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Habia
que llevar todo el forraje
Fue,
pues, necesario llevar a lomo de mula, todo el necesario
forraje para alimentar a 10.000 bestias, durante unos
veinte días. Desgraciadamente no se llevó el
suficiente, puesto que no pocas mulas, que eran sin
duda, las peor alimentadas, desfallecieron de puro
flacas. Así lo manifestó el mismo Beltrán, a cuyo
cargo corría el acarreo de la artillería: "Estoy
sin mulas, porque con el trabajo se caen de
flacas."
Otro
producto de primera necesidad, del que se debió llevar
la necesaria cantidad fue la
leña, así para hacer fuego y disponer el rancho
para más de cinco mil hombres, como para ahuyentar el
intenso frío de las noches, aunque en esto segundo hubo
poco gasto, por cuanto, en no pocas ocasiones, se llegó
a prohibir el hacer fuego por la noche, por el peligro
de que sirviera de guía a los espías enemigos.
Proctor
recuerda cómo no es posible hallar arbustos algunos,
con que hacer fuego, y que la manera de hacer fuego,
usada por los arrieros consiste en juntar cantidad de
bosta seca de mulas, que siempre hay en la senda. El día
en que las fuerzas de Las Heras se aproximaron a la
cumbre, y a ella ascendieron en la oscuridad, por temor
a ser sorprendidos, prohibió ese general el que se
encendiera fuego, aun para preparar los alimentos.
La
tropa sólo pudo contar con una ración de galleta y una
porción de vino. Gracias a las aguadas que se pudieron
utilizar, y gracias a la leña, de que iba provisto el
ejército y a la bosta que había en los caminos, sobre
todo en los puntos más amplios de los mismos, usados
como corrales, el ejército cocinaba de ordinario su
rancho.
Todos
los comestibles fueron traídos desde Mendoza por la
misma tropa y a lomo de mula, o en las mochilas, y
condimentada con grasa y ají picante. Con la sola adición
de agua caliente y harina de maíz tostado se prepara un
potaje tan agradable como substancioso. Sobre las mulas
cargueras iban 3.000 arrobas de charqui, además de
galletas de harina, maíz tostado, vino, aguardiente,
ajos y cebollas. Estos últimos tubérculos eran para
combatir el apunamiento o soroche.
Las
provisiones de quince días para 5.000 hombres ocuparon
510 mulas y las cargas de vino para ración diaria, 113
mulas. Según Miller, el número de reses en pie,
vacunos todos ellos, llegaba a 483.
A
todos estos requisitos, a los que San Martín tuvo que
atender para el éxito de la
arriesgada empresa, hay que agregar otras
necesidades, que habían de ser previstas y
solucionadas. Nada hemos hallado sobre el mal de ojos,
causado por los fuertes rayos solares, al reverberar éstos
sobre la nieve, ni sabemos que este mal afectara a los
soldados de San Martín, como afectó a los de Jenofonte,
como éste refiere en su Anábasis o Expedición de los
diez mil, y en caso de haber dañado a la tropa,
ignoramos de qué remedio se valieron los médicos de la
misma, pero sabemos que el frío atormentó
terriblemente a la tropa, no obstante toda la sabia y
acertada previsión de San Martín.
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