Y
éste propósito se hace posible, por cuanto la vida
toma del máximo Prócer de nuestra Argentina, es fuente
para el aprendizaje del ejercicio de las virtudes
cardinales, en el marco trascendente que a éstas
prodigan las teologales. Porque las virtudes, en tanto
"Hábito y disposición del alma para las acciones
conforme a la ley moral...", pueden ser conocidas
en su definición, pero en orden a vivenciarlas
necesitan del ejemplo en el sujeto modelo.
Por
ello, la importancia del estudio de la vida del Gral.
San Martín, quien como Padre de la Patria, regala a sus
hijos, en las sucesivas generaciones en las que los
mismos se agrupan, el carácter docente que surge de su
naturaleza arquetípica.
La
formación cultural de los jóvenes de nuestra asociación,
se dará en el marco de la debida comprensión de los
valores que se genera en el obrar del hombre, únicamente
por el comprensible, y en el orden de su perfección.
Aquellos
valores en el plano de la subjetividad, permiten definir
al hombre argentino, como dotado "del ánimo que
mueve a acometer resueltamente grandes empresas y a
arrastrar sin miedo los peligros". Y ello
constituye un desafío, que en tanto meta, debemos
alcanzar.
Así
configurada la actitud de nuestro espíritu, estaremos
en condiciones de pretender los valores en cuanto al
apetecible objetivo. Esto no solo permite, sino que
aconseja la convocatoria a la participación, con un
alto grado de protagonismo de las Instituciones de la
Comunidad, privadas y públicas. El tejido social, que
ellas componen, será la red que sustentará el
desarrollo del hombre argentino, hermanado en la
paternidad de Dios y en la maternidad de la Patria.
Como
no se ama lo que no se conoce, bueno es que, en los
pasos dirigidos al desarrollo de los propósitos que se
exponen en los párrafos precedentes, al cruce de los
Andes a lomo de mula, compenetrará a nuestros jóvenes
con el espíritu del Prócer.