasallos...
¡Animo, que para los hombres de coraje se han hecho las
empresas!”
El
Congreso, constituído por 33 miembros,: 17 abogados y
13 sacerdotes, debe elegir un Director Supremo. Los
candidatos son cuatro: Belgrano, San Martín. Moldes y
Pueyrredón. Los diputados por Cuyo son quienes más se
oponen al nombramiento de San Martín, destinado a otra
misión, y hasta amenazan con retirarse si eso
ocurriere. En el mes de mayo, con el apoyo de Belgrano y
San Martín, es elegido como Director Juan Martín de
Pueyrredón quien habría de ser el principal
colaborador del plan continentalista de independencia.
En julio de 1816, ambos próceres se encuentran en Córdoba
y sellan un pacto de gloria que – atravesando la
cordillera- le daría la libertad a Chile y -cruzando el
océano- la Independencia al Alto Perú, verdadero
baluarte realista.
Apenas
regresado a Mendoza, San Martín conoce la noticia de la
independencia y dispone extraordinarias celebraciones
para el juramento que
es el 8 de agosto, en su sala de despacho de la Casa de
Gobierno, en Mendoza.
Sobre
la repercusión de tan magno hecho
en la región cuyana, Damián Hudson escribió:
“Un día todavía más grande y de espléndida gloria
que aquel de la instalación del Congreso de Tucumán
esperaba a la patria de los argentinos. Fue el 9 de
julio de 1816 en que, por aclamación unánime y
solemne, el Congreso declaró la Independencia. En la
provincia de Cuyo, donde se preparaba el ejército que
iba a dar la libertad a Chile afianzando la declarada
independencia, el entusiasmo rebosó en todos los
corazones y no hubo límites a la expansión.” Y narra
los festejos en las ciudades de Mendoza, San Juan y San
Luis, describiendo las ceremonias militares, los espectáculos
y las fiestas populares.
Ya
podía el General San Martín dedicarse a la ciclópea
tarea de liberar medio continente con el apoyo
incondicional del inmortal pueblo cuyano: los
Congresales habían firmado la Declaración de la
Independencia de las Provincias Unidas de Sud América,
no sólo del rey Fernando VII sino de toda dominación
extranjera. La Declaración fue continental: Fray Justo
Santa María de Oro pidió el patronazgo
de Santa Rosa de Lima como Patrona de la
Independencia de América, que haría realidad aquel a
quien es justo que reconozcamos en nuestro corazón como
el “Padre de la Patria”.
Susana
Cossettini de Talvo
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