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El Regimiento
de Granaderos a Caballo
Su
Creación
a-
Los hombres
Apenas
regresado a su tierra natal
José de San Martín recibió del Gobierno de
Buenos Aires la aprobación para organizar un cuerpo
militar de cualidades destacadas y encuadrado en los
principios de la nueva táctica francesa de caballería..
El 16 de marzo de 1812 se le confirió el grado de Teniente Coronel de
Caballería y el puesto de Comandante del Escuadrón de
Granaderos a Caballo que San Martín estructuró
novedosamente con una plana mayor
y dos compañías con cuatro oficiales y noventa
hombres de tropa en cada una.
En
septiembre se creó el segundo escuadrón y en diciembre
el tercero, confiriéndosele a
San Martín el grado de Coronel y a
la unidad la categoría de Regimiento. En
diciembre, se lo completó con la creación de un cuarto
Escuadrón y la designación de algunos oficiales.
La
organización de la unidad llevó un año y nueve meses
de infatigable actividad durante los cuales San Martín
demostró cabalmente la calidad de sus conocimientos
profesionales y su enorme capacidad ejecutiva.
Una
prioridad fue la formación y capacitación del cuadro
de oficiales. Cuarenta y siete oficiales, encabezados
por José Matías Zapiola fueron los fundadores e
iniciadores de lo que sería una nutrida y gloriosa nómina
. De los primeros oficiales, veintitrés tenían grado y
alguna experiencia anterior. A ellos se sumaros tres
sargentos- que fueron promovidos- y cinco civiles, sin
conocimientos militares, entre los que estaban Juan O¨Brien
y Mariano Necochea. Finalmente, la nómina se completó
con dieciséis cadetes, que llegaron a alcanzar las
primeras jerarquías; hombres como los hermanos
Escalada, Juan Lavalle, Pacheco, Soler, Guido,
Cajaraville y Olazábal.
El
personal de tropa procedió inicialmente de zonas próximas
a Buenos Aires y, a partir de agosto de 1812, a ellos se
sumaron los
reclutas de buena talla y “de a caballo” oriundos de
las provincias de La Rioja, Córdoba, San Luis, Mendoza,
San Juan, Corrientes y Catamarca. Posteriormente al
Combate de San Lorenzo, las filas del ya glorioso
Regimiento se vieron engrosadas con un contingente de
guaraníes, provenientes del territorio de las misiones,
el “pago natal” del Padre de la Patria.
b-
El espíritu.
Al
llegar a la Patria, San Martín sabía que una condición
ineludible para afrontar la lucha por la independencia
era la renovación profunda en la preparación y
conducción de las fuerzas militares del país. Al
abocarse a la tarea se propuso, además, hacer de ese
cuerpo militar un modelo digno de elogio e imitación.
“
Por ello fue que estableció un reglamento estricto
e inculcó en los oficiales y cadetes la firme
convicción de
que la observancia de las reglas de honor y de la
caballerosidad como norma de conducta, son inseparables
de la condición militar y del ejercicio del mando en
todos los niveles y las integró – con la humanidad y
el coraje- en un severo código cuyo acatamiento exigió
en todo momento. Es sabido que seleccionaba certeramente
a sus hombres pero sólo conservaba a su lado a quienes
ratificaran poseer las mejores cualidades, de las que
hacía custodios a ellos mismos.
El
ritmo de la organización del Regimiento imponía una
acelerada y- al mismo tiempo- cuidadosa capacitación
acorde con las crecientes responsabilidades que todos
debieron asumir en un corto lapso. Para ello, San Martín
los preparó personalmente como combatientes,
instructores y conductores tácticos, además de
ejecutores y ejemplos en sus funciones como oficiales.
El adiestramiento de sargentos también requirió su
intervención en los ejercicios, el manejo de armas, a
pie y a caballo y en el desarrollo de la moral y el espíritu
de lucha.
Redactó
un pequeño manual o reglamento de instrucción y
combate en el que se incluyeron prescripciones
provenientes de ordenanzas europeas e indicaciones
sugeridas por su propia experiencia. Fue éste el primer
esbozo reglamentario compilado para nuestra caballería
y en él San Martín deja de lado el combate por el
fuego, reemplazándolo por la carga- como procedimiento
normal- y con el uso exclusivo de arma blanca, en este
caso, el sable.
La
organización del Regimiento constituyó el primer paso
del proceso gestado y ejecutado por el Libertados- con
toda coherencia entre pensamiento y acción- durante
diez años y a los largo de miles de kilómetros y fue,
además, la primera prueba en América de su capacidad
militar.
Al
respecto, el general Bartolomé Mitre, en su Biografía
del Padre de la Patria, escribió:
“
El primer escuadrón de Granaderos a Caballo fue la
escuela rudimentaria en que se educó una generación de
héroes. En este molde se vació un nuevo tipo de
soldado animado de un nuevo espíritu... empezando por
un regimiento para crear el tipo de un ejército y el
nervio de una situación. Bajo una disciplina austera
que no anonadaba la energía individual- y más bien la
retemplaba- formó San Martín soldado por soldado,
oficial por oficial, apasionándolos por el deber y les
inculcó ese fanatismo frío del coraje que se considera
invencible... y es el secreto de vencer.”
Así
nació esta unidad magnífica de la que el mismo San
Martín dijera:
“
... la experiencia nos había enseñado que un solo
escuadrón de Granaderos a Caballo bastaba para arrollar
al enemigo y hacerlo pedazos.”
El
3 de febrero de 1813, parte de sus efectivos tendrían
su victorioso bautismo de fuego en lo que la Historia
guarda entre sus más caros afectos como “el Combate
de San Lorenzo.”
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