Trincheras de Soler a Sardinas
Les pedimos a cada uno de los expedicionarios que de acuerdo a los problemas que tengan en su vida, que les entren hasta el tuétano, hasta el hueso a aquellos problemas, porque este es un buen momento, un momento de espiritualidad que vamos a vivir. Ahora está terminantemente prohibido hablar. Para que piensen en sus familias, en sus esposas, en sus hijos, en sus afectos, en sus trabajos, en sus proyectos de vida, en lo que hemos hecho bien, en lo que hemos hecho mal… en ese silencio profundo que da la cordillera, dentro de un marco sensacional, único.
Así se lo invitó al expedicionario, en este acto y en este lugar majestuoso que Dios nos regaló.
A los jóvenes los invitó el presidente a que los que quieran hablar se quedaran atrás. Eligieron quedarse a hablar los gorriones de la expedición, los jóvenes de entre 20 y 30 años de edad, hasta que uno de ellos pidió autorización para ir a sumarse a la columna del silencio. Impresionante.
¿De dónde salió tanta pintura? ¿Quién tiene tanta pintura? ¿De dónde salió tanto azul? ¿De dónde salió el blanco de los picos? Los colores de las montañas… de todos colores.
Allá van Juan y su joven cocinero ayudante que van junto a su olla negra… pintada.
Los jilgueros que nos van saludando de atrás, de derecha a izquierda, con ese vuelo gallináceo. Y vuelan como saltarines de plantita en plantita, contestándose de uno y otro lugar. Pero acá vemos también chivos que están mirándonos, que se quedan como una manchita en el medio de la nada, ¡qué lindo! No se mueven… los vemos de cerca… quiere decir que aquí se está rescatando la naturaleza, están mansos, pero están divisándonos, observándonos y los podemos disfrutar.
Y dos jóvenes eligieron quedarse atrás, y está bien, porque no tienen grandes problemas. Ellos están para disfrutar y sin mayores problemas de familia. Y está bien que se hayan ido a juguetear como los gorriones allá atrás. Los problemas grandes los tenemos los grandes, los que tenemos familia, los que tenemos problemas de trabajo. En cambio ellos… ellos pueden estar tranquilos y haciendo esas cosas. Y de pronto un joven que levanta y dice “me voy para adelante señor, yo quiero hacer silencio también”. Se ve que el chico necesitó hacer un momento de espiritualidad, ¡qué lindo!.
Se desprendió y se fue a la columna del silencio, que majestuosa estaba andando.
Y de pronto apareció el valle de Los Patos, verde, como pintado. Un valle de 15 kilómetros de largo por 7 de ancho, una cosa impresionante, con el río Los Patos. Es increíble esto, es impresionante ver este vergel en el medio de la cordillera.
Se forman la Asociación en línea, la Virgen sola adelante, detrás de ella las cinco banderas, y luego atrás una sola fila. Los cuarenta jinetes encolumnados en fila avanzamos por el Valle de los Patos.
¡Y allá se ve Sardina! ¡Allá hay carpas! Allá a lo lejos se divisa que está el ejército, la gendarmería… Y de pronto empezamos a ver gente, gente que se viene. ¿Quiénes son? ¡Ah!!!! ¡Nos están observando! Están mirando lo que estamos haciendo. Algunos periodistas corren impresionados hacia nuestra columna. Nosotros no entendemos nada. No sabemos qué está pasando. ¡Pero algo está pasando! ¡Porque viene una columna! ¡Y viene gente! ¡Y viene alguien importante! ¿Y quién será? Y era el Gobernador de la provincia de San Juan, con el intendente y la comisión de la gobernación que nos venía a recibir. Y allí se acercó la Virgen, y se acercaron las banderas. Varios periodistas se arrimaban observar lo que había pasado. Decían ellos que se habían impresionado de ver esa formación. “¡Si parecía que nos iban a atacar cuando formaron en la carga!”. Eso decían los periodistas cuando nosotros veníamos disfrutando el Valle de los Patos. Y una oración de Monseñor Germán Carmona, unas palabras muy emocionantes de recepción por parte del Gobernador de la provincia, donde nos felicitaba. Y el veterano de guerra Di Santo, y el veterano de guerra Presidente de la Asociación entregaron un mapa de Malvinas, diciendo que la gesta de Malvinas era la misma gesta sanmartiniana, que la gesta de Malvinas se pudo hacer porque antes estuvo la gesta sanmartiniana que nos marcó históricamente para toda la eternidad.
Y así nos designaron un lugar… un lugar en el vergel. Y en el medio de ese alfalfal fantástico de la naturaleza nos pusimos a cantar, a bailar. Ahora nos sentíamos seguros, ya no teníamos tanto miedo, no estábamos solos. ¡Qué tranquilidad! ¡Qué felicidad!
A las siete y media de la tarde el Gobernador invitó al presidente de la Asociación Sanmartiniana, junto al embajador de Canadá y al Coronel Bordet a cargo, a arriar la bandera. Posteriormente el jefe de la Asociación tomó la bandera y se la entregó al señor Gobernador. Así se cantó el himno nacional.
Después nos sorprendió a todos, porque nos vino a visitar a nuestro campamento el Gobernador junto con su comitiva cuando ya habíamos armado las carpas.
Y ahí la tenemos a Ivonne Girard, que nos deleitó con su voz al cantar el himno a San Martín, acompañada por las otras damas de la expedición.
Y ahí descubrimos que había varias petacas que tenían los jóvenes escondidas, y entonces sufrieron el asalto de los viejos soldados, de los viejos civiles, que con barba, con arrugas, asaltaron la carpa de los jóvenes y las vaciaron.
Y luego a cantar, a bailar, a tomar vino, ¡qué felicidad!!!!
Y así nos quedamos solos y pasamos la noche.
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